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Patrick Dempsey y Michelle Monaghan en el Hotel ME, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
ENCUENTRO CON PATRICK DEMPSEY Y MICHELLE MONAGHAN
La boda de mi novia
El del amor parece que es un tema inagotable, especialmente para los realizadores de comedias. Con el patrocinio de Columbia Pictures, Paul Weiland le da una nueva vuelta de tuerca a este asunto en La boda de mi novia (Made of Honor), un entretenido largometraje sobre un tipo que se enamora de su mejor amiga en el peor momento: justo cuando ésta se dispone a intercambiar anillos con un rico escocés. Los protagonistas de la cinta, Patrick Dempsey y Michelle Monaghan, nos visitan para hablar sobre esta película y sobre los personajes que interpretan en ella.
GUZMÁN URRERO PEÑA | 21 de mayo de 2008
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a boda de mi novia, de Paul Weiland, posee dos atractivos inapelables. Un buen guión, firmado por Adam Sztykiel y Deborah Kaplan y Harry Elfont; y un excelente reparto, encabezado por Patrick Dempsey, Michelle Monaghan, Kevin McKidd, Kathleen Quinlan y el director Sydney Pollack.
Cuando un crítico habla de comedias románticas, suele desentenderse de lo fundamental a las primeras de cambio. ¿Y dónde reside el meollo del asunto? Pues en el hecho de que su contenido no acaba con la historia que cuentan, sino que se extiende indefinidamente. Claro que apreciamos el humor y los giros de la trama, pero lo que parece intrascendente –el amor de los protagonistas– es justo lo que nos conmueve y lo que perdura de forma inconfesable en nuestra memoria. A no ser, claro está, que uno sea un escéptico o un metafísico sin remedio.
Habrá quien proteste y denuncie la impostura –lo entiendo: eso del amor eterno sólo pasa en el cine–, pero al final, los adictos a las comedias románticas somos legión. Por eso mismo me agrada ver de cerca de los protagonistas de La boda de mi novia, Patrick Dempsey y Michelle Monaghan, convertidos frente a nuestras cámaras en una pareja de portada.
Dempsey lo conoce una parte del público por su papel en la teleserie Anatomía de Grey (Grey’s Anatomy). Pero conozco a muchas espectadoras que lo adoran desde que, allá por los ochenta, fue el guapo de turno en películas como No puedes comprar mi amor (Can´t Buy Me Love, 1987). Buen actor, curtido en el teatro, ha sabido aprovechar el éxito de Encantada, la historia de Giselle (Enchanted, 2007), y ahora, por fin, se abre paso a codazos en la delgada línea roja que separa a las estrellas del resto de los mortales.
Dempsey posa con naturalidad. A cada momento, sonríe sin reservas, y parece deseoso de volver a hacerlo. La mirada retraída, introspectiva, distingue a alguien capaz de lanzar ideas en el momento oportuno. Mantiene las manos en los bolsillos, como si tuviera el gesto aprendido en una escuela de ejecutivos.
Cuando atiende a sus entrevistadores, habla persuasivamente, con voz ronca pero bien modulada. No quiere ser complaciente con la etiqueta de sex symbol que tanto agrada a sus publicistas. Quizá por ello insiste en las cualidades menos previsibles de La boda de mi novia.
“Una de las cosas –dice el actor– que hizo a este proyecto tan satisfactorio fue trabajar con el director Paul Weiland. Hubo más de una oportunidad en que algunos detalles surgieron en el último momento, justo cuando fuimos capaces de darle carne a la escena con un poco de improvisación. Es desafiante y divertido pasar por este proceso y descubrir dónde está el humor, y al mismo tiempo tener a Paul, que mantenía toda la situación bajo control”.
a verdad sea dicha: sobre Michelle Monaghan me cuesta escribir algo original. A menudo quienes buscan nuevos talentos se tropiezan con jóvenes bonitas y prometedoras. Pues bien, este es uno de esos casos que soñaría (sin doble sentido) cualquier agente con la chequera bien provista. Y es que no hay duda de que el destino se ha complacido con el físico de Michelle, pero ella ha conseguido situarse en primera fila gracias a una agudeza que no le hace falta cultivar.
Es una actriz espléndida, y sólo le conviene algo de buena prensa para convertirse en reina de la taquilla. Y si alguien lo duda, que se tome la molestia de revisar sus estupendas interpretaciones en Adiós pequeña, adiós (Gone Baby Gone, 2005), Misión Imposible III (2006) y Kiss Kiss Bang Bang (2005).
Frente a nuestras cámaras, Michelle parece la reina de un baile de graduación. Bromea con un ramo de flores, encoge los hombros, se parte de risa, y asombrosamente, tarda una décima de segundo en recomponerse. Es entonces, al sostener la mirada, cuando da una impresión más poderosa y también más distinguida.
“Realmente –dice Monaghan– quería ser parte de este proyecto porque me encantó la historia y toda la gente que estaba involucrada en él. La extraña coincidencia es que esta situación que cuenta la película ya la había vivido antes: cuando me casé, mi ‘dama’ de honor fue un hombre que continúa siendo mi mejor amigo”.
“Hannah, el personaje a quien interpreto –añade– tiene el sentido del humor suficiente como para divertirse con las historias de sus aventuras. La verdad es que ella sí siente algo por Tom [Dempsey] pero nunca lo demuestra. No ve ningún potencial para una relación a largo plazo porque él no cree en el matrimonio y ella, con todo su corazón, sí. Es la conocida historia de la gente que no aprecia al otro hasta que éste ya no forma parte de su vida”.
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