
Juan Antonio Bayona y Belén Rueda en el Hotel ME Reina Victoria, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
DIÁLOGO CON JUAN ANTONIO BAYONA
El orfanato
En su primer fin de semana en las pantallas españolas, El orfanato recaudó 5.900.000 euros y fue vista por un millón de espectadores. Con esas cifras, este largometraje producido por Rodar y Rodar y Telecinco Cinema, con la participación de Warner Bros Producciones España, se convirtió en la película española más taquillera del año. Si a ello le sumamos su selección como candidata a los Oscar, en la categoría de mejor película en habla no inglesa, sobran las razones para entablar un diálogo con su director, Juan Antonio Bayona.
GUZMÁN URRERO | 15 de octubre de 2007
Esta es una versión expandida de un artículo que publiqué en el Centro Virtual Cervantes, portal en la red del Instituto Cervantes.
Asimismo en www.guzmanurrero.es: Diálogo con Jennifer López e Historia del cine de terror.
Mientras posa ante nuestras cámaras, Juan Antonio Bayona muestra una seguridad insólita en un director novel. En todo caso, quizá la procesión vaya por dentro. Los datos en torno a su película son, desde luego, abrumadores.
El orfanato llegará al público estadounidense a través de la distribuidora Picturehouse, que ya se encargó de comercializar El laberinto del Fauno, el largometraje hispano más taquillero de la historia del cine estadounidense. ¿La fecha de estreno? El próximo 28 de diciembre. Con ello, El orfanato podrá optar a cualquiera de las nominaciones de los Premios de la Academia de Hollywood.
Por si no lo saben, ésta es una película de terror. O por ser más preciso, una cinta que entraría dentro de esa categoría que los escritores victorianos llamaban ghost story.
El promotor del proyecto es el mexicano Guillermo del Toro, a quien Juan Antonio conoce desde hace años. “Durante una cena –nos dice–, salió a relucir el proyecto de El orfanato. Más tarde, volvimos a encontrarnos en Sitges y me dijo que quería intervenir en la película. Después de leer el guión de Sergio G. Sánchez, dijo que quería presentar el proyecto. Y me siento muy afortunado por ello. Él siempre se preocupó de que tuviéramos lo necesario para contar nuestra historia. Nos hizo sugerencias pero no insistió en sus propias ideas. A cambio, me pidió que, en el futuro, yo le produjera una película a un director novel. De algún modo, eso significa pasar nuevamente el testigo”.
Durante la charla que hoy se inicia con otros compañeros periodistas –charla organizada por el formidable departamento de prensa de Warner Bros–, el joven realizador dice algo que me llama poderosamente la atención: “Los analistas de guión de Sundance nos decían que la de El orfanato es una mezcla imposible de géneros. Y eso es precisamente lo que a mí me gustaba”.
Es en ese punto donde comprendo que Bayona es un heterodoxo que, sin embargo, maneja con soltura las convenciones. Partiendo de esa idea, le planteo varias preguntas que inciden en esa idea tan simple como provocadora.
En El orfanato has optado por el clasicismo, que es una manera muy legítima de abordar el terror y el suspense. Legítima, pero a contracorriente, ya que revela una amplia cultura audiovisual y literaria por tu parte y por parte del guionista…
Desde luego, fue un reto para Sergio G. Sánchez escribir el guión y mantener la tensión de una película que fuese capaz de contener dos lecturas a un mismo tiempo. Una más realista: la que narra el proceso cercano a la locura de Laura, el personaje que interpreta Belén Rueda. Y otra muy próxima a la historia clásica de fantasmas, con todos los ingredientes habituales en las películas de este tipo.
En todo caso, se nota que eres un seguidor del género…
No me siento reconocido en el género de terror que hoy triunfa. Creo que hay una saturación de efectos digitales. La nuestra es una película que se toma su tiempo y que se permite el lujo de detenerse en el relato y en los personajes. Por eso, en El orfanato quise que una premisa fuera la sencillez. Sencillez en la trama y también en la resolución. De hecho, para no caer en artificios, hemos recurrido al silencio como arma de sonido.
Como te decía, hay muchos elementos reconocibles, pero eso no hace que sea un largometraje rutinario. Más bien sucede todo lo contrario: creo que va a sorprender al público moderno.
Mi intención es que el espectador dude sobre si lo que está viendo es real o está en la mente de la protagonista. Precisamente hay un momento en que el marido de Laura, Carlos (Fernando Cayo), la acusa de estar montándose una película en la cabeza. En ese sentido, creo que estaba justificado que en la primera mitad de la cinta estuvieran representados todos esos lugares comunes, y también que éstos fueran reconocibles por parte del espectador. Este proceso inicial sirve para que ella construya esa historia que finalmente la lleva a encontrar su remanso de paz.
Eres autor de numerosos videoclips, y entre los grupos para los que has trabajado figuran Camela, OBK y Fangoria. Sin embargo, tu estilo escapa del artificio que ese formato ha traído al cine. ¿Ha sido una decisión pensada para El orfanato o es una marca personal con la que te sientes cómodo?
Yo provengo del videoclip. Diré más: de un tipo muy concreto de videoclip. Pero el lenguaje usado en mis videoclips musicales era muy cinematográfico. Muy clásico. No me limitaba a a hacer el típico playback con un señor frente a una pared… En realidad, se trataba de algo bastante más complicado… No lo sé… Es la forma que tengo de entender el cine.
Es tu estilo.
Cuando leía y visualizaba el guión de Sergio, entendí que todo en ese relato pasa por lo visual. Está claro que por mucha importancia que le des a lo visual, si lo que estás contando no es interesante, no llegará al espectador.
Cierto.
No me interesa plantear un ejercicio de estilo. Un movimiento de cámara tiene que contar algo. No tiene que ser una exhibición de conocimiento. Como decía, es mi forma de entender el cine, desde una perspectiva que se aproxima al cine de los setenta, y en concreto a cineastas como Steven Spielberg.
Dentro de esa década, hay tres largometrajes que tú has citado como referencia a la hora de expresar ese territorio que linda entre la pesadilla y la realidad: La semilla del diablo y El quimérico inquilino, de Polanski, y La profecía, de Richard Donner.
Ya que mencionas el clasicismo, te diré que antes de comenzar el rodaje, uno de los autores a los que acudí a modo de preparación fue David Lean.

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