
Tim Burton, en el Hotel Meliá ME, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
DIÁLOGO CON TIM BURTON
Sweeney Todd
¿Cuál es la diferencia entre un musical de Broadway y un musical dirigido por Tim Burton? Echen un vistazo a Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet y comprenderán que esta película responde, por sí sola, a esa duda tan particular. Cuando Burton nos recibe en una sala del hotel elegido para la presentación, comprobamos que su inteligencia, pese al cansancio que implica entregarse a una gira promocional, funciona a pleno rendimiento.
GUZMÁN URRERO | 21 de enero de 2008
Asimismo en www.guzmanurrero.es: Diálogo con Álex de la Iglesia, John Hurt y Elijah Wood.
s un salón espacioso, casi funcional. Desde la mesa que lo preside, Tim Burton entrecruza sus dedos y nos observa complacido. No le hace falta ser muy intuitivo para saber que Sweeney Todd ha gustado a la prensa especializada.
A decir verdad, se trata de un musical vibrante, con un reparto excepcional –formidables Johnny Depp, Helena Bonham Carter y Alan Rickman–. Al borde del exceso, Burton construye una de las películas más redondas de su carrera. Todo fluye con un ritmo admirable, y el espectador sospecha que ni una sola secuencia está desprovista de talento. Original, bizarra y repleta de hallazgos visuales, Sweeney Todd es una cinta llamada a convertirse en pieza de culto.
Hay algo entrañable en el aspecto del director. Con el pelo enmarañado, la sonrisa incipiente y unas gafas de sol tras las que intuyo enormes ojeras, es de suponer que no invierte grandes dosis de imaginación en su estilismo personal. Se podría decir que es un nerd veterano, de esos que rezuman melancolía, humor negro y viejos secretos. En cierto sentido, nada separa ya al creador y a sus personajes.
uando le planteo mi primera consulta caigo en la cuenta de que Burton detesta las formulaciones enrevesadas. De hecho, su contestación es breve, pero no cortante. Mi pregunta peca de lo contrario: Sweeney Todd se estructura como un elaborado compendio de referencias. Siempre a contrapelo, tiene elementos del cuento de hadas, la novela gótica, la pesadilla expresionista y el gran guiñol –el feroz Theatre du Grand Guignol, creado Oscar Metenier a fines del XIX–. Y me da por pensar que todo ello permite dobles lecturas, como si Burton colocase miguitas de pan… citas destinadas a una minoría de enterados. ¿Es esto cierto o me lo imagino?
“Cuando asistí por primera vez a una representación de Sweeney Todd –me responde–, ya me di cuenta de que el montaje estaba basado en las convenciones del Teatro del Gran Guiñol. Se trataba de una historia sangrienta, y esa truculencia era muy importante para el desarrollo del relato... Cuando abordé esta versión, siempre tuve claro que quería ser impresionista y no realista. De hecho, eso era parte del espectáculo original, y no hubo otra intención que la de dejarlo tal y como estaba”.
La historia del barbero asesino Sweeney Todd es antigua. Se coció en el primer tramo del XIX, fue inmortalizada en folletines y en piezas teatrales como la de George Dibdin-Pit, un melodrama macabro que interesó al dramaturgo Christopher Bond. A este último se debe el montaje teatral que vio en Londres, allá por 1973, el compositor Stephen Sondheim. Inspirado por el libreto de Bond, Sondheim ideó el musical Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street estrenado en Broadway el 1 de marzo de 1979, con Len Cariou en el papel de Todd y Angela Lansbury como la Sra. Lovett.
Como sé que, gracias a un oportuno contrato, Sondheim tenía que aprobar esta versión de Tim Burton, y como también tengo noticia del escaso aprecio de éste por los musicales al uso, le planteo otra pregunta con su punto contradictorio: ¿En qué medida fue estimulante esa doble presión, por parte de Sondheim y de usted mismo, empeñado en evitar los clichés de Broadway?
“Disponer de música en el set de rodaje –me dice, ya sin ganas de entrar en honduras– fue muy estimulante. De ese modo, podía apreciar mejor el movimiento de los actores y sus reacciones ante la música. Era algo maravilloso, y propició que el reparto llevase su interpretación por vías inesperadas”.
as preguntas de mis compañeros periodistas abordan otros flancos. Por ejemplo, el margen de actuación del propio Sondheim. “En lo que se refiere al reparto –dice Burton–, Stephen Sondheim era quien daba el visto bueno. Aceptó a Johnny Depp antes de oírle cantar, pero el resto de los actores tuvo que someterse a una audición. De todos modos, Sondheim nos dejó libertad de acción, porque se dio cuenta de que esto era una película, y no una producción teatral. Así pues, estuvo muy abierto a los cambios, y de hecho introdujimos bastantes”.
A Sondheim los aficionados al musical lo hemos mitificado. Y con motivo. Vean qué historial: entre sus obras, figuran A Funny Thing Happened on the Way to the Forum, Company, Follies, A Little Night Music, Sunday in the Park with George, Into the Woods y Assassins. Por si no lo saben, también fue el letrista de West Side Story y Gypsy.
Sweeney Todd fascinó incluso al público recalcitrante. Por ejemplo, el propio Burton. “De la obra de Sondheim –dice el realizador– me gusta esa mezcla de música bella y emotiva con la imaginería propia de una cinta de horror. Además, tiene rasgos de humor y una trágica historia de amor. Se trata de algo muy singular”.
Usar el material de Sondheim es una baza segura para un cineasta. “La música y la letra de la obra original –dice Burton– influyó en cada detalle de este rodaje. Eso se ponía de relieve cada vez que Johnny alzaba la navaja, cuando los personajes se movían por la habitación… Incluso los planos eran sugeridos por las letras de las canciones. Todo el equipo acabó moviéndose al unísono. De hecho, no tuvimos que hablar mucho sobre los personajes porque todo estaba en la música. La partitura te cuenta su historia. Y es magnífico, porque, a veces, las emociones van a contracorriente de lo que te cuenta cada tema musical”.
Hasta el momento, ha habido oportunidad de elogiar a los actores y al propio director. La cita del maestro Dante Ferretti, encargado del diseño de producción, nos lleva por otro camino. Ferretti ha trabajado con Fellini, Pasolini, Terry Gilliam, Neil Jordan y Martin Scorsese.
“En un principio –dice Burton–, pensamos en la posibilidad de usar fondos digitales a causa del presupuesto. Luego las cosas cambiaron. Al intervenir un diseñador artístico de la talla de Dante Ferretti, nos dimos cuenta de que valía la pena recurrir a decorados físicos. Trabajamos con actores que no son cantantes, así que este tipo de ambientación nos parecía más confortable para ellos. Obviamente, hay alguna escena resuelta con efectos digitales, como el recuerdo imaginario de la Sra. Lovett en el mar, pero fundamentalmente empleamos decorados. Por otra parte, la pantalla verde que se usa en los efectos digitales resulta de lo más desagradable, y no nos apetecía tener a los actores en un ambiente así”.
l protagonista de la cinta es Johnny Depp, quien lleva más de una década colaborando con Burton. De hecho, Sweeney Todd es la sexta película que realizan juntos tras Eduardo Manostijeras, Ed Wood, Sleepy Hollow, Charlie y la Fábrica de Chocolate y La Novia Cadáver.
“He trabajado con Johnny –dice el realizador– en seis ocasiones, pero es como si hubiera trabajado con seis personas distintas. Cada vez que lo he visto, ha realizado una interpretación totalmente novedosa. Me encanta trabajar con él. Muchas personas lo catalogan como un galán, como un actor principal… pero en realidad, él es un actor de carácter, similar a aquellos intérpretes de las películas clásicas de terror. Por eso, para él, este de Sweeney Todd es un papel idóneo. Además, pudimos verle cantar. Es algo nuevo, que supone un nuevo paso, un nuevo capítulo en su carrera”.
Un compañero le pregunta por la relevancia que ha tenido en su labor el ejercicio de la animación. Burton, no lo olviden, fue uno de los jóvenes talentos de la factoría Disney. “La animación –responde– ha sido muy importante en mi carrera. El trabajo en este campo te exige dibujar, escribir, filmar… todo lo cual supone una experiencia completa para el cineasta. Por otra parte, en el dibujo animado, el diseño desempeña un importante papel. Por eso mismo, antes solía realizar el storyboard de cada película. Pero es algo que he dejado de hacer, porque, al trabajar con actores, es preferible la espontaneidad”.
Sondheim vigiló muy de cerca las pruebas de Helena Bonham Carter para el papel de la Sra. Lovett. “Ella –nos dice– tuvo que hacer una audición para obtener el papel. En lo que se refiere a canto, el suyo es el más difícil de todos los personajes. Por suerte, tuvimos el apoyo de Stephen Sondheim, quien se dio cuenta de que era mejor tener actores que cantasen en lugar de cantantes tratando de actuar”.
a siguiente pregunta tiene que ver con el encasillamiento: con ese perfil de Burton que lo relaciona con el expresionismo, lo gótico y cierta originalidad de marca. “Hay quien lo ve como algo negativo –dice–. En todo caso, siempre intento no convertirme en un producto homogéneo, de ésos que se venden a granel. Trato de mantenerme fiel a mí mismo y de ser quien soy. Esa es, justamente, la razón por la cual ya no vivo en Los Ángeles. Me di cuenta de que para poder defender esa individualidad no podía seguir allí”.
Para terminar, una pregunta se abre al futuro. Y es que, entre los planes de Burton, figura un remake de Frankenweenie, aquel mediometraje que rodó en 1984, y en el que mezclaba el Frankenstein de Mary Shelley con la típica película de niño con mascota. Toda una rareza en blanco y negro, tan disparatada como inolvidable.
“A lo largo de los años –señala el director–, he preparado varios proyectos que nunca llegaron a realizarse. Por lo tanto, no doy algo por seguro hasta que estamos haciendo la película. El primer Frankenweenie era una película con actores de carne y hueso. Ahora tanteamos la posibilidad de hacerla por medio de la animación. Los diseños originales tienen un significado muy especial para mí. En esta nueva versión, quiero capturar el espíritu de aquellos dibujos, de aquellas ilustraciones”.
Concluye el turno de preguntas, y sin atender al más mínimo protocolo, rodeamos a Burton para felicitarlo, para pedirle autógrafos, para hacernos fotografías a su lado… Ante un asalto de ese calibre, el realizador intenta lo imposible: mostrarse simpático mientras procura, a duras penas, localizar una puerta de salida.

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