NOVEDAD Bizancio Esta fascinante obra redescubre el Imperio bizantino a través de episodios y temas tan atractivos como la construcción de Santa Sofía, la iconoclasia, el papel de los eunucos o las Cruzadas.
LIBRO RECOMENDADO Relatos sombríos Relatos que fluctúan entre lo perverso y lo melancólico; historias de corazón, entrepierna y tumba; cuentos de amargura sosegada y de pasiones infernales. En este recopilatorio no abunda la felicidad, pero sí la imaginación con buena letra.
NARRATIVA El otro mundo Conocido por sus críticas cinematográficos y libros sobre el séptimo arte, Hilario J. Rodríguez se está forjando una merecida fama como novelista. En El otro mundo nos sirve una obra de estilo autobiográfico excelentemente escrita.
LIBROS DE HISTORIA Los olvidados Por ÁLVARO COLOMER Los olvidados (Debate) detalla la historia de los cientos, miles de norteamericanos que en los años 30, cuando Estados Unidos sufría la Gran Depresión, emigraron a Rusia creyendo que el modelo soviético les aseguraría un techo bajo el que cobijarse. Se equivocaron.
LITERATURA JUVENIL El ladrón del rayo
Primera entrega de la saga Percy Jackson y los dioses del Olimpo, este libro lleva los mitos griegos a terreno estadounidense de una manera divertida pero respetuosa.
Hay pesadillas para las que hace falta un buen guionista. Los crímenes del asesino conocido como Zodiac forman parte de esa categoría. Rebuscado, presuntuoso y extraordinariamente inteligente, Zodiac logró algo que pocos criminales en serie consiguen: una formidable atención mediática y el absoluto despiste de la policía.
De eso trata el guión de James Vanderbilt, puesto magistralmente en imágenes por David Fincher. Escrito con inteligencia, el libreto viene a ser una versión de dos apasionantes libros de Robert Graysmith: Zodiac (1986) y Zodiac Unmasked: the Identity of America's Most Exclusive Serial Killer (2002).
A Graysmith lo conocen los aficionados a la criminología por su temprana vinculación al caso. Cuando se dio a conocer el primer asalto –dos adolescentes tiroteados en un aparcamiento el 4 de julio de 1969–, nuestro hombre trabajaba como caricaturista en el San Francisco Chronicle. Su obsesiva búsqueda del criminal arruinó su vida familiar, pero le condujo a la fama como autor de libros.
En la película de Fincher, Graysmith es encarnado por un soberbio Jake Gyllenhaal. Sin duda, es quien llega más lejos en la investigación.
Gracias a él, descubrimos intrincados detalles acerca de ese criminal que actuó en el norte de California, y que acabó con la vida de cinco personas (la cifra no incluye los heridos ni la treintena de víctimas no probadas) en lugares como Vallejo, el lago Berryessa, Benicia y San Francisco.
¿Su particularidad frente a otros depredadores igual de sanguinarios? Una enfermiza propensión a los acertijos.
Igual que Jack el Destripador, Zodiac envió numerosas cartas a la prensa, pero las adornó con charadas y criptogramas que le permitían lucir su ingenio. Una habilidad, por cierto, que compartía con el dibujante interpretado por Gyllenhaal.
Pese a su destacada presencia en la trama, Graysmith no es el único personaje real que aparece en este excelente largometraje.
El responsable de la sección de sucesos del periódico, Paul Avery es revivido con picardía y tono autodestructivo por Robert Downey Jr. El acierto de casting es indudable: el verdadero Avery, como Downey, era un tipo brillante, cínico, con gustos de dandy, pero demasiado propenso a caer en las tentaciones nocturnas. Quizá por ello fue uno de los más afectados por las actividades del homicida.
Dos inspectores llevaron el caso, y no podemos ignorar su entrega. Me refiero a Dave Toschi (Mark Ruffalo) y a William Armstrong (Anthony Edwards). Pese a que ambos tenían experiencia y una clara intuición, Zodiac les llevó siempre la delantera, como si lo suyo fuera un espectáculo de Grand Guignol sin un final feliz.
Hablamos de Zodiac como un criminal clásico, pero el auténtico Toschi no le va a la zaga.
A decir verdad, este inspector pertenece al grupo de los policías legendarios, y su reputación todavía es un tema de charla en numerosas comisarías norteamericanas. En la actualidad, es el respetado (y anciano) vicepresidente de la compañía North Star Security Services, pero hubo un tiempo en que Toschi sembró el pánico entre los delincuentes locales. Steve McQueen se inspiró en él para interpretar Bullitt (1968), y los creadores de Harry el sucio (1971) reconocieron que éste era un calco de Toschi. Incluso Steve Keller, el personaje al que interpreta Michael Douglas en la teleserie Las calles de San Francisco (1972), es un homenaje a este justiciero urbano, que en la cinta de Fincher halla un retrato más equilibrado.
En la película, al igual que sucede con los libros de Graysmith, el espectador es conducido a conclusiones probables, y también a varios callejones sin salida.
¿Sospechosos? Hay más de uno. Pero les adelanto un detalle menor: quien perturba en mayor medida al público es Arthur Leigh Allen (John Carroll Lynch). Admirador, como el propio Zodiac, de la película El malvado Zaroff (1932) y del relato en que ésta se inspira –¿lo recuerdan? Trata de un aristócrata aficionado a cazar seres humanos–, Allen se nos presenta como una de las claves más tortuosas de una endemoniada investigación, que atrapa sin remedio a quien la sigue.
Detesto comentar en profundidad el argumento de un thriller, porque en ocasiones así uno corre el riesgo de arruinar sus sorpresas. Pero este caso es distinto. El rigor documental de Fincher convierte su película en una fiel reproducción de cuanto realmente sucedió.
De ahí que pueda ser interesante acudir al cine conociendo su contexto por adelantado. (No teman ni abandonen la lectura: evitaré los consabidos spoilers).
Con una fotografía impecable, sumamente atmosférica –Fincher emplea una cámara de alta definición Thomson Viper Filmstream para el Technicolor–, y una dirección artística de primera categoría –no esperaba menos de Donald Graham Burt–, Zodiac consigue hacernos creer que hemos vuelto a los años setenta.
Recorriendo esa evocadora escenografía, Graysmith, Avery y Toschi se adentran en un misterio clave en la cultura pop de la época.
El asesino del Zodiaco actuó entre diciembre de 1968 y octubre de 1969, y a tono con su tiempo, adquirió un perfil posmoderno. Así lo creen el creador de perfiles criminales Michael D. Kelleher y el psicólogo David Van Nuys, autores de uno de los ensayos definitivos sobre el tema, This Is The Zodiac Speaking.Into the Mind of a Serial Killer (2002).
Son muchos los detalles que confirman esa cualidad.
Aunque se dice que su apodo proviene de la marca de un reloj, es posible que el asesino tomara dicho seudónimo de un oscuro médium y villano, el Dr. Zodiac, que aparece en la película Charlie Chan At Treasure Island (1939), de Norman Foster.
Su símbolo predilecto –una cruz insertada en un círculo– podría representar, sencillamente, una diana, pero no hay que descartar alguna referencia esotérica. En todo caso, el criminal quería que los californianos lucieran pins con ese distintivo.
A buen seguro, Zodiac estuvo encantado con el interés que despertó en Hollywood. En 1971, con la investigación de Toschi en curso, se estrenó El asesino del zodiaco, una especie de falso documental –pura exploitation–, obra de Tom Hanson.
Pocos meses después, Clint Eastwood, en la piel de Harry Calahan (como ya vimos, otro avatar del inspector Toschi), liquidaba en Harry el sucio a un criminal llamado Scorpio (Andrew Robinson), muy similar a Zodiac en sus métodos. El éxito de la fórmula originó un sinnúmero de imitaciones, tanto en el cine como en la pequeña pantalla.
De momento, la de Fincher es la más reciente y cuidadosa aproximación a un caso que tuvo un expediente atiborrado de casi todo, pero que parece destinado a sustentarse con sospechas hechas de casi nada.
En cierto modo, el inspector Toschi parece hacer suyo aquel proverbio que se cita en Crimen y castigo: “Ni cien conejos hacen un caballo ni cien conjeturas hacen una evidencia”.
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