Kill Bill Vol. 2, de Quentin Tarantino

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Kill BillTras haber acabado con O-Ren Ishii y Vernita Green en Kill Bill Vol. 1, La Novia (Uma Thurman) se dispone a matar a los tres objetivos restantes de su Lista de la Muerte. Pero las cosas se tornan difíciles cuando Budd (Michael Madsen), el hermano de Bill, se adelanta a La Novia y la tiende una trampa mortal.

La mayoría de los spaghetti-westerns siguen el modelo de Por un puñado de dólares (Sergio Leone, 1964), la película que inauguró el subgénero y que es, a su vez, el remake de una de las mejores cintas de samuráis de todos los tiempos, Yojimbo (Akira Kurosawa, 1961).

Según este modelo, también adoptado por gran parte de las producciones clásicas de kung-fu, al comienzo de la película se nos muestra al héroe como un portentoso e invencible pistolero, que fulmina a un buen puñado de malos con habilidad casi sobrehumana sin inmutarse.

Ya hacia la mitad de la película, el héroe es atrapado y apaleado hasta que escapa como puede o es dado por muerto por los villanos. Por supuesto, en el último acto el protagonista “resucita” para enfrentarse con el malo principal en un duelo de largos preliminares y rápida ejecución, y en el que suele ser más importante la lucha mental que la meramente física.

Kill Bill sigue esa estructura y, al ser partida en dos por las ansias monetarias de Miramax, se podría decir que el Volumen 1 se queda con la parte festiva (la masacre espectacular y la Uma superpoderosa) y este Volumen 2 se lleva la parte del apaleamiento y el enfrentamiento final.

La espectacularidad del episodio de Tokio, donde La Novia se enfrentaba a los 88 Locos y a O-ren, quizá ha cegado a los que aseguran que en el primer “trozo” de Kill Bill no había más que acción (como si eso fuera poco) y nada de sustancia, olvidando momentos tan extraordinarios como la vuelta a la consciencia de La Novia o el episodio de Hatori Hanzo.

Cierto es que, después de la presentación espectacular, esta parte del metraje que por fin se estrena en la piel de toro da las explicaciones debidas, relatándonos qué fue lo que sucedió realmente en aquella capilla de El Paso y por qué.

No se trata tanto de “dos películas” con enfoques distintos, sino que habiendo visitado géneros como el anime y los films de samuráis en anteriores episodios, el nivel de sangre desciende considerable en el volumen dos, más italiano en su tono.

No es cuestión de enumerar todas las influencias / plagios / homenajes de esta película, entre otras cosas porque tampoco sabemos tanto, pero son más o menos obvias las deudas a Leone, Corbucci e incluso a Fulci (esa tumba) en una película que riza el rizo de la retroalimentación cinéfila.

Si los italianos y españoles intentábamos recrear el viejo oeste en Almería, ahora Tarantino recrea los terregosos parajes del desierto de Tabernas en suelo americano.

Ni que decir tiene que el reparto al completo está tan bien que un Oscar sería un insulto, destacando a Uma y David Carradine, quienes protagonizan un último capítulo que, perdonen la grandilocuencia, se coloca inmediatamente en el Olimpo de la Perfección Cinematográfica.

Las escenas de Bill y Beatrix (oops!) diseminadas a lo largo de la película bien pueden codearse con cualquiera del cine clásico en elegancia, inteligencia y precisión. Y no se piensen que sólo hablamos de la forma, que ya es brillante de por sí, sino que, como ya hiciera en Jackie Brown, lo verdaderamente importante es lo que se dice. Porque aquí hay chicha.

Disfrazado de un brillante y sangriento ejercicio cinéfilo, lo que encontramos una vez quitada la máscara es la historia de un amor erróneo y alguna que otra duda moral.

Lo último que La Novia o el público podían esperar del enfrentamiento final con el poderoso Bill era terminar preguntándose si Bill, además de verdugo, también es víctima.

Los actos de Bill nunca podrían estar justificados, pero dentro del mundo irreal poblado por asesinos de elite que muestra la película (en la vida real estas actitudes son simplemente inadmisibles), se nos muestra como un tipo lleno de amor por la protagonista, un auténtico padrazo y un ser razonable con un código de honor férreo. Vamos, que siendo un villano, es mejor que muchos héroes.

No es tan complicado, echándole un poco de imaginación, reconocerse en algunos de los detalles de la relación de estos dos personajes, una de las mejor escritas, dirigidas e interpretadas en la carrera Quentin Tarantino. ¿Y es a quién no le han roto (o reventado, en este caso) el corazón en alguna ocasión?

Bien, podría seguir hablándoles de lo divertidísimo del episodio que homenajea las viejas películas de los hermanos Shaw, lleno de zooms y excelencias por parte de Gordon Liu, o del test de embarazo más conflictivo de la historia del cine, o de la lucha de rubias al modo de Godzillas caseras, pero me extendería párrafos y párrafos para decir lo que se puede expresar con dos palabras: Puro Gozo.

Sinopsis

Después de eliminar a sus antiguos colegas O-Ren Ishii (Lucy Liu) y Vernita Green (Vivica A. Fox) en Kill Bill: Vol. 1, La Novia (Uma Thurman) pone punto final a su sed de justicia en la segunda entrega de la serie.

La Novia ya ha eliminado a dos de sus enemigos, pero aún le quedan otros dos en su lista negra: Budd (Michael Madsen) y Elle Driver (Daryl Hannah), antes de centrarse en su último objetivo: matar a Bill (Da-vid Carradine).



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ISSN 1989-8584

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