Carterlera estrenos de cine Historia del arte resumenes de libros

 

 
Portada arrow Noticias arrow CINE Y LETRAS - Cine de yakuzas
 Cine y letras

Login






Olvidaste tu contraseña?



 

NOVEDAD
La saga de Tarzán
La editorial Edhasa concluye la publicación completa de la serie de Tarzán con el volumen Tarzán y los náufragos, inédito en español. No es mala ocasión para conocer en profundidad esta magistral creación de Edgar Rice Burroughs.

  ÚLTIMA HORA
 

Acantilado Rojo, de John Woo
9 de marzo, 2010  9:23 PM

 

Green Zone. Distrito protegido
8 de marzo, 2010  1:24 PM

 

Spiderwoman
8 de marzo, 2010  1:02 PM



 

LIBRO RECOMENDADO
Shutter Island
La obra de Dennis Lehane mezcla elementos de romance gótico, novela de misterio, conspiraciones, vueltas de tuerca y un terror al estilo de Edgar Allan Poe para crear un inquietante efecto que toma al lector por sorpresa.


  LOS + VENDIDOS [FICCIÓN]
 

Venganza en Sevilla
Matilde Asensi  PLANETA

 

Perdona pero quiero casarme contigo
Federico Moccia  PLANETA

 

El tiempo entre costuras
María Dueñas  TEMAS DE HOY

 

Sangre derramada
Asa Larsson  SEIX BARRAL

 

Lo que esconde tu nombre
Clara Sánchez  DESTINO

 

Los ojos amarillos de los cocodrilos
Katherine Pancol  ESFERA DE LOS LIBROS

 

El símbolo perdido
Dan Brown  PLANETA

 

Contra el viento
Ángeles Caso  PLANETA

 

Lo verdadero es un momento de lo falso
Lucía Etxebarría 
SUMA DE LETRAS

  LECTURAS [NO FICCIÓN]


 

NARRATIVA
El otro mundo
Conocido por sus críticas cinematográficos y libros sobre el séptimo arte, Hilario J. Rodríguez se está forjando una merecida fama como novelista. En El otro mundo nos sirve una obra de estilo autobiográfico excelentemente escrita.


 

LIBROS DE HISTORIA
Los olvidados
Por ÁLVARO COLOMER
Los olvidados (Debate) detalla la historia de los cientos, miles de norteamericanos que en los años 30, cuando Estados Unidos sufría la Gran Depresión, emigraron a Rusia creyendo que el modelo soviético les aseguraría un techo bajo el que cobijarse. Se equivocaron.


 

LITERATURA FANTÁSTICA
Sueño del Fevre
Nos hallamos ante una novela memorable, y sobre todo, nada convencional, a pesar de que siempre se la haya catalogado dentro del subgénero de las historias vampíricas, tan lleno siempre de clichés y de lugares comunes.

 
ACTUALIZACIONES
Doce del patíbulo
Cine de monstruos gigantes
Reservoir dogs
Pulp fiction
Jackie Brown
Amor a quemarropa
Asesinos natos
Kill Bill Vol. 1

Kill Bill Vol. 2
Death Proof
Diálogo con Emilio Aragón

Diálogo con Imanol Arias
Saga Canción de Hielo y Fuego
Juego de tronos
Choque de reyes
Tormenta de espadas
Festín de cuervos
Sangre de dragón
Camino de dragón
Hijos del kraken
Dominio de dragones
El arte de Canción de Hielo y Fuego
El hombre tranquilo
El sargento negro

John Ford
Stanley Kubrick
Arturo Pérez-Reverte: cine y literatura
La carta esférica. Diálogo con Arturo Pérez-Reverte
Un día de cólera
Diálogo con Arturo Pérez-Reverte
Alatriste, la película
La Saga del Capitán Alatriste


 
CINE Y LETRAS - Cine de yakuzas Imprimir E-mail

Imagen del montaje final en DVD de la película Blade Runner (1982), de Ridley Scott © The Ladd Company, Warner Bros. Pictures. Cortesía de Warner Bros. Pictures International España. Reservados todos los derechos.

PLANETA ASIA

Cine de yakuzas

Pese a que los medios de comunicación han servido en los últimos tiempos nueva información a los espectadores anglosajones sobre la actividad de grupos como la yakuza, los creadores cinematográficos persisten en el deseo de mantener una caracterización más enigmática, teñida del misterio nostálgico de aquellas siniestras corporaciones asiáticas que poblaban algunos episodios publicados en añejas revistas como “Detective Tales” (1922) o “Weird Tales” (1923).

GUZMÁN URRERO PEÑA | 15 de diciembre de 2008

Asimismo en www.cineyletras.es: Planeta Asia: Culturas de Extremo Oriente y La cultura de la imagen: Comunicación audiovisual.

n los guiones de Hollywood se insiste en la representación de ceremonias iniciáticas y sangrientos rituales –de los que el corte de dedos es el más recurrente– e incluso se combinan estos detalles con códigos de honor extraídos de un hipotético Medievo nipón o con hechicerías abiertamente imaginarias.

Son pocos los títulos que escapan a esta mescolanza de elementos de procedencia diversa, pero ninguno parece tener como meta el realismo. Cuando la corporación criminal no posee un halo mágico o incluso fantacientífico, se la relaciona con otros núcleos de poder, proponiendo complejas y desbordantes ramificaciones en la vida política y económica, que vienen a traducir sentimientos anti–japoneses arraigados en determinados sectores de la sociedad americana.

Conviene establecer algunos antecedentes que permitirán comprender mejor cómo una corporación como la yakuza ha conseguido abrirse paso en el universo de la cultura popular norteamericana.

Ya en la postguerra quedó de manifiesto el poderío organizador de esta confraternidad, que en ocasiones realizó negocios sucios en colaboración con algunos norteamericanos deseosos de aumentar rápidamente su fortuna. La imagen de esos juramentados, con el cuerpo ilustrado con tatuajes de fantasía, llegó a la prensa norteamericana a través de fotoperiodistas como Bernard Krisher.

Eran imágenes relacionadas con escándalos financieros y sobornos, por lo que el lector informado no podía hacer otra cosa que sorprenderse por el creciente poder del hampa japonesa, implicada en la trata de blancas, el chantaje, las apusestas, el juego y las más inesperadas intrigas políticas y económicas.

Asociada con el ultraderechismo más reaccionario, la yakuza nutre sus filas en las bandas de bosozoku, esos airados motoristas que adornan sus motocicletas con banderolas y se inician en actividades ilegales apenas pasada la adolescencia. Todo en el sistema funciona con una exquisita jerarquía, basada en un código de deberes que, a la postre, dispone una especie de estado paralelo, con sus propias reglas y gobierno.

e subrayado la caracterización física del yakuza, pero lo que quizá le distingue mejor es su tipificación moral. El yakuza del cine americano es capaz de las mayores tropelías, pero siempre conserva la frialdad. Representa la expresión humana contraria al modus vivendi estadounidense, como fruto subterráneo de una civilización que nunca deja de ofrecer un peligro.

Digo esto porque en bastantes films este hampón enmascara su verdadera naturaleza tras la apariencia de un simple empresario o promotor. Tomemos por ejemplo el largometraje Girls of the white orchid (1983), de Jonathan Kaplan. Carol Heath (Jennifer Jason Leigh) es una joven americana, impulsiva e inocente. Toda su ilusión es convertirse en cantante. Una organización japonesa le ofrece el contrato de su vida: viajar a Osaka y, por un buen sueldo, actuar en un local selecto de la capital.

Todo es alegría para la muchacha hasta que cae en la cuenta de que el propietario de esa sala, Mori (Mako), y su esposa (Carolyn Seymour), regentan en realidad un burdel de lujo protegido por la yakuza. Carol pasará por innumerables tribulaciones –incluida una violación frustrada– hasta ser rescatada por su novio, Don (Thomas Byrd), que la llevará de vuelta a casa.

Ese ahondar en los entresijos delictivos de Japón, convirtiéndolos en un peligro para la juventud norteamericana, parece el propósito central de la cinta de Kaplan, que incide en los lugares comunes de este tipo de productos. La yakuza engaña, pervierte y, ante todo, es lo suficientemente poderosa como para controlar las decisiones policiales.

i hablamos de corrupción de los jóvenes, conviene citar la película Little Tokyo, ataque frontal (Showdown in Little Tokyo, 1991), de Mark L. Lester, donde la pareja de agentes protagonista, Dolph Lundgren (Kenner) y Brandon Lee (Johnny Murata), han de luchar contra los yakuzas narcotraficantes que pretenden introducir en el mercado un nuevo tipo de estupefaciente. Parecida contienda se propone en El poder de las armas (Armed response, 1986), de Fred Olen Ray, donde un veterano de la guerra de Vietnam ha de vérselas con un peligroso gangster japonés.

Como ocurre en los films sobre la mafia italoamericana, los chantajes y las deudas de honor viene a ser un elemento primordial en los guiones sobre la yakuza. Parémonos a analizar un capítulo de la teleserie Los vigilantes de la noche (Baywatch night, 1995).

El episodio, titulado Código de silencio (Code of silence), cuenta con la producción ejecutiva de David Hasselhoff y Gregory J. Bonann. Nakahiro (John Fujioka) es el padre de una geisha, Hiroko, que ha emigrado a Los Angeles. La hija de Hiroko, Noriko, está sometida a un código de silencio, por lo que nada dice a la policía sobre el paradero de su madre, mezclada contra su voluntad en las actividades de la yakuza local. Hiroko se encuentra retenida por un empresario, Sumaro, que perecerá a manos de un hampón, Degano.

Los métodos del yakuza para arrancar información a la joven no son precisamente refinados. Con el mayor de los desprecios, practica la ruleta rusa en su cabeza mientras le dice: Tal vez corra por tus venas la sangre de un samurai, pero tienes la mente de una campesina. Pese a ese insulto de clase –una villanía más–, Hiroko resistirá la amenaza. Silencios y delaciones, todo en el universo yakuza nos remite a las clásicas intrigas cortesanas, sólo que esta vez quienes fallan a sus deberes han de cortarse un dedo de la mano, cuando no suicidarse en soledad.

l último tramo de Yakuza (The yakuza, 1975), de Sydney Pollack, desarrolla un planteamiento infrecuente en este tipo de films. Robert Mitchum interpreta a un perdedor, un investigador a sueldo contratado para una misión contra un poderoso oyabun. En todo momento le ha asistido un renegado de la yakuza (Ken Takakura), que a punto ha estado de dar la vida con tal de finalizar con éxito el plan de su amigo americano. Pero este último descubre finalmente un drama personal que le conmueve en lo más hondo.

Durante largo tiempo fue amante de una mujer japonesa a la que creía viuda. Pero el marido no había muerto. Regresó y, al ver a su esposa con el americano, decidió no pasar por la vergüenza de airear su desgracia. Ese hombre es el personaje interpretado por Takakura. Cuando el americano lo descubre, decide dar una muestra de lealtad a su compañero y se corta el meñique al estilo yakuza.

El excelente guión de Robert Townee y Paul Schrader juega con la alternancia cultural, pero finalmente abre un espacio común, en el que es posible observar ese ritual sangriento que es la amputación sin caer en el puro exotismo.

El signo estético del dedo cortado tiene aquí, excepcionalmente, una lectura universal, aunque la regla general es otra. Black rain (1988), de Ridley Scott, incide en una ritualidad que convierte a las acciones de los yakuza en resonancias de un mundo antiguo, acaso medieval. Detengámonos en la secuencia en que los policías protagonistas, Nick (Michael Douglas) y Charlie (Andy García), pasean por las solitarias galerías de Osaka, durante una noche cerrada en que sólo el neón ilumina parcialmente las aceras. Escoltado por un grupo de motoristas, el yakuza que actúa de villano en el film, Sato (Yûsaku Matsuda), provocará a Charlie, atacándole luego con su moto. Con un certero corte de katana, Sato acabará con la vida del joven policía, hecho que provocará el ansia de venganza en su compañero.

¿Acaso el yakuza cinematográfico está destinado a ver envueltas todas sus actuaciones en la liturgia?

A propósito de estas imágenes, viene al caso la clarificadora reflexión de Santiago Sánchez González: Toda la secuencia es un conjunto de imágenes formales plagadas de significados: el escenario sugerentemente religioso, la provocación, con su eco de acudir a un duelo, y la decapitación nos hablan de una cultura que da a las formas un valor no sólo de continente, sino también –especialmente– de contenido. Es a través de su envoltura exterior como Scott nos va mostrando el antagonismo cultural de unos hombres enfrentados en Estados Unidos y que trasladan al Japón su enfrentamiento. Dos concepciones que, a partir de la estética, devienen en lógica y metafísica.

anto el personaje del film de Scott como otros que se le asemejan tienen una cualidad: su sofisticación en el crimen, esa crueldad que forma parte de su entorno, repite la fórmula de los torturadores chinos, de los juramentados capaces de morir con tal de cumplir con los designios del mandarín de turno, sólo que esta vez la bata de seda queda sustituida por un traje impecable de diseño europeo.

Lo mismo cabe decir de su ritualidad social, que define el espacio de la otredad para el héroe. Los signos del yakuza reviven el peligro amarillo clásico, sólo que esta vez de una forma verosímil, pues la realidad surte de noticias que confirman la existencia de ese tipo de hampa.

No está de más añadir a ese núcleo de contenidos la espectacularidad con que el cine retrata las acciones de los hampones, a medio camino entre los maestros de artes marciales y los pistoleros del Chicago clásico. En su entorno, la disidencia está prohibida. Quien incumple ese dictado, está destinado a la muerte.

Así sucede, por ejemplo, con Seiji (Toru Nakamura), el yakuza protagonista de Blue tiger (1994), de Norberto Barba. Alcanzado el desenlace del film, Seiji morirá a manos de Geena (Virgina Madsen), madre de una de sus víctimas. Pero el motivo real de su muerte no será la lógica venganza de Geena. Seiji está muerto desde el momento en que incumple los mandatos de su oyabun. Su hermano le dirá en una secuencia: Si te sales de la familia, ¿qué va a ser de mí? Y es que el individualismo de Seiji traerá la fatalidad a todos los suyos, incluido él mismo.

Encontramos en el cine de Hollywood numerosos ejemplos de gangsters italoamericanos compasivos, simpáticos e incluso bondadosos. No cabe en la idiosincrasia del yakuza semejante caracterización. La mafia japonesa es peligrosa incluso para los demás criminales. Eso es lo primero que advertimos al analizar los personajes de Vengador (The Punisher, 1989), de Mark Goldblatt, film basado en un cómic que estudiaremos en el artículo correspondiente. El argumento de la película es sencillo. Un policía, Frank Castle (Dolph Lundgren), ha perdido a su mujer y sus hijos, víctimas de un crimen. Enloquecido, desciende a las alcantarillas de la ciudad, donde se recupera y decide convertirse en un justiciero. Mientras, Lady Tanaka (Kim Miyori), líder de una sociedad yakuza, decide acabar con sus competidores. Para ello, secuestra a los hijos de los demás jefes mafiosos con el fin de extorsionarles.

Dejemos de lado al resto de protagonistas para centrarnos en Tanaka y sus secuaces. Esta mujer es una especie de Fu Manchu femenino, hábil en la tortura, sádica, fatalmente genial en lo que al crimen se refiere. Hereda ese talento su hija (Zoshka Mizak), y tampoco le va a la zaga su ayudante, Sato (Kenji Yamaki). Indisociablemente ligados con la crueldad, los yakuzas de Tanaka han habilitado salas de tormento en su guarida. Como ya he comentado, la asociación del maleante japonés con el sadismo no es nueva. Recuérdense casos como el de Endo (Al Leong), aquel torturador profesional japonés que aplicaba electricidad en el cuerpo del agente Martin Riggs (Mel Gibson) en Arma letal (Lethal weapon, 1987), de Richard Donner. Lady Tanaka es sólo un ejemplo más, construido con los convencionalismos que la literatura popular y luego el cine han aplicado a la confraternidad criminal de Oriente, y que Sax Rohmer describió con tanto acierto comercial a principios de siglo.

Resulta curioso comprobar el modo en que la iconografía yakuza reinventada por Hollywood se ha incorporado a la estética fílmica de los noventa, en producciones tan tributarias del cómic, el rock y el vídeo–clip como El cuervo (The crow, 1994), de Alex Proyas. Esta cinta, narración estereotipada de la venganza de un cantante redivivo contra el grupo de criminales que asesinó brutalmente a su novia y acabó asimismo con su vida, está inspirada en un popular cómic de James O'Barr. Pero el personaje que nos interesa en este punto no aparece en la historieta de origen. Se trata de Myco (Bai Ling), la compañera más íntima del líder del citado clan de asesinos, Top Dollar (Michael Wincott). Myco es una psicópata oriental que maneja las armas blancas con genuina perversión –no escasean en la película los cuchillos y espadas japonesas, como la que utiliza el propio Dollar– y que luce en su espalda un amplio tatuaje que, evidentemente, nos remite a una seña de identidad de esa corporación de malhechores japonesa que, gracias al cine norteamericano, es ya un estereotipo dentro de la cultura popular contemporánea en Occidente.


Loading...

Artículos relacionados

Historia del cine universal

Historia del cine español

Historia del cine de animación

El falso documental

Historia del cine de ciencia-ficción

Historia del cine de terror

Historia del cine de aventuras

Historia de los cómics: Introducción

Historia del cómic estadounidense (1893-1930)

Historia del cómic estadounidense (1931-1945)

Historia del cómic estadounidense (1946-2008)

Panorama del cómic europeo

Historia del cómic británico

Historia del cómic italiano

Historia del cómic español

Historia del cómic franco-belga

Historia del cómic latinoamericano

El cómic en Portugal y Brasil

Historia del manga. El cómic japonés

Copyright © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos. Esta es una versión expandida de varios escritos anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene reflexiones y referencias que publiqué en los libros Imágenes de lo japonés en los medios audiovisuales de Japón, Europa y Estados Unidos (1996), Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).

visita nuestras secciones

ESTRENOS Y AVANCES | REPORTAJES Y ENTREVISTAS | CLÁSICOS DEL CINE | NOVEDADES EDITORIALES | REPORTAJES LITERARIOS | CÓMIC | ARTE Y EXPOSICIONES | MÚSICA | HISTORIA Y AVENTURA | LITERATURA INFANTIL | CULTURA EMOCIONAL | PLANETA ASIA | RUTAS CULTURALES | ETIMOLOGÍAS

 

Copyright © Revista Cine y Letras, Guzmán Urrero Peña, Madrid, 2008. ISSN 1989-1253. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web sin previa autorización escrita del titular de sus derechos.

Condiciones de uso  | Contacto y publicidad  | Quiénes somos












 

Publicidad


 

Busqueda

Novedades








  1. Alicia en el País de las Maravillas
  2. Brooklyn's Finest
  3. Shutter Island
  4. Vaya par de polis (Cop Out)
  5. Avatar
  6. The Crazies
  7. Percy Jackson y el Ladrón del Rayo
  8. Historias de San Valentín
  9. Corazón rebelde
 10. Querido John
  VER + ESTRENOS


Diálogo con Mel Gibson
Al límite, de Martin Campbell, es una nueva muestra de su talento como actor


Encuentro con Benicio del Toro y Emily Blunt
Nos presentan la nueva versión de El hombre lobo


Encuentro con Harrison Ford
El veterano actor produce y protagoniza el drama Medidas extraordinarias

  VER + ENTREVISTAS


 

Alicia en el País de las Maravillas
Tim Burton persigue al conejo blanco

  Buried (Enterrado)
  Dambusters
  The Expendables
  The Blind Side
  Whip It
  Iron Man 2
  The Invention of Lying
  Dread
  El circo de los extraños
  Un ciudadano ejemplar
  VER + PREESTRENOS


 

The Rocky Horror Picture Show
35º Aniversario

  VER + DISEÑO


Monet y la pintura abstracta
El Museo Thyssen celebra la modernidad del arte de Monet


Impresionistas
La pintura impresionista a través de los fondos del Musée D'Orsay

  VER + EXPOSICIONES


Jonah Hex
Una visión ruda y sobrecogedora del western


La Cazadora
Vuelve a la acción la vengadora más siniestra de Gotham


Lobezno
Los hombres de adamántium es su nueva aventura

  VER + COMICS


El adiós de Alberto Ginastera
Popol Vuh supone la cima de su trayectoria artística


Entrevista con Ryuichi Sakamoto
El universo de un vanguardista en estado puro

  VER + REPORTAJES

  Fiorenza Cedolins (Bongiovanni)
  Amarilli Nizza: Puccini (Dynamic)
  Obras para theremin (Mode)
  Tamerlano, de Haendel (Ponto)
  Sinfonía nº 2, de Hermann Bischoff (CPO)
  Otello (Idis)
  Piazzolla: Diez tangos (Dynamic)
  Sinfonía nº 3, de Aulis Sallinen (CPO)
  VER + CRÍTICAS

 

Web subvencionada por el programa ArtePyme