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éjenme contarles algo sobre District 9. Neill Blomkamp ha rodado una cinta inteligente, de estilo directo y a veces emotivo, donde el falso documental se transforma en space opera y el humor negro e iconoclasta añade un estímulo inesperado a las escenas de acción.
En ese zigzag entre diversos géneros, la película se convierte en un verdadero placer para el espectador, y como tendrán ocasión de comprobar, cuesta trabajo negarse a su encanto.
“Esencialmente –dice Blomkamp–, la película se mueve entre nuestra historia, que obviamente es ficticia, y una suerte de estilo ultra realista. Escenas dramáticas, falso documental, vídeos originales obtenidos de la South African Broadcasting Corporation; todo es parte de la misma historia. El filme fluctúa entre algo que parece una película y algo que se percibe como extrañamente real”.

lvídense de los prejuicios. Esta peripecia de refugiados extraterrestres, condenados a ocupar un ghetto en Sudáfrica, compone uno de los relatos más estimulantes de la reciente ciencia-ficción.
No en vano, lo que llena el árido paisaje de Soweto en District 9 son las figuras de esos alienígenas embrutecidos, malviviendo en chabolas de zinc y madera mientras miran hacia su nave nodriza, suspendida en un cielo insalubre.
Sin esperanza, en un mundo desquiciado, a civilización de los visitantes se encuentra en un coma voluntario, y el único interés que despierta en los humanos se debe a su armamento, que sólo funciona cuando detecta ADN extraterrestre.
Claro que todo está a punto de cambiar para estos fugitivos. Y el causante de ese salto al vacío no es otro que un burócrata torpe, mezquino y entrañable, Wikus van de Merwe (Sharlto Copley), a quien el Gobierno encarga la misión de reubicar a los alienígenas en un nuevo asentamiento.
mpecemos por el principio. District 9 se basa en Alive in Jo’burg, el cortometraje que rodó Neill Blomkamp en 2005. En aquel falso documental, los alienígenas tenían aspecto humanoide y una guirnalda de tentáculos en lugar de boca –en District 9 parecen insectos–. Aislados en un campo de concentración, esos emigrantes del espacio también se convertían en foco de los peores prejuicios.
Desde luego, así quedaba de manifiesto en las entrevistas que Blomkamp intercalaba en el relato. “No tenía ninguna intención de engañar a la gente que entrevistaba –dice el realizador–. Solo trataba de obtener las respuestas más genuinas y reales. Esencialmente no existe diferencia, a excepción de que en mi película teníamos a un grupo de alienígenas intergalácticos en lugar de inmigrantes ilegales”.
Entre aquellos testimonios “reales”, oíamos el de un jefe de policía encarnado por Sharlto Copley, quien, por cierto, también ejercía como productor del corto.
i que decir tiene que una de las grandes bazas de Alive in Job’urg era su reinterpretación de problemas como el racismo, el apartheid y la inmigración –sobre todo de zimbabuenses– en una ciudad tan populosa y compleja étnicamente como Johannesburgo.
No me sorprende que Peter Jackson, autor de ese excelente falso documental que es Forgotten Silver (1995), se sintiera atraído por la creación de Blomkamp y decidiera convertirla en largometraje.
A pesar de su sobrado presupuesto, District 9 conserva las virtudes de Alive in Jo’burg. Sharlto Copley encarna a un creíble Wikus van de Merwe, y el resto de actores dan la talla en todo momento.
Temas como la xenofobia y la segregación adquieren protagonismo, pero sin que el filme caiga en discursos moralistas.
n todo caso, Blomkamp no esconde la fuente de inspiración de ese distrito 9 donde se hacinan los extraterrestres. Me refiero al distrito 6 que, en tiempos del apartheid, convirtió el centro de Ciudad del Cabo en un área reservada a los blancos. Lo cual, como saben, forzó a miles de surafricanos negros a abandonar sus hogares para ocupar enormes ghettos.
“Creo que sería muy difícil hacer una réplica de lo que tenemos en Johannesburgo en otro sitio –explica Blomkamp–. Hay una gran cantidad de detalles visuales; el polvo, los alambres de púas o las malezas, es increíblemente rico visualmente. Para que la película funcione, creo que se necesita ese nivel de realidad y el nivel concreto de polución”.
“Rodamos en invierno –dice– porque queríamos que la ciudad de la película pareciera tierra abrasada, un erial urbano. Rodar a finales del invierno hizo que cualquier sitio hacia donde se mirase hubiera incendios, ceniza y polución desdibujando el horizonte, exactamente lo que quería”.
“Johannesburgo –añade– se ha convertido en un lugar de comunidades amuralladas, alambres de púas, alambrados eléctricos, circuitos cerrados de cámaras de televisión y servicios de seguridad privados. Los cambios podrían haber convertido a Johannesburgo en una ciudad horrible. Sin embargo, los he encontrado visualmente estimulantes y me han fascinado”.
as influencias narrativas del director van desde Spielberg y Paul Verhoeven hasta James Cameron –se advierte aquí la herencia de películas como Aliens y Robocop–. Con todo, buena parte de la cinta se beneficia de un avance técnico: las cámaras digitales, en este caso la Red One y la Sony EX1, que proporcionan al filme una textura muy realista y cercana al reportaje televisivo.
“El director de fotografía, Trent Opaloch, es perfecto para este tipo de situación de acción y ultra realista –afirma Blomkamp–. No dedicamos mucho tiempo a plasmar una bella imagen. Sencillamente nos metimos y capturamos la crudeza y el sentimiento auténtico”.
El uso de filmaciones periodísticas enriquece aún más esta sensación de realidad. “Muchas películas poseen material de archivo donde se ve a presentadores famosos o algún corte de la CNN, así que lo que he hecho no está fuera de lo habitual –concluye el director–. La única diferencia es que en esta película la cantidad de material de archivo es mucho mayor”.
Texto e imágenes (Neill Blomkamp en el hotel Villa Magna, Madrid) © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Declaraciones de Neill Blomkamp © 2009 TriStar Pictures, Block/Hanson Productions y WingNut Films. Cortesía de Sony Pictures Releasing de España. Reservados todos los derechos.
Copyright © Revista Cine y Letras, Guzmán Urrero Peña, Madrid, 2009. ISSN 1989-1253. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web sin previa autorización escrita del titular de sus derechos
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