Diálogo con Emilio Aragón

Celebridades

Emilio AragónEl tinglado de la televisión en España, tal y como hoy lo conocemos, le debe mucho a Emilio Aragón, un productor y showman que obtiene éxitos de audiencia nunca igualados.

Después de probar su talento como compositor y director de orquesta, ahora quiere medirse como realizador cinematográfico. Su primera película,Pájaros de papel, nos da hoy la ocasión de charlar sobre todo ello.

Es difícil encontrar un mejor título de Pájaros de papel para recordar a aquellos cómicos del teatro de variedades que cruzaron el mundo durante la primera mitad del siglo XX. La película es un homenaje a esos artistas que, con una intransigente creatividad, llegaron a vivir aventuras memorables. Sin vanidad ni artificios, muchos de ellos alcanzaron la gloria a fuerza de profesionalidad y de coraje.

Emilio Aragón sabe hasta qué punto tenemos una deuda con aquella generación. "He escuchado –dice– a Pau Casals en mi casa, en San Juan de Puerto Rico, contar cómo, cuando llegó a Estados Unidos, iba con su cello a tocar en un saloon del Oeste. Mi padre salió de España en un barco, con Plácido Domingo padre y con Pepita, su mujer, que iban a hacer las Américas como se decía entonces. Algunos se quedaron y otros volvieron, pero en fin... Hay tantas y tantas historias maravillosas que contar de aquella generación... Recuerdo a Luis Barbero contar cómo jugaba al tute y al mus con el mafioso Lucky Luciano... Aquella gente vivió un momento muy especial, y por encima de todo, amaban su oficio con absoluta pasión, que es como yo creo que se debe ejercer cualquier profesión".

No me sorprende que la película esté llena de referencias. Así, el violinista clásico Ara Malikian aparece en pantalla con un turbante idéntico al que lucía el fakir Daja Tarto, una conocida figura de aquel pequeño universo. Y no es el único guiño dedicado a este gremio. "El personaje que interpreta Lluís Homar –dice el realizador– es un homenaje a un famoso ventrilocuo. Se llamaba el señor Wences y era amigo de mi padre. Actuó con Danny Kaye, con Judy Garland y con muchas otras celebridades, y es el único español que tiene una calle en Manhattan".

Famoso por sus apariciones en el show de Ed Sullivan, Wenceslao Moreno, el Señor Wences, cuenta con esa calle –Señor Wences Way, una sección de la Calle 54– y aún es famoso entre el público estadounidense, que lo recuerda por sus actuaciones junto a los Muppets, junto a Dean Martin y Jerry Lewis, Bob Hope, Dany Kaye y tantas otras estrellas.

"La gente de varieté –aclara Emilio– eran unos artistas peculiares, con un perfil distinto. Para nosotros, a la hora de realizar la película, era mucho más interesante hablar de toda esa parte emocional en una España –en un mundo, porque no solamente sucedía aquí– donde la vocación de cómico era mal vista. El otro día, un amigo de mi padre me contaba uno de estos casos que se daban en aquella época. Llegó una visita y dijo: "Oye, me han dicho que tu hija va a ser cantante". Y la madre respondió con un sí muy tímido. "¿De ópera?", preguntó la visitante. Y la madre: "No... no.. Va a cantar... cuplé". Una mujer, si quería ser cantante, era poco menos que una cualquiera. Era algo que casi suponía un estigma para mucha gente. Hablamos de unas personas que tenían que sostener una familia, traer comida a casa y cuidar la educación de los hijos, pero que además tenían que subirse a un escenario y entretener a un público, en un mundo que te señalaba. Sondear en ese mundo emocional era lo que nos interesaba".

Emilio Aragón le mostró la primera versión de Pájaros de papel al guionista Fernando Castets en noviembre de 2006, durante una cena. Cuando le pregunto en qué medida es distinto ese primer tratamiento del guión que finalmente llegó a rodarse, el director recurre a la diplomacia bien entendida.
"Fernando y yo –me responde– nos sentamos a trabajar a partir de ese argumento. Creo que esto pasa con cualquier proyecto: tú te sientas con una idea, y luego, a medida que avanzas, descubres que el proyecto, evidentemente, ha cogido otro cuerpo. Queda algo de la esencia de lo que querías contar, pero toma otra forma. Yo tengo un romance con Fernando Castets".

"Cuando vas del brazo de alguien en cualquier proyecto, es importante saber elegir un buen compañero de viaje. Como tenemos muchas cosas en común, hasta ahora no nos hemos tirado del pelo, pero sí que hemos descubierto –he descubierto– que se puede trabajar de una forma anárquicamente ordenada. En eso, nos parecemos bastante. No somos de los que empezamos a las diez y acabamos a las dos. A lo mejor podemos trabajar un día, lo dejamos una semana y luego estamos tres días seguidos encerrados en la habitación, hasta el punto de que nuestras mujeres nos quieren echar de casa".

Ni que decir tiene que la filmación fue un proceso delicado y bastante arduo. "Ningún rodaje es cómodo –confiesa–. Los artistas son... somos personas un tanto complicadas... Fue un rodaje intenso. Tan intenso que engordé diez kilos y volví a fumar dos cajetillas diarias después de dieciséis años sin probar el tabaco. Afortunadamente, he dejado de fumar otra vez".

"No sé trabajar bajo presión –añade–. Cuando eso ocurre, yo sufro un cortocircuito. Hay gente a la cual le encanta esa tensión, y que da lo mejor de sí. Yo no puedo trabajar en esas condiciones".

Por suerte para el realizador, y gracias a una meticulosa selección del equipo, el ambiente de rodaje fue espléndido. "Aquí ocurrió algo mágico –dice–. Al final de la primera semana de trabajo, el equipo hizo la película suya. Y cuando a alguien le importa algo, siempre hace lo posible porque aquello salga adelante. Evidentemente, al ser mi opera prima, yo tuve muchísimas dudas, y hubo muchos momentos en los que no tenía las cosas muy claras. Sabía lo que quería hacer, pero a veces no sabía hacia dónde poner la proa. Por suerte, sin que los miembros del equipo hablasen entre sí, de pronto aquello empezó a fluir, y veías cómo el profesional que está detrás de cada uno de ellos empezaba a remar, y hacía que aquella secuencia que no salía se solucionara".

El problema de las películas ambientadas en la posguerra es que casi siempre están en un peldaño ideológico donde el mensaje se sobrepone a la narración. Emilio Aragón ha querido evitar ese condicionamiento.

"No hemos querido entrar en la parte política del drama –dice–. Hay un momento conciliador: un monólogo de Jorge del Pino, el personaje interpretado porImanol Arias. Dice el personaje: Hubo un momento en el que podía sostener una granada en cada mano, y mirase donde mirase, veía la cara de mi mujer y de mi hijo, y dije basta... Da igual el color político. El ser humano tiene esta peculiaridad de cometer estos errores una y otra vez. Ya pueden pasar cientos de años, que volvemos otra vez a caer".

"Volviendo a lo que hablábamos antes –concluye–, hubo un momento en el proceso de escribir el guión en el que nos dimos cuenta de algo, y es que nos interesaba especialmente reflejar cómo un ser humano puede sobrellevar la ausencia de un ser querido. Me refiero a ese momento en que uno entiende que, a pesar de todo, se puede seguir viviendo con el dolor".

Copyright del texto y la fotografía de Emilio Aragón © Revista Cine y Letras, Guzmán Urrero Peña, Madrid, 2010. ISSN 1989-1253. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web sin previa autorización escrita del titular de sus derechos


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