
Elijah Wood y John Hurt, juntos en el Hotel Intercontinental © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
DIÁLOGO CON JOHN HURT Y ELIJAH WOOD
Los crímenes de Oxford
Basada en la novela Los crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez, llega a las pantallas la película del mismo título. En compañía de su director, Álex de la Iglesia, y de sus dos protagonistas, John Hurt y Elijah Wood, conoceremos hoy los secretos de una de las producciones españolas más esperadas de la temporada.
GUZMÁN URRERO | 14 de enero de 2008
Esta es una versión expandida de un artículo que publiqué en el Centro Virtual Cervantes, portal en la red del Instituto Cervantes.
Asimismo en www.guzmanurrero.es: Caballeros, truhanes e indeseables. Diálogo con Arturo-Pérez Reverte.
Llega el momento este tan agotador de la promoción, pero habrá que llevarlo con entereza y dignidad. Todo por la película. La promoción es como el turrón en Navidad. Nadie quiere, pero si no hay, te agobias. La Navidad sin turrón no es Navidad”.
Éstas son las reflexiones que, hace unos días, publicaba Álex de la Iglesia en su blog. Se ha dicho, y con razón, que los encuentros con la prensa anteriores a un estreno sirven de poco a los entrevistadores. Hay algo deliberado en las respuestas, y los nervios están a flor de piel. Incluso cineastas que son un milagro de sensatez y de inteligencia pasan por cierta inquietud cuando los micrófonos se encienden.
¿Existe, en un momento así, alguna réplica que no sea promocional? Quién sabe. En todo caso, Álex pone una voluntad admirable en el empeño. Sabe persuadir, tiene talento y su simpatía no ha dejado de granjearle seguidores.
La película que hoy nos presenta, Los crímenes de Oxford, narra una historia inteligente y misteriosa. Todo comienza cuando una vieja dama británica aparece muerta en su casa, no lejos de Oxford. El crimen, de una sutileza extraordinaria, es investigado por dos hombres: Arthur Seldom, un veterano profesor de Lógica, y Martin, un joven estudiante norteamericano, que ha ingresado en la universidad con el deseo de que el Seldon dirija su tesis.
El punto de partida es convencional, pero no cabe decir lo mismo sobre los métodos empleados por Seldom y Martin. En su caso, la deducción es una disciplina académica, y la cadena de crímenes, una oportunidad para poner a prueba su inteligencia. Como resultado, el espectador se divierte, reflexiona, y al terminar la proyección, agradece que se le haya hecho partícipe de un juego de semejante calibre.
Elijah Wood, en la piel de Martin, y John Hurt, como la encarnación de Arthur Seldom, componen un dúo irresistible en la pantalla, y debo añadir que sucede lo mismo cuando uno se los encuentra en persona. Como ya dije, nunca fui un entusiasta de los interrogatorios, por lo general apresurados, que tienen lugar poco antes del estreno de una película. Y sin embargo, les confieso que me siento afortunado de haber podido plantear las siguientes preguntas a Álex de la Iglesia y a esos dos imponentes actores que son Wood y Hurt.
Es posible asociar Los crímenes de Oxford con la literatura, con el teatro… Digo esto porque el peso de la película estriba en los diálogos. Me imagino que esto supone un desafío para un director como tú, con un estilo muy volcado en lo visual.
Álex de la Iglesia. Esa es, precisamente, la razón por la que he hecho la película. En principio, se trata de una película de misterio, muy clásica. Una murder mystery movie, una película de crímenes, como las antiguas, en las que hay que descubrir quién es el asesino… Lo que pasa es que transcurre en un ambiente universitario. Los protagonistas son un profesor de lógica y un alumno de matemáticas. Así pues, el punto de vista es diferente. La acción, como tú dices, no ocurre tanto en lo que hacen los personajes como en lo que dicen los personajes. Y eso es lo que me resultó más atractivo cuando Gerardo Herrero me planteó este proyecto. Tuve que cambiar el punto de vista a la hora de dirigir, y centrarlo en los diálogos, y sobre todo, en los personajes. Y sin duda alguna, estamos haciendo una película de entretenimiento, una película de acción y misterio. Lo maravilloso era buscar la manera de emplazar la acción en los diálogos sin que perdiera un empaque visual que yo quería que tuviera la película. Ese encuentro, esa confrontación de dos aspectos que en una primera lectura pueden parecer contradictorios, es lo que me resultaba atrayente como director.
Tanto Elijah Wood como John Hurt interpretan a tipos extremadamente inteligentes. Hombres de una claridad mental admirable, sin excluir cierta dosis de obsesión. Teniendo en cuenta que la cinta se desarrolla en Oxford, y que salen a relucir matemáticos y filósofos que vivieron realmente, quiero saber cómo plantearon ustedes dos la elaboración de sus personajes. ¿Fue un trabajo exclusivamente imaginativo o contaron con algún punto de referencia, digamos, auténtico?
John Hurt. Mi respuesta a esa pregunta es la misma que dio un gran actor británico a un joven y sincero entrevistador. El periodista interrogaba al intérprete desde todos los ángulos posibles: cómo te acercas a esto, cómo logras lo otro, cómo enfocas aquello y te introduces en el esquema del personaje… El actor lo paró y dijo: “Yo pretendo hacerlo, chico”… Verás, en ocasiones hay que decir cómo trabaja uno, qué hay en el corazón de un actor. Y la simple verdad es que recopilas experiencias propias y ajenas, cosas que has oído, que has conocido y que crees que podrían contribuir a tu trabajo. Las sitúas en tu mente, las mezclas y esperas que de todo ello salga un buen vino.
Elijah Wood. Estoy de acuerdo. Los personajes a quienes interpretamos son grandes conocedores de la lógica y las matemáticas… Lo cierto es que a mí se me daban terriblemente mal las matemáticas en la escuela. Nunca me gustaron y siempre me sentí fascinado por aquellos que eran buenos y que además disfrutaban con esa disciplina. Me parecía que era una maravillosa combinación. En esta película, las claves ya estaban en el diálogo y en los personajes. Lo que es más importante de ellos no es lo que dicen o lo que conocen, sino lo que está en su interior. Como actores, nuesto papel consiste en ser el hilo conductor de ese contenido, para darle alma.
Quizá me expliqué mal, pero mi pregunta no se refería tanto a su labor interpretativa como al hecho de que extrajeran elementos de un contexto real…
Álex de la Iglesia. John Hurt ha sido profesor en Oxford, así que el personaje lo tenía muy próximo. A lo mejor no le apetece hablar de ello, pero John ha estado muy cerca de profesores, y la ciencia no es una cosa que le resulta ajena. Pero a lo mejor él prefiere no decirlo porque así es todavía mejor actor.
Señor Hurt, sé que el talento de un buen director no tiene que ver con su nacionalidad. No obstante, este caso es peculiar, porque Los crímenes de Oxford presenta una ambientación inequívocamente británica y Álex de la Iglesia es un realizador español. ¿Notó alguna peculiaridad en su forma de enfocar el relato que fuera singular para usted? ¿Algún detalle que quizá no hubiese propuesto un cineasta anglosajón?
John Hurt. En mi carrera no he trabajado con dos directores que fueran iguales. Pero Álex tiene una manera especial de plantearse este trabajo. Aunque su inglés no es particularmente fluido, y en ocasiones se enfrentó a la dificultad del lenguaje, posee un método peculiar para comunicarse con los actores. De algún modo, es capaz de precisar todo aquello que quiere de ti. En este caso, no sólo desplegó su pasión y su arrolladora personalidad, que es incuestionable, sino una constante curiosidad por las implicaciones filosóficas de la historia. Álex vive en un estado de curiosidad permanente, y fue maravilloso trabajar con él.

Copyright © Cuadernos de Cine y Letras, Guzmán Urrero Peña, Madrid, 2007. Reservados todos los derechos.
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