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ENCUENTRO CON FOREST WHITAKER
El último rey de Escocia
GUZMÁN URRERO | 20 de febrero de 2007
Aunque siempre sería acertado decir que Forest Whitaker tiene un formidable aspecto físico, decirlo ahora implica recordar dos de sus tempranas ocupaciones: la de jugador de fútbol americano y la de tenor operístico. No es para menos: en cierto sentido, sus maneras retienen gestos de atleta y de intelectual. Sin un solo gesto de incomodidad frente a nuestras cámaras, sonríe y busca la luz de los flashes, atendiendo amablemente a las llamadas de cada reportero. Con todo, a pesar de dicha desenvoltura, su mirada delata una fuerza implosiva que también sale a relucir en el celuloide.
Tras las pupilas de Whitaker se esconde una bomba de hidrógeno. Queda claro que tales energías necesitan un catalizador, y quizá por ello el actor triunfa en proyectos bien gobernados, pero desbordantes de emoción, en la línea de Bird (1988), Juego de lágrimas (1992) y Ghost Dog (1999).
Mientras le observo desde el otro lado del objetivo, también descubro en él maneras de publicitario. Cuando posa, ofrece su mejor ángulo, sin aspavientos ni titubeos, con cierta despreocupación. No en vano, Whitaker es un ejecutivo, un productor experimentado, dueño de una compañía multimedia, Spirit Dance Entertainment. En este caso, ya no parece contar el deslustrado manual de promoción de estrellas −lecciones 1 y 2− sino la genuina seguridad que brinda una carrera de la que se sale bien librado.
Whitaker llega a este salón del Hotel Santo Mauro con un filme estrechamente sujeto contra el pecho: El último rey de Escocia, de Kevin MacDonald. A decir verdad, se trata de una película soberbia, a medio camino entre la estética documental y la épica más absorbente. Inspirada en la novela homónima de Giles Foden, cuenta las tortuosas relaciones que establece un médico escocés −encarnado por James McAvoy, el fauno de Las crónicas de Narnia− con el siniestro dictador ugandés Idi Amín.
A la hora de deconstruir la mitología del tirano, MacDonald se vale de un extraordinario guión, obra de Peter Morgan y Jeremy Brock, y aprovecha una escenografía realista, que contribuye a subrayar la verosimilitud de este insólito drama. Por cierto, el último rey de Escocia al que alude el título no es otro que Amín, cuyas maneras de arrogante highlander corrían parejas a su locura. No es de extrañar que el realizador quisiera filmar su obra en Uganda, pese a los inquietos cálculos que ello implicaba.
En la piel de su personaje, Forest Whitaker moldea al tirano como un personaje místico y contraditorio, cuyas terribles sentencias se imponen tras una sonrisa de afecto. “En un principio −señala−, tenía sólo imágenes muy tenebrosas de este hombre. Lo veía como un ser colérico y maníaco. Pero cuando leí la novela e investigué más a fondo, empecé a observarlo de otro modo”.
No sorprende que el dictador se granjeara una fama positiva en sus comienzos. “Idi −añade Whitaker− era también un hombre extraordinariamente encantador. Mi reto consistía en interpretar a un personaje realmente complejo, no sólo una imagen estereotipada”. Las contradicciones, según cree el actor, también resultaban muy reveladoras. “Amín era alguien que surgió no ya de la pobreza, sino de la más absoluta de las miserias. A menudo, se nos dice que no era inteligente, pero en realidad hablaba diez idiomas. Y creo que de verdad quiso construir más escuelas, crear hospitales y arreglar carreteras, pero que no encontró el mejor modo de hacer estas cosas. Luego, cuando empezó a temer que estaba perdiendo el poder, se convirtió en una persona tremendamente paranoica y se hizo una figura mucho más oscura”.
Cuando se coteja la interpretación de Whitaker con las imágenes de archivo, sorprenden las semejanzas, y ello vuelve aún más inquietante su presencia en pantalla. “Si bien no quería imitarle directamente −dice−, estudié cintas de Amín para ayudarme a entenderlo mejor como ser humano. Practiqué su forma de hablar y estudié suajili, porque ésta era su lengua materna. Mi mayor preocupación consistía en captar la esencia del hombre, en dar la sensación de que, al margen de como actuase, era una persona de carne y hueso”.
Copyright © de la fotografía: Guzmán Urrero, 2007. Reservados todos los derechos.

Copyright © Cuadernos de Cine y Letras, Guzmán Urrero Peña, Madrid, 2007. Reservados todos los derechos.
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