
Ben Affleck, hoy en Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
DIÁLOGO CON BEN AFFLECK
Adiós, pequeña, adiós
Dado el rumbo actual de Hollywood, es raro que una película policiaca resulte tan profunda, apasionante y provocadora. Adiós, pequeña, adiós (Gone, Baby, Gone) narra la historia de una niña que desaparece y de una pareja de detectives que sale en su búsqueda. Escrita y dirigida con un talento excepcional por Ben Affleck, la cinta llega esta semana a nuestras pantallas. Como hoy tendremos ocasión de comprobar, Affleck es un narrador nato y un tipo encantador. De visita en España, nos revela todos los secretos sobre un rodaje lleno de apasionantes experiencias.
GUZMÁN URRERO | 30 de octubre de 2007
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a pelicula se desarrolla en la ciudad de Boston, donde yo me crié. Y eso me llevó a reproducir sus ambientes con la mayor autenticidad posible. Sinceramente, me esforcé en esto tanto como pude. Y creo haberlo conseguido”.
Affleck responde con voz tranquila a mi primera pregunta. Le acabo de comentar lo mucho que me sorprende el tono casi documental de Adiós, pequeña, adiós. La historia se ambienta en Dorchester, un barrio obrero de Boston. Es el escenario donde una cría de cuatro años, Amanda McCready, desaparece sin dejar rastro. Una entrañable pareja de detectives, Patrick Kenzie (Casey Affleck) y Angie Genarro (Michelle Monaghan) se dedica a recorrer sus calles en busca de la niña desaparecida.
“Quizá este trabajo de ambientación –me dice– sea algo que una audiencia internacional no puede apreciar. De hecho, si yo estuviera viendo una película española, no sé hasta qué punto sería capaz de apreciar las diferencias entre, por ejemplo, Barcelona y Madrid. No lo sé… pero el caso es que procuré transmitir el sentimiento propio de las calles de Boston y el acento de sus habitantes. De ahí que rodase una buena cantidad de metraje casi documental”.
Pregunto a Affleck por las diversas facetas de esa ambientación tan realista. Sé que estudió la textura urbana de Dorchester con el director de fotografía John Toll, ganador de dos Oscars por Leyendas de pasión y Braveheart. En cualquier caso, y sin perjuicio de que más adelante podamos elogiar los esfuerzos de la diseñadora de producción Sharon Seymour, mi mayor interés se concentra en el reparto, que luce un impecable acento de Boston.
“Recurrí a actores no profesionales –me responde– para emplearlos en pequeños y en grandes papeles. A la hora de la verdad, llevé a cabo un experimento a dos niveles. Por un lado, tenía esas tomas documentales y esas interpretaciones no profesionales. Y por otro, disponía de las tomas, digámoslo así, convencionales. Mi propósito fue entretejerlas… tramarlas como si se tratase de un tapiz, de modo que ambos niveles quedasen interpolados. En definitiva, lo que pretendía con este procedimiento era darle mayor autenticidad al relato”.
l resto de compañeros que acude a la presentación plantea a Affleck nuevas incógnitas. En general, nos atrae la comparación entre el guión de Adiós, pequeña, adiós y la novela de Dennis Lehane en que se inspira. Antes de escribir Mystic River, Lehane ideó una serie de novelas sobre una pareja de detectives del sur de Boston, Patrick Kenzie y Angie Genarro. El cuarto de los libros protagonizados por ambos, Gone, Baby, Gone, es el que Affleck escogió para componer su producción.
“El aspecto de la corrupción policial –nos dice– ya estaba presente en el libro. A la hora de trasladarlo al guión, lo entendí como un desarrollo del proceso de investigación que sirve de hilo conductor a la historia”.
Una cosa es, como mínimo, segura: Kenzie y Genarro personifican los dos extremos de un dilema moral tan poderoso que casi aturde al espectador. En cierto modo, hay unas líneas del diálogo de Patrick Kenzie que vienen a definir el contexto en el que ese conflicto se pone en juego. “Cuando era pequeño –dice Kenzie– le pregunté a mi sacerdote cómo se podía ganar el Cielo y protegerme de todo el mal que hay en el mundo. Me contó que Jesús le había dicho a sus discípulos: Os envío como corderos en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas”.
ffleck es consciente del complejo transfondo ético que nos propone. “En un momento dado –añade–, se plantea en la película si el fin justifica los medios. Esto último era algo que yo quería realzar en Adiós, pequeña, adiós. No en vano, el libro de Lehane, y por consiguiente la historia que se cuenta en la película, tiene una dimensión filosófica. Una dimensión que está relacionada con esa ambigüedad moral de la que hablaba. No es fácil juzgar a los personajes porque, en este caso, el mal y el bien no son fáciles de identificar. Todo ello es algo que me permitía ir más allá de las convenciones habituales en el thriller criminal. A decir verdad, mi propósito era rodar una película que incitase a la reflexión y al diálogo… Una cinta que fuera más sugestiva y perturbadora que la mayoría de las películas a las que nos tiene acostumbrados la cartelera”.
Sugestiones, las expresadas y las intuidas, que dan motivos para la reflexión.
“Otro de los elementos que se integran en la historia –dice Affleck– es la atención que los medios de comunicación suelen prestar a este tipo de crímenes. Obviamente, se trata de sucesos propensos al sensacionalismo, que galvanizan la atención popular y exigen una amplia cobertura. En la novela de Lehane, éste es un aspecto muy importante. Es más: Lehane es sumamente crítico con los periodistas. Pero este es un camino que no deseaba tomar, entre otras cosas porque eso me hubiera llevado a montar un largometraje de siete horas. Por otra parte, hay un factor que me preocupaba: no quería que esa reflexión negativa fuera confundida con mi propia opinión. Así pues, como no quería que todo eso distrajera al público de la parte relevante de la historia, lo dejé como un sustrato, en segundo plano”.
En los Estados Unidos desaparecen dos mil niños cada día. Ése dato, en boca del director, le sirve para darnos a entender que esta película tiene un sustrato muy real. Con todo, es curioso que se le hayan buscado tantas similitudes con el caso de Madeleine McCann. A decir verdad, la película no se parece en casi nada a la desaparición de la niña inglesa. Lo cual me lleva a creer que los periodistas que insisten en el supuesto parecido aún no han visto el largometraje.
“La novela de Lehane –aclara Affleck– me llegó por azar. Un conocido me la recomendó, la leí y quedé fascinado por ella. De inmediato, pensé que esta era una historia excelente para adaptarla en forma de película y dirigirla. Soy consciente de las similitudes que se han buscado entre su argumento y sucesos recientes. Pero la verdad es que este libro se escribió hace diez años, y rodamos la película durante la primavera del 2006. Por consiguiente, la historia es totalmente independiente de cualquier suceso actual”.
l desarrollo del proyecto fue bastante azaroso. El productor Alan Ladd, Jr. Ladd había comprado los derechos del libro de Lehane Prayers for Rain. A través de dicha compra, Ladd se hizo también con los derechos de los personajes de Kenzie y Gennaro. Affleck se interesó por Adiós, pequeña, adiós, y le expuso a Ladd su deseo de escribir una adaptación.
Eligió como coguionista a un buen amigo suyo, Aaron Stockard, compañero suyo desde que fueron juntos al instituto en Boston. Desde que leyeron el libro de Lehane, ambos eran conscientes de que la desaparición de niños es un asunto que puede tornarse comprometido y doloroso para un escritor.
“El tema que aborda la película es sumamente delicado –nos dice el realizador–. Tanto es así que, para poder afrontarlo a lo largo de un periodo tan prolongado, fue indispensable que lo separase de mi vida personal. Por decirlo así, me distancié del contenido de la película. Trabajé como lo haría un arquitecto o un ingeniero. Una vez dicho esto, la verdad es que había dias en los que era muy difícil no sentirse afectado. En todo caso, procuré establecer esa barrera psicológica como una suerte de mecanismo defensivo. Un mecanismo malsano, pero necesario”.
La confianza depositada en él por Alan Ladd, Jr. funciona como un talismán. Lo mismo puede decirse sobre la intervención en su película de actores tan formidables como Ed Harris y Morgan Freeman. No obstante, a diferencia de lo que sucede con otros actores convertidos en cineastas, Affleck es muy consciente de que no conviene mezclar tareas y objetivos.
“En este caso –explica–, no quise actuar al mismo tiempo que me ponía detrás de la camara. No pensé que fuera posible hacer las dos cosas bien. Y quería enfrentarme a un proyecto como director porque lo considero un desarrollo natural de mi experiencia artística en el cine. Desde luego, deseo seguir actuando y también deseo escribir nuevos guiones. Lo haré, en la medida en que me surjan buenas oportunidades en ambas facetas”.

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