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l Retorno del Jedi (1983) retoma la aventura galáctica en el instante en que Luke Skywalker (Mark Hamill) ha vuelto a su planeta natal, Tatooine, para tratar de rescatar a su compañero Han Solo (Harrison Ford) de las garras del siniestro y reptiliano Jabba el Hutt.
Lo que Luke y sus amigos ignoran es que el Imperio ha iniciado secretamente la construcción de una nueva estación espacial armada aún más poderosa que la Estrella de la Muerte. De activarse la nueva estación habrá llegado el fin para los últimos grupos de rebeldes que combaten para restaurar la libertad en la Galaxia.
ste argumento, en apariencia inocente, ha sido interpretado por algunos analistas como un sueño personal de George Lucas: acosado por los tiburones de la industria, rebelde frente al dominio de Hollywood, muy descontento ante las organizaciones de su gremio –en particular, el Directors Guild of America–, nuestro realizador deseaba libertad e independencia a toda costa. De ahí que idealizase a ese puñado de rebeldes que, con más coraje que medios, lograban derruir al todopoderoso Imperio galáctico.
Aunque hubiera deseado que Steven Spielberg, David Cronenberg o David Lynch dirigieran El Retorno del Jedi, finalmente escogió para ese fin al galés Richard Marquand.
A nadie se le oculta que el trabajo de Marquand fue extremadamente difícil. Vigilado de cerca por Lucas, éste intervino en buena parte del rodaje, coordinando al equipo de efectos y dirigiendo a la segunda unidad cuando ello era necesario.
Aunque el guión lleva la firma de Lawrence Kasdan y de Lucas, otro escritor, David Peoples, también contribuyó a completarlo. Y no fue una tarea sencilla, porque Harrison Ford tenía el empeño de que su personaje muriera de forma heroica. Por fortuna, Han Solo sobrevivió a ese capricho del actor.
Quizá las criaturas más características de El Retorno del Jedi sean los Ewoks. Se sabe que aparecieron en una fase tardía del guión, que en sus primeras versiones se ambientaba en el planeta de los Wookiees.
caso influido por lo que sucede con Gandalf en El Señor de los Anillos, Lucas también deseaba que Obi-Wan Kenobi reapareciese en carne mortal después de haber sido desintegrado por Darth Vader. Esta sugerencia fue desechada, del mismo modo que fue modificada la secuencia en la que Lando, a bordo del Halcón Milenario, era abatido por los cazas imperiales.
Gracias a la firmeza del productor Howard Kazanjian, el rodaje se desarrolló entre el 11 de enero y el 20 de mayo de 1982 sin que el presupuesto se disparase.
Uno de los trucos a los que recurrió fue presentar la película a los proveedores sin decirles que formaba parte de la saga Star Wars. El título empleado fue Blue Harvest, y el slogan promocional, "Horror Beyond Imagination". De ese modo, al creer que se trataba de una cinta de horror, nadie infló las facturas ni trató de obtener beneficio por anticipado de lo que iba a ser un éxito seguro.
n esta ocasión, para recrear Tatooine, el equipo no viajó a Túnez, como se había hecho al filmar la primera entrega. El entorno del palacio de Jabba el Hutt fue construido en el desierto de Yuma, en Arizona.
Para ambientar el frondoso bosque de Endor, se eligió un paraje arbolado en el norte de California, no lejos de Crescent City. A título de curiosidad, cabe recordar que el inventor de la Steadicam, Garrett Brown, fue el encargado de usar esta cámara para filmar la carrera de motos voladoras que todo el mundo recuerda.
unque la crítica fue generosa con la cinta, lo cierto es que el tiempo la ha ido poniendo en su lugar.
Tercera entrega de una trilogía mítica (disculpen que, de momento, no cite el nuevo orden cronológico impuesto por Lucas en los noventa), El Retorno del Jedi es, con toda seguridad, la más deficiente de la saga (Aún no se había estrenado el Episodio I, que bajó el listón algún grado más).
Con una decidida vocación comercial, el tono ingenuo de la trama –destinada a un público menor de doce años– se torna pueril en más de una ocasión.
Claro que, a pesar de éste y otros defectos, el impecable acabado técnico y los magníficos efectos visuales –llegan a emplearse más de 150 en una sola secuencia– cubren con espectacularidad los huecos que el guión no sabe rellenar con esa imaginación que caracterizó a sus dos antecesoras en la serie.
Como ya indiqué, uno de los hallazgos más destacables de El Retorno del Jedi son unos personajes que hechizaron a los espectadores de menor edad e irritaron a los adultos: los ewoks.
abitantes de la Luna de Endor, estos pequeños seres son una especie de hobbits –Lucas es un rendido admirador de la obra de J.R.R. Tolkien– con físico de oso de peluche.
La popularidad alcanzada por estas peludas criaturas sugirió a George Lucas la posibilidad de rodar un proyecto en el que asumieran un completo protagonismo. La película en cuestión recibió el título de La aventura de los ewoks (Caravan of Courage, 1984), y fue dirigida por John Korty a partir de un guión de Bob Cattan inspirado por el propio Lucas.
Su argumento narra la peripecia de dos niños –Aubree Miller y Eric Walker– que son ayudados por los ewoks en su lucha por rescatar a sus padres de las garras de un enorme ogro. Un año más tarde se estrenó la segunda parte, La batalla de Endor (Ewoks: The Battle for Endor, 1985), escrita y dirigida por los hermanos Ken y Jim Wheat y protagonizada por Aubree Miller, Sian Philips y Warwick Davis, el minúsculo actor que encarnó al ewok Witcket en la anterior entrega y en El Retorno del Jedi.
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