Camino, de Javier Fesser

Críticas

Camino

Camino es una película dura, pero su realizador ha sabido conjugar las emociones más genuinas con fragmentos de una realidad de por sí contundentes.

La planificación es muy personal, muy directa; quiere que los rostros hablen por sí mismos, que las situaciones sean explícitas. La puesta en escena se ajusta con gran equilibrio a la proyección de esos sentimientos.

La interpretación es, sin duda, de un gran nivel. La niña Nerea Camacho (Camino) habla con los ojos, al igual que su hermana Nuria (Manuela Vellés). Carme Elías está soberbia en el papel de la made (Gloria), como también lo está Mariano Venancio como el padre (José).

Al tiempo que se estrena en España la película de Javier Fesser, tengo la oportunidad de escuchar la interpretación que la Orquesta Nacional de España realiza de la Sinfonía núm. 3 en Re menor de Gustav Mahler.

No sé por qué, pero me seduce un punto de conexión entre ambas, sobre todo cuando, en el texto escrito por Pablo L. Rodríguez para el programa del Auditorio, tengo la oportunidad de leer una explicación del propio Mahler a propósito del primer movimiento: “Casi prescindo de lo que puede considerarse música, al incluir la mayor parte de los sonidos de la naturaleza. Es un misterio cómo a partir de algo inanimado lo vital se abre camino, desarrollando paso a paso formas de vida cada vez más elevadas: flores, animales, seres humanos, hasta el reino de los espíritus, de los ángeles”.

Con este punto de partida, me pueden permitir que enfoque el comentario de Camino, de Javier Fesser, desde tres perspectivas complementarias: el fondo de la historia, el horizonte filosófico del ser humano y las aportaciones concretas de la película.

La historia de una niña que con catorce años fallece después de sufrir una larga y penosa enfermedad, no deja de ser una más de las muchas que se producen a diario en nuestro entorno, sin que nosotros las lleguemos a conocer.

La singularidad de dicha historia reside en que la protagonista, su familia y su entorno mantienen una vivencia espiritual que, quizás, esté fuera de ese espacio común en el que se mueven la mayoría de los mortales católicos.

Que esta historia nos hable del Opus Dei, tiene un determinado aliciente. Esto último, sin duda, ha generado diversas reacciones que, personalmente, no logro entender, sobre todo cuando se defiende el encuentro de las ideas.

El espacio vivencial y creyente que sostiene a los miembros de la institución fundada por Josemaría Escrivá de Balaguer es único para muchos que lo observan desde fuera, y es perfecto para quienes pertenecen a dicho movimiento eclesial.

Al decir único, me refiero a un hecho en concreto, y es que el rumor social ha levantado ciertas fronteras que convierten al Opus Dei en un grupo de poder, con grandes dosis de fanatismo religioso, sobre el que hay que actuar con ciertas precauciones, como si se tratara de una plaga. Frente a ese tipo de estereotipos, debemos hacer hincapié en un hecho irrefutable: por encima de todo esto, debe prevalecer el respeto que pedimos para nuestra vida, nuestras creencias y sentimientos. Si así lo hacemos, los miembros del Opus Dei podrán seguir su camino como los demás seguimos el nuestro. Los espejos muchas veces resultan engañosos y deforman la realidad. Todos –fanáticos, creyentes a ratos y agnósticos– debemos mirarnos siempre desde el respeto.

Por eso mismo, pienso que Camino, de Javier Fesser, propone, fundamentalmente, una invitación al espectador para que reflexione sobre sí mismo: sobre el ser humano.

Todos nosotros –y no es la única película que nos invita a realizar este ejercicio– debemos sentirnos motivados para iniciar una exploración personal de la ruta por la que transitamos. Nuestra vida es un camino con muchas paradas, pero cuyo final desconocemos. Creemos saber adónde nos dirigimos, pero encontramos muchas curvas y cruces que nos hacen reflexionar sobre el verdadero significado de nuestra realidad.

Estamos seguros –eso creemos– de nuestra propia existencia. Aquí es donde sale a relucir nuestra ignorancia. Como decía Mahler “lo vital se abre camino”. Nuestra forma de vida será tal y como nosotros hayamos decidido que sea. Nuestras creencias, aquéllas que sustenten el norte de nuestra existencia. Pero esta postura jamás podrá demostrar que nuestro camino sea el único o el más adecuado para el ser humano.

Sin duda, existen tantos caminos como habitantes tiene la Tierra. Lo maravilloso, desde este punto de vista, es saber acercarse a los demás, tener buenos sentimientos, disfrutar de todas las emociones que emergen de nuestra vida, pero sin límites, sabiendo que más allá de nuestras creencias hay otras, y que muchas personas no tienen por qué pensar o creer lo mismo que nosotros.

Camino habla de esos itinerarios, de posturas que para muchos pueden resultar difíciles de comprender, pero que quienes las defienden lo hacen porque ésa es su vida.

La niña Camino crea su propio mundo; Gloria, su madre, es la piedra angular del edificio familiar; José María, el padre, está confuso y no encuentra explicaciones convincentes a todo lo que sucede en su propia casa; María José, su hermana, supera la fase adolescente entregada a la formación espiritual.

Más allá de que estos perfiles –se ajusten a la realidad o no– lo más relevante es apreciar que cada personaje describe a uno de los posibles referentes sociales, tanto desde la creencia como desde la duda. Todos creen a su manera, pero creen; y todos están llenos de dudas, inevitablemente. Este es el palpitar de una sociedad en el marco de cualquier creencia.

 

(© Emilio C. García Fernández)

Sinopsis

Pamplona, junio de 2001.

Camino, una preciosa y dulce niña de once años, vive sus últimos momentos en la habitación de un hospital. Rodeada de familiares, amigos, sacerdotes y un número inusitado de personal clínico, da a todos un casi sobrenatural ejemplo de muerte serena y feliz. En una atmósfera de santidad y cuando parece que la muerte es ya inevitable, ocurre algo extraordinario en la habitación.

Inspirada en hechos reales, Camino es una aventura emocional en torno a una extraordinaria niña de once años que se enfrenta al mismo tiempo a dos acontecimientos que son completamente nuevos para ella: enamorarse y morir. Camino es, sobre todo, una luz brillante capaz de atravesar todas y cada una de las tenebrosas puertas que se van cerrando ante ella y que pretenden inútilmente sumir en la oscuridad su deseo de vivir, amar y sentirse definitivamente feliz.

Copyright de las imágenes, sinopsis y notas de prensa de Camino © Películas Pendelton. Cortesía del Departamento de Prensa del Grupo Alta Films. Reservados todos los derechos.


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