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penas un año más tarde tomó la determinación de embarcarse rumbo a Europa e instalarse en París durante unos meses. Este “bautismo” parisiense le convirtió, junto a Willem de Kooning, en el defensor de la tradición dentro del grupo de expresionistas abstractos, que él entendía como parte de la historia personal de cada artista.
A través de la Opportunity Gallery, en la que expuso en 1924, conoció a David Smith, Mark Rothko y Milton Avery, a los que desde entonces se sintió vinculado por la semejanza de sus ideas en torno a la independencia del artista y la importancia del color. En 1935 participó en la fundación del grupo The Ten que reivindicaba un cambio dentro del conservador panorama artístico estadounidense. Unos años más tarde, en junio de 1943, publicó junto a Rothko las bases del expresionismo abstracto en una carta en The New York Times.
La búsqueda de formas de expresión que creasen un “realismo de nuestro tiempo” se hizo patente en sus diferentes series (Naturalezas muertas de Arizona, de 1937, o Pictografías, desde 1941) en las que se acercó al arte tribal americano y al surrealismo.
Su camino hacia la abstracción desembocó en un estilo cada vez más personal en el que parecían aunarse las dos principales tendencias presentes en la Escuela de Nueva York, por un lado, la importancia de la huella del artista en el lienzo y la presencia física de los materiales y, por otro, la creación de campos de color (Paisajes imaginarios y Explosiones, de la década de 1950). La unión de todas estas tendencias permitía a Gottlieb crear la ansiada universalización de sus símbolos y la coexistencia de los opuestos: lo lógico y lo irracional, la violencia y la delicadeza, la felicidad y la tristeza.
Él mismo afirmó que llegó a la madurez artística en los años sesenta, momento que coincidió con una situación de independencia económica que, entre otras cosas, le posibilitó comenzar a trabajar en un estudio más grande en el que realizar obras de mayor tamaño.
Maestro en la combinación del color, la textura y la densidad, el afán experimentador de Gottlieb le condujo a una progresiva reducción de los medios empleados, dando como resultado unas obras en las que las texturas y los colores se volvieron cada vez más sutiles y refinados.
Esta biografía forma parte de los materiales de la exposición Monet y la abstracción, organizada por el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid.
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Copyright del texto © Museo Thyssen-Bornemisza y Fundación Caja Madrid. Cortesía del Departamento de Prensa del Museo Thyssen-Bornemisza. Reservados todos los derechos.
Ilustración superior: Mark Rothko. Sin título, 1969 © Colección Universidad de Navarra. Fundación Universitaria de Navarra. Cortesía del Departamento de Prensa del Museo Thyssen-Bornemisza. Reservados todos los derechos.
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