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DIÁLOGO CON CAMERON DÍAZ, ANTONIO BANDERAS, JUSTIN TIMBERLAKE, CHRIS MILLER Y JEFFREY KATZENBERG (I)
En busca de Shrek Tercero
GUZMÁN URRERO | 13 de junio de 2007
¿De qué lado del éxito cae la belleza? ¿En cuál de sus niveles cabe enmarcarla? ¿Puede una estrella prescindir de la estética? Todo esto, planteado con menos sutileza y a toda prisa, es lo que me viene a la mente mientras fotografío a Cameron Díaz, a Antonio Banderas y a Justin Timberlake. Con esos tres nombres, creo que hay suficiente para pensar en el atractivo de esta sesión.

Defenderé, en beneficio de los de mi gremio, eso que se llama fortuna del reportero. Al fin y al cabo, conforta el ánimo pensar que la imagen más atinada –ésa que alcanza a distribuirse en los medios– llegará fácilmente si uno se sitúa frente a tres personajes como éstos. Saben posar, se manejan con gracia y la luz no tiene secretos para ellos. Así, nadie lo duda, todo se pone más fácil.
Como en broma, a Cameron parece divertirle la situación. A ver si me entienden: no sólo le hace sonreír el porqué de las cosas, sino las cosas mismas. Sonríe frente a los objetivos, ante un chiste de Banderas, al alisarse el cabello despeinado por la brisa. Con una gracia fresca y elemental, y contra la idea de algunos, demuestra que el optimismo puede equipararse al glamour si se administra oportunamente.
En el centro de esta compañía ambulante, se sitúan el director de Shrek Tercero, Chis Miller, y su productor, Jeffrey Katzenberg, responsable de la compañía DreamWorks Animation SKG.
Por si no lo saben, les comentaré que Katzenberg es uno de los tipos más importantes de la industria cinematográfica. Durante su etapa en Paramount, relanzó –ahí es nada– la franquicia Star Trek. Fue el gestor más brillante de los estudios Walt Disney durante su última etapa de esplendor (la que comienza con La sirenita y llega a la cumbre con El rey león). También fijó acuerdos decisivos con los estudios Pixar y Miramax, lo que equivale a decir que propició algunas de las operaciones más rentables que se han conocido en Hollywood.
En 1994, decidió crear DreamWorks junto a Steven Spielberg y David Geffen. Ni que decir tiene que la apuesta de Katzenberg por Shrek (2001) sirvió para establecer una de las marcas más rentables del dibujo animado.
Inspirado en un relato infantil de William Steig, aquel largometraje se convirtió en una máquina de hacer dinero. El resto de la historia es sobradamente conocida... Ante un argumento tan demoledor como la taquilla –1.400 millones de dólares en ingresos–, a la primera secuela se suma la que hoy nos reúne en torno a Cameron y el resto del equipo.
Siempre me han fascinado los productos que atraen a pequeños y mayores. ¿Saben algo? Éste me parece un ejercicio de acrobacia que funciona muy pocas veces. Por eso pregunto a Chris Miller y a Katzenberg sobre el control que ejercieron sobre el guión para conseguir que éste agrade a todas las generaciones. “Es cierto –responde Miller–. Shrek Tercero es una producción pensada para una audiencia lo más amplia posible. De ahí que abarque referencias destinadas a muy diversas edades. En definitiva, se trata de conseguir que cualquier espectador disfrute con nuestra película”.
¿Y la tecnología? ¿Cómo no admirar el prodigio digital de unos seres virtuales que se convierten en reales? “En lo que se refiere a la tecnología –añade Miller–, la cinta ha supuesto un gran paso adelante. El avance digital, desde luego, se advierte en las dos películas anteriores, pero en este caso es muy considerable”.
Cuando dirijo a Katzenberg la misma pregunta que he hecho a Miller, el productor confirma lo dicho por el cineasta. Pero hay algo más, que sale a relucir minutos después. “Cuando hicimos la primera película –dice–, pensamos que la propuesta era tan arriesgada que era difícil…, muy difícíl saber qué iba a ocurrir con ella en términos comerciales. El éxito fue grande, y eso nos permitió desarrollar la historia. En un principio, pensamos en rodar cuatro capítulos más, y luego ampliamos el proyecto a cinco episodios consecutivos. En cierto modo, es algo similar a lo que sucede con el ciclo de Harry Potter, cuya autora J.K. Rowling definió en siete entregas. Y lo mismo ocurre con otras sagas, como El Señor de los Anillos o Star Wars… Por otro lado, la franquicia de Shrek también va a dar lugar a un musical. Lo preestrenaremos el próximo verano en Seattle, y llegará a los escenarios de Broadway a principios del año próximo. El equipo encargado de ponerlo en marcha es formidable, e incluye a profesionales de la talla de Sam Mendes, que se encarga de producirlo. La historia de ese musical parte del primera capítulo de la saga. Pero aún estamos en la fase de elegir el reparto”.

Creo haberles contado alguna vez que Cameron Díaz no aspira a parecer culta o comprometida. Con una naturalidad contagiosa, responde a nuestras preguntas con toda la gracia de que es capaz... Que es mucha.
“Cuando grabé las sesiones de la primera entrega –dice–, yo no sabía nada de la princesa Fiona. De hecho, ni siquiera recibí un guión, así que tuve que aprenderlo todo sobre la marcha: así fue como memoricé mis frases, desarrollando el personaje a toda prisa. Prácticamente, hubo que sacar a Fiona del story-board. En realidad, yo soy un poco lenta, y me cuesta meterme en los papeles. Por eso todo aquello fue un reto. En esta tercera entrega, ya tengo una idea más clara de la princesa Fiona. Comprendo su evolución y en qué se está convirtiendo como ogresa. De verdad, me encanta y es un honor interpretarla, así que me siento muy unida a ella”.
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Copyright © de las fotografías (centro e inferior): Guzmán Urrero, 2007. Reservados todos los derechos. Imagen superior (Justin Timberlake, Cameron Díaz y Antonio Banderas) reproducida por cortesía del departamento de prensa de Paramount Spain.

Copyright © Cuadernos de Cine y Letras, Guzmán Urrero Peña, Madrid, 2007. Reservados todos los derechos.
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