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"Valkiria / Operación Valquiria", de Bryan Singer Imprimir E-mail



Valkiria, de Bryan Singer






Valkiria (Valkyrie) © Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, United Artists y Bad Hat Harry Productions, 2008. Cortesía del Departamento de Prensa de Hispano Foxfilm. Reservados todos los derechos.

Director: Bryan Singer.
Reparto: Tom Cruise, Kenneth Branagh, Bill Nighy, Terence Stamp.
Guión: C. McQuarrie, N. Alexander.
Producción: MGM, United Artists.
Año: 2008.



a película de Bryan Singer narra la principal hazaña de la Resistencia alemana: su intento de asesinar a Hitler y provocar el colapso en el régimen nazi. La citada operación –el llamado Complot del 20 de julio– tuvo un triste final, y sin embargo, no hay nada más épico que el fracaso de un puñado de héroes.

Hollywood es consciente de esto último. Coloreándolos inteligentemente, el cine ha convertido desastres históricos en cintas llenas de euforia. No hace falta que les recuerde La carga de la brigada ligera y Murieron con las botas puestas para demostrar esta habilidad que tienen unos cuantos elegidos –bendito sea Raoul Walsh– para convertir las calamidades del pasado en películas memorables.

En manos de Singer, Valkiria se convierte en un eficacísimo y perturbador thriller de suspense. El mérito, créanme, no es pequeño, dado que conocemos de antemano el desenlace.

Sin didactismo, respetuoso con los pequeños detalles de la historia, el cineasta agota todas las posibilidades visuales que le brinda el sólido guión de Christopher McQuarrie y Nathan Alexander.

inger es un realizador de alta precisión, que desglosa las secuencias conociendo de sobra lo que se cuece en el espíritu de sus personajes. Sin embargo, esta vez no descubre ni analiza sentimientos. Al final, confía en los sobrentendidos para ahorrarse ciertas explicaciones psicológicas, aparentemente resumidas en el valor de una pausa o la grandeza de un gesto.

Aunque legítima, no parece la mejor opción, sobre todo cuando uno cuenta con un reparto en el que compiten pesos pesados como Tom Cruise, Kenneth Branagh, Bill Nighy, Tom Wilkinson, Thomas Kretschmann y Terence Stamp.

En todo caso, pese a que el viaje interior de los personajes no llega todo lo lejos que debiera, las interpretaciones y la realización técnica tienen calidad y clase a raudales.

Valkiria no es un clásico imperecedero, pero tampoco defraudará a una mayoría de espectadores.

(Copyright © Guzmán Urrero Peña)


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asada en una asombrosa historia real, Tom Cruise encarna al Coronel Claus von Stauffenberg en la película de suspense Valkiria, una crónica del valeroso e ingenioso plan para eliminar a uno de los mayores tiranos que ha conocido el mundo.

El coronel Stauffenberg es un orgulloso militar y leal oficial que ama a su patria, pero que ve con horror cómo la ascensión de Hitler ha desencadenado la Segunda Guerra mundial.

Mientras continúa con su carrera militar, espera que alguien encuentre la manera de detener a Hitler antes de que Europa y Alemania queden destrozadas. Pero al darse cuenta de que el tiempo se agota, Stauffenberg decide que debe pasar a la acción y, en 1942, intenta persuadir a los comandantes de más experiencia del frente oriental para enfrentarse y derrocar a Hitler.

espués, en 1943, y mientras se recupera de las heridas sufridas en combate, Stauffenberg se une a la Resistencia Alemana, una antigua conspiración civil anti–Hitler compuesta por hombres ocultos en los máximos cargos del poder.

Este grupo conspiró para asesinar al dictador y derrocar al gobierno nazi, empleando la ingeniosa estrategia de utilizar el propio plan de emergencia de Hitler para estabilizar el gobierno en caso de su fallecimiento (la Operación Valikiria), pero eliminando en su lugar a los que estaban en el poder y paralizando el régimen hitleriano.

Con todo dispuesto, y con el futuro del mundo, el destino de millones de personas y las vidas de su mujer e hijos en la balanza, Stauffenberg se ve impulsado a pasar de ser un mero opositor de Hitler como tantos otros, a ser quien es el encargado de matarle personalmente.

Tabla de contenidos

Comienza la historia

Bryan Singer se enfrenta a una historia real

Tom Cruise como el Coronel Claus von Stauffenberg

Breve historia de la resistencia alemana contra Hitler

Comienza la historia

ryan Singer inició su carrera cinematográfica con el aclamado thriller de suspense Sospechosos habituales y continuó trayendo el mundo del cómic a la gran pantalla con X–Men y Superman, aportando también su originalidad dinámica. Su estilo de dirección es conocido por su capacidad para mantener en vilo al público mediante una tensión y una narrativa apasionantes. Pero con Valkiria, Singer importa esas habilidades cinematográficas a un tipo de historia completamente diferente: la verdadera historia del valor extremo dentro del régimen nazi.

Aunque los eventos y héroes representados en Valkiria son reales, comparten mucho con el tipo de historias y personajes que siempre han atraído la atención de Singer. Al respecto, Chris Lee, productor ejecutivo de la película y colaborador desde hace mucho de Singer, señala: «Lo que siempre hace destacar a las películas de Bryan son la complejidad de sus personajes, las emociones y la ausencia total del maniqueísmo, y todo ello combinado con un gran sentido del ritmo y la acción. La capacidad de Bryan para equilibrar un gran número de personajes fascinantes se inició ya con Sospechosos habituales, y continuó con la saga de X–Men. Ahora eso mismo contribuye de forma poderosa al mosaico de personas excepcionales que componen Valkiria».

La historia de Valkiria le llegó a Singer a través del guionista Christopher McQuarrie, antiguo colaborador suyo que obtuvo un Oscar por su guión de intrincada construcción para Sospechosos habituales.

En el invierno de 2002, McQuarrie se hallaba en Berlín investigando para otro proyecto cuando, durante una visita por la ciudad, pasó por la calle Stauffenbergstrasse, en honor del integrante de la Resistencia Alemana Claus von Stauffenberg. Allí descubrió el Benderblock, emplazamiento de un monumento a la Resistencia Alemana que McQuarrie encontró profundamente conmovedor. «Berlín es una ciudad de monumentos», le dijo el guía a McQuarrie, «pero éste es el único monumento verdadero para cualquier alemán que luchase en la Segunda Guerra Mundial».

«Desde luego, quise saber más –comenta McQuarrie–; aquí aconteció un episodio de la historia tan complejo como extraordinario, y la mayoría de la gente fuera de Alemania no ha oído hablar nunca de ello. Se trata de una historia que reveló que no todos los alemanes apoyaban a Hitler, que había toda clase de resistentes, incluyo algunos militares, y unos pocos estaban dispuestos a dar el paso y decir basta. Cuanto más averiguaba, más me convencía de que podría ser una gran película».

Y así empezó todo. Continuando con su investigación, McQuarrie se sintió atraído por Stauffenberg y su papel clave en el complot de asesinato de Hitler el 20 de julio de 1944, incluyendo su propia participación a la hora de transportar la bomba que pretendía cambiar el mundo. McQuarrie fue desarrollando su fascinación por el motivo que bien puede impulsar a algunos hombres a emprender determinados actos de gran audacia y profunda consciencia cuando se encuentran entre la espada y la pared. Comenzó a ver la historia no sólo como un relato de suspense creciente, sino como una historia sobre el precio del valor y la forma de reaccionar ante el peligro extremo.

«Un tema que siempre me atrajo es el de aquéllos que se ven forzados a abrir los ojos ante la realidad y, al hacerlo, se convierten en mejores personas», comparte McQuarrie. «Stauffenberg y sus colegas de conspiración eran todos hombres de familia, con mujeres y niños, así como de reconocido prestigio. Sabían que participaban en una empresa con escasas probabilidades de éxito, y sabían que si fracasaban ello implicaría cierto grado de destrucción. Con este relato pretendíamos rendir homenaje a ese aspecto».

McQuarrie llamó entonces a su coguionista Nathan Alexander para que iniciase la tarea de investigar sobre la complicada vida de Stauffenberg y, más importante aún, sobre las complejas maquinaciones del complot para asesinar a Hitler y remplazar su gobierno autoritario mediante un audaz golpe. Según Alexander, comenzó escudriñando libros, artículos, transcripciones de juicios y material de archivo, pero su emoción fue creciendo por el potencial de contar esta historia de una forma fresca y absorbente. «Stauffenberg es un personaje fascinante desde el principio, es un carismático oficial alemán con un sólo ojo y una sola mano», comenta Alexander, «cuanto más averiguaba sobre él, más crecía mi fascinación por quién fue y por cómo llegó finalmente a hacer lo que hizo».

nicialmente, McQuarrie y Alexander dejaron que toda esa investigación impulsara la narración de Valkiria. «No empezamos con una agenda –dice McQuarrie– literalmente empezamos reproduciendo los hechos. Poco a poco empezamos a comprender que se trataba de una historia controvertida, en las que existen aún múltiples opiniones sobre quiénes eran esos hombres, desde Stauffenberg a Beck u Olbricht, y qué era lo que cada uno quería. Así que nuestro enfoque consistió en contar la historia lo más sinceramente posible en dos horas, mientras transmitíamos cierta presión y suspense a un público contemporáneo. En mitad del relato de tan apasionante historia, quisimos reproducir fielmente el espíritu que impulsó a aquellos hombres».

Mientras escribían el guión, ambos desarrollaron un singular proceso: Alexander escribiría un borrador extremadamente detallado y centrado estrictamente en la secuencia histórica, y continuación McQuarrie lo convertiría en un borrador centrado en maximizar el efecto dramático. «Pasábamos de uno a otro enfoque hasta que el péndulo se detuviese en un punto intermedio entre ambos», indica McQuarrie.

Finalmente, descubrieron que el drama y la tensión del relato era algo inherente a los acontecimientos reales de esta misión. Los únicos cambios significativos que McQuarrie y Alexander introdujeron a los hechos reales consistieron en comprimir el tiempo (a fin de encajar en la estructura de un guión cinematográfico de 2 horas), y reducir el número de personajes involucrados (puesto que alrededor de 200 personas fueron ahorcadas por su implicación y alrededor de otras 700 fueron detenidas por su relación directa con la conspiración del 20 de julio, sin embargo una narrativa cinematográfica perfectamente sincronizada sólo es capaz de seguir a un puñado de personajes clave).

McQuarrie y Alexander tuvieron que enfrentarse a un desafío singular para mantener el suspense del relato ante un público moderno, al fin y al cabo el destino final de Hitler ya no resulta una sorpresa para nadie. Descubrieron sin embargo que la colocación de la bomba sólo era la mitad de la historia. Las consecuencias y la ejecución de la operación Valkiria estaban tan repletas de sorpresas –desde las fatales dudas al auge de la valentía— que permitían mantener la tensión in crescendo.

«La tensión de la historia se centra en el afecto que desarrollamos por esos personajes», dice McQuarrie. «El suspense radica en que somos testigos de lo que debe pasar cada uno de esos hombres a medida que van eligiendo unirse al complot, y las decisiones que toman en relación con su fatídica ejecución».

ientras que por un lado McQuarrie y Alexander desarrollaron un profundo respeto por los que se involucraron en la Resistencia Alemana, por otro lado tuvieron que luchar contra el hecho de que esos hombres de honor y principios prestaron servicio a Hitler en un primer momento, especialmente a sabiendas de las atrocidades cometidas en los campos de concentración.

Señalan que muchos miembros del ejército no adivinaron hasta qué punto podrían existir las condiciones inhumanas bajo el mandato de Hitler hasta que fue demasiado tarde. Esos mismos hombres asumieron igualmente con seriedad su compromiso con el pueblo alemán (sellado mucho antes de que Hitler llegase al poder).

Muchos miembros de esa resistencia se debatieron entre el juramento prestado y la urgente necesidad de derrocar a su jefe de estado en plena guerra.

 «Se trataba de una cultura en la que la gente creía de verdad que cuando uno daba su palabra, era para toda la vida. Estos hombres habían prestado un juramento de lealtad a Hitler –comenta McQuarrie– pero finalmente concluyeron que Hitler había roto su juramento para con el país a causa de las atrocidades perpetradas por él mismo y por sus ministros. Se dieron cuenta de que tenían que hacer algo por el bien de un futuro diferente, incluso si ello implicaba el ser vilipendiado como traidores por sus compatriotas. Fue un angustioso dilema moral».

Casi todos los mejores y más brillantes militares provenían de la clase aristocrática, eran patriotas de toda la vida que se habían incorporado al ejército respondiendo a su sentido del deber durante la I Guerra Mundial o, como en el caso de Claus von Stauffenberg en 1926, mucho antes del auge y ascenso de Hitler. Gran parte de esos hombres cuestionaban las políticas de Hitler ya a mediados de los años 30, mientras se incrementaba la agresividad militar y la violencia del país contra los judíos y otros pueblos.

«En aquella época existía un fuerte sentimiento de que todo aristócrata tenía el deber de servir a su país y al pueblo, motivo por el cual muchos se alistaron al ejército, incluyendo Stauffenberg, Tresckow y Olbricht», explica McQuarrie. «Pero muchos de esos hombres se oponían a los postulados nazis desde el principio, y fue creciendo su desilusión hacia Hitler según avanzaba la guerra y comenzaban a llegar noticias sobre el destino que sufrían judíos y rusos».

El infame tratamiento a los judíos, a los civiles rusos y a los prisioneros de guerra en toda Europa resultó un punto de inflexión para muchos, Stauffenberg incluido. Comenta Bryan Singer que «me sorprendió averiguar gracias a esta investigación que muchos miembros de la resistencia militar pronto sufrieron un grave impacto ante el tratamiento que se dispensó a los judíos y la verdad sobre las ejecuciones en masa. Aquello les impulsó a sentir que tenían que hacer algo sin importarles el coste».

Otro punto clave de la estructura del guión sería la revelación de la vital importancia de la Operación Valkiria, el plan nacional de emergencia que el propio Hitler había establecido para proteger al gobierno de los disturbios civiles en caso de su muerte. Dicha orden instaba al Ejército de Reserva alemán para que tomase el mando de las instalaciones claves del gobierno hasta que se pudiese restaurar el orden, un hecho que los conspiradores intentaron utilizar inteligentemente a su favor. Alterando de forma secreta el intrincado plan, la resistencia esperaba asesinar a Hitler y recuperar Alemania de manos de los nazis, instalando su propio gobierno durante el caos subsiguiente.

«Queríamos dejar claro que asesinar a Adolf Hitler no era suficiente, porque ello no garantizaría la caída de su gobierno nazi. También tenían que encontrar la forma de hacer caer el régimen», dice McQuarrie. «Por eso Stauffenberg y los demás conspiradores utilizaron la Operación Valkiria para que pareciese que el círculo íntimo de Hitler le había asesinado y que estaba intentando tomar Berlín. Haciéndose pasar por el gobierno legítimo, la resistencia movilizaría rápidamente al Ejército de Reserva para arrestar a los acólitos de Hitler y asumir el control del gobierno».

¿Podría haber tenido éxito la Operación Valkiria si todo hubiese funcionado a la perfección, es decir, si el plan no se hubiese desmoronado a causa de muchos pequeños pero devastadores fallos?

«Creo que sólo podemos especular sobre si hubiese o no funcionado», afirma McQuarrie. «Nadie puede afirmar qué habría pasado exactamente porque existían demasiados factores en juego. Pero sí existen pruebas que apuntan a que podría haber tenido éxito. Y al final, creo que los conspiradores lograron aquello que más esperaban: lograron demostrar al mundo entero que los alemanes estaban dispuestos a plantar cara».

Bryan Singer se enfrenta a una historia real

uchos podrían pensar que Valkiria es un comienzo para Singer, pero aquéllos que conocen bien su trabajo ven similitudes temáticas en la película. El productor Gilbert Adler, que ya trabajó con Singer en Superman returns (Superman. El regreso) afirma, «Stauffenberg es, de alguna forma, un equivalente de la vida real a lo que buscamos en los héroes cinematográficos: un hombre normal inducido a realizar actos extraordinarios. Desde luego, él era muy humano y falible, pero creo que Bryan pone de manifiesto que la formidable fortaleza de Stauffenberg se basaba en temas muy reales: la dedicación a su país, a su familia, y especialmente a lo que consideraba correcto».

Igualmente importante para Singer fue capturar la atmósfera general de la Alemania nazi. «Bryan no sólo es un director de cine, es un aficionado a las historias reales», nos cuenta Chris Lee, «y creo que esas dos grandes pasiones se aprecian en el grado de detalle de cada fotograma, así como en los detalles de los personajes y las emociones».

Para Singer, Valkiria representaba una oportunidad para asumir su primera historial real, explorando además un periodo de la historia que ha ejercido una oscura fascinación sobre él desde la infancia, ya que su ascendencia judía le hizo comprender seriamente los horrores perpetrados por Hitler y el gobierno de la Alemania nazi. «Siempre tuve interés en explorar el Tercer Reich», nos dice. «Pude acariciar este tema en una película basada en la novela de Stephen King (Verano de corrupción), y de nuevo en la primera de X–Men, en la escena del campo de concentración. Pero Valkiria suponía la oportunidad de profundizar en un retrato realista de aquel mundo a través de una extraordinaria historia real sobre un líder que estaba destrozando una nación –y buena parte del mundo– y los hombres que decidieron intentar detenerlo».

El hecho de que existiese una resistencia alemana –llegando incluso hasta los más altos rangos del ejército– era algo que había alentado largo tiempo a Singer, y le recordó el valor que puede surgir de la decencia más básica del ser humano. «A muy temprana edad, descubrí que existieron alemanes que habían intentado matar a Hitler», nos dice. «No sabía que se trataba de Stauffenberg y Olbricht en concreto, pero había oído lo de una bomba en un maletín, y para mí aquello fue muy importante para comprender que no todos los alemanes eran nazis. Podría resultar sobrecogedor creer desde tan joven que todo un país podría estar tan repleto de odio, por lo que resultó positivo saber que algunos intentaron oponerse».

Singer comenzó su propia investigación, leyendo profusamente sobre todos los aspectos de la vida durante el Tercer Reich. «Una de las primeras cosas que hice fue leer Auge y caída del Tercer Reich. Una Historia de la Alemania Nazi, de William Shirer, que resulta ser un libro extraordinario», comenta. «Debería ser una lectura obligatoria para cualquiera que intente comprender cómo una sociedad ilustrada puede transformarse muy rápidamente en una máquina de matar. Se adentra en las personalidades y maquinaciones de Hitler, Goering, Himmler, etc, y me ayudó a tener una mayor comprensión del mundo en el que tuvieron que desenvolverse los conspiradores. Antes de hacer la película necesitaba entender no sólo el papel de la gente que intentaba derrocar a Hitler, sino por qué surgió la figura de Hitler en primer lugar».

inger también se reunió con gente que pudiera aportarle una perspectiva interna. «Por un lado, mantuvimos reuniones privadas con miembros de la familia Stauffenberg», nos dice. «Por otro lado, nos entrevistamos con el antiguo guardaespaldas de Hitler, quien, por lo que sé, fue la última persona que abandonó el búnker en el que Hitler se suicidó. Esas reuniones se mantuvieron con el fin específico de aportar nuevas perspectivas e ideas a nuestro material. Resultaron muy informativas, y en ocasiones incluso transformaron nuestra visión por lo que pudimos aprender».

Todo esto se tradujo al enfoque estilístico de Singer sobre la película, al mezclar detalles y matices del período del Tercer Reich con el ritmo de relámpago y dinamismo visual de un thriller moderno.

Singer señala, «No estábamos rodando un documental. Lo más importante era mostrar la verdad de la historia de la manera más atractiva».

Con este propósito, Singer tomó pronto la decisión de permitir que cada miembro del elenco internacional utilizase su propio acento. «Me he enfrentado a los acentos internacionales de diferentes formas en el pasado, algunas veces alterándolos, otras veces respetándolos», comenta. «Pero con Valkiria, tenía un reparto fenomenal representando a un fascinante, y algunas veces terrorífico grupo de personajes, y sentí que tendría más fuerza si usaban sus propios dialectos naturales. Cuando se inicia la película, uno se siente transportado a ese mundo de soldados alemanes a mediados de los 40, y lo que te arrastra a ese mundo son los personajes, aquellos orgullosos militares que vieron que tenían un líder monstruoso y sintieron que debían desembarazarse de él. La prioridad fue permitir que esos personajes se hiciesen patentes a través de interpretaciones fuertes y muy humanas».

Tom Cruise como el Coronel Claus von Stauffenberg

n el centro de Valkiria se encuentra la figura de Claus von Stauffenberg, el carismático aristócrata que finalmente lo arriesgaría todo para introducir una bomba en la sala de conferencias privada de Hitler. ¿Pero quién fue Stauffenberg? Tras pasar meses investigando su vida en profundidad, los guionistas McQuarrie y Alexander acordaron que se trataba de un personaje rodeado de cierto halo de misterio por haber desaparecido en la plenitud de la vida, con 36 años.

«Es imposible conocer completamente a Stauffenberg, por eso se le ha representado como un personaje enigmático dentro de la historia», afirma McQuarrie. «Durante años mucha gente ha intentado reflejar a Stauffenberg como un ejemplo o como cabeza de turco por distintos motivos, pero considero que finalmente lo que debemos hacer es valorarle por sus actos, por los riesgos que asumió y lo que intentó hacer».

«Uno de los principales elementos que tengo claro es que Staunffenberg estaba motivado por el profundo sentido del deber de servir a sus compatriotas», dice Alexander. «No podemos saber cuál fue el momento exacto en que comenzó a albergar graves dudas sobre Hitler, pero una vez que se dio cuenta de lo que pasaba entre bastidores, creyó firmemente que su deber como alemán y como ser humano consistía en asumir la responsabilidad de suprimir a Hitler».

Stauffenberg constituye un héroe de la vida real, pero en el contexto cinematográfico, también constituye un personaje increíble para interpretar. Se trata de un papel sobrecogedor, y los productores creyeron que Tom Cruise sería el actor perfecto para el mismo.

«Stauffenberg fue un individuo intenso y carismático, así que necesitábamos un actor que pudiera encarnar todo eso», dice el director. «Me entusiasmé mucho cuando Tom se incorporó al proyecto. Pocos actores son capaces de lograr encarnar tantos papeles de héroe, pero Tom lo consigue plenamente, es un actor con mucho talento y proyecta una gran presencia en la pantalla. Tom sintió igualmente pasión por el proyecto desde el principio, y creía, al igual que yo, que es una historia que merece ser contada. Fue un elemento importante a la hora de rodar la película, y tanto él como su interpretación tienen su relevancia para transmitir esta historia a todo el mundo».

Antes de aceptar el papel, Cruise no estaba familiarizado con Stauffenberg, pero para prepararse el papel averiguó todo lo que pudo sobre él, y su investigación y atención al detalle le mostraron rápidamente al gran hombre que fue.

«Cuando leí el guión, me resultó increíblemente absorbente en muchos aspectos –comenta Cruise– no sólo desde el punto de vista histórico, sino también como un gran thriller. Quedé también fascinado por la conspiración. Era dinámica y estaba llena de suspense de principio a fin. Y encima, averiguar que estaba basado en una historia real, lo hacía más alucinante todavía. Esa combinación hizo que me resultase muy interesante».

a oportunidad de trabajar con Bryan Singer es otro punto que atrajo a Cruise hacia el proyecto. «Bryan es alguien con el que siempre he querido trabajar», nos dice. «Creo que es un director extraordinario. Bryan es alguien que ya desde niño realizaba películas sobre la Segunda Guerra Mundial. Posee una clara fascinación por ese periodo de la historia, y con esa clase de interés y dedicación resulta comprensible que todos nos juntásemos y dijésemos «Perfecto, vamos a hacerlo»».

Cruise se conmovió profundamente por todo lo que pasó dentro de la Resistencia Alemana. «Experimentarlo en la piel de Stauffenberg y desde su punto de vista, viendo lo que aquellos hombres arriesgaban – no sólo sus vidas sino la de sus familias– es algo tremendo», nos cuenta. «Es asombroso ver a alguien que, ante tanta presión, planta cara por lo que considera correcto, manteniendo ese tipo de integridad en semejantes circunstancias».

El actor asimismo descubrió que el heroísmo de Stauffenberg también dio en la diana en el terreno personal. «Te paras y piensas, ¿cómo habría manejado yo el asunto?, y eso es lo que lo hace tan profundo. Se trata de una película intemporal porque trata temas intemporales: integridad, heroísmo, cobardía, compromiso. ¿Por qué cosas estás dispuesto a alzarte y por cuáles ni te inmutarías? Ésas son las preguntas que debemos plantearnos como seres humanos con respecto a nuestras propias vidas».

«En todo caso, no creo que el propio Stauffenberg se viese a sí mismo como un héroe», continúa. «Consideraba que estaba haciendo lo correcto al intentar terminar con la guerra y salvar vidas humanas. Stauffenberg fue alguien que siempre se comportó según un elevado valor moral, buscando la rectitud y la justicia moral, tanto para él mismo, como para su patria. Fue uno de los pocos que tuvo el valor de enfrentarse a Hitler, e incluso estaba dispuesto a sacrificar su propia vida para conseguirlo».

Para interpretar a Stauffenberg, uno de los desafíos a los que se enfrentó Cruise fue el de incorporar las secuelas de las heridas físicas que el personaje sufrió en el norte de África, incorporando por ejemplo el parche en un ojo. «Lo del parche resultó muy difícil», nos dice. «Al principio me afectó al equilibrio, por lo que imagino la clase de molestias físicas con las que tuvo que convivir. También resultó un desafío interpretativo el reto de transmitir tu interpretación como actor con parte de tu cara paralizada».

Vestir el uniforme de Stauffenberg también presentó algunas complicaciones. «Ponerse ese uniforme y mirar el mundo desde esa perspectiva resultaba perturbador», añade. «No me gustaba en absoluto, y además cambia por completo tu punto de vista. Pero luego lo consideré desde el punto de vista de Stauffenberg y lo que significaba para él vestir ese uniforme, junto con el conflicto que vivió, lo cual me ayudó mucho».

parte de los aspectos de la vida real de su personaje, rodar en Berlín resultó muy intenso para Cruise, al igual que para todo el elenco y el equipo. «Resulta difícil describir cómo fue estar delante del Benderblock», nos comenta. «A todos nos afectó estar allí delante y pensar lo que había sucedido en aquel lugar».

«Tom aporta una intensidad increíble por su porte y enfoque del papel, y más que nada, aporta el carisma que creo que necesitaba el personaje», comenta McQuarrie. «Cuando Tom Cruise entra en una habitación, percibes ese mismo carisma que Stauffenberg debería haber proyectado. Lo que Tom aporta asimismo es su experiencia como productor y narrador de historias. El guión mejoró, el personaje se volvió más claro, nuestra comprensión de la historia y de nuestra posición dentro de aquel universo, todo se volvió más claro cuando Tom se involucró en el proyecto».

Finalmente, con todo el trabajo duro volcado en esta película y la increíble experiencia que supuso hacerla, Cruise se sintió muy complacido con el resultado final. «La película funciona como un reloj suizo», señala. «Se trata de un thriller dinámico de suspense que te mantiene en vilo en todo momento. Estoy orgulloso de haber realizado esta película, y muy orgulloso de lo que cada uno ha logrado».

Breve historia de la resistencia alemana contra Hitler

no de los mitos que más persisten en torno a la Segunda Guerra Mundial consiste en creer que todos los alemanes fueron nazis leales a la figura de Adolf Hitler. Pero nada más lejos de la realidad, ya que hubo una serie de grupos que se opusieron abierta o secretamente al régimen de Hitler tras su acceso al poder en 1933.

Entre éstos se incluían grupos de estudiantes (como el famoso grupo de resistencia de la Rosa Blanca, cuyos miembros arriesgaron y entregaron sus vidas distribuyendo panfletos que condenaban el gobierno nazi, pidiendo su derrocamiento), grupos religiosos y diversos grupos políticos, englobando a socialistas y comunistas, que plantaban cara al surgimiento del nazismo sufriendo a cambio penas de cárcel y de muerte. Así por ejemplo Sophie Scholl y su hermano, Hans, fueron ejecutados en la guillotina por sus acciones para la Rosa Blanca.

A medida que crecían las ambiciones de Hitler para Alemania, y mientras se iban implementando las grotescas maquinaciones del Holocausto, surgieron una serie de individuos objetores y valientes que llevaron a cabo actos singulares de resistencia, escondiendo y ayudando a escapar a cuantos judíos pudiesen, y aportando información secreta a los Aliados al tiempo que se negaban a cooperar con las órdenes nazis. En este sentido, algunas figuras como Oskar Schindler y Pastor Niemöller se convirtieron en leyenda.

No obstante, quizás sea menos conocido –a pesar de su mayor impacto– el caso de aquellos miembros de la resistencia alemana que se comprometieron a luchar contra Hitler desde dentro mismo del sistema. Fueron altos cargos militares y civiles que deploraban lo que estaba sucediendo en su país y trataron de urdir diversas conspiraciones para derrocar al gobierno, al ser lo único que podría alterar el curso de los acontecimientos. Los motivos de los implicados eran de diversa índole: algunos tenían la mera esperanza de instaurar un dictador menos peligroso, otros esperaban poder cambiar completamente el régimen político alemán, y los últimos estaban fuertemente motivados por cuestiones humanitarias. Fuese cual fuese su estímulo, todos estaban convencidos de que Hitler suponía un desastre para su país y debía ser detenido a toda costa.

Ya desde 1936 existen pruebas de que algunos oficiales alemanes que estaban por aquel entonces bajo las órdenes del Teniente Coronel Hans Oster planeaban asesinar a Hitler. En 1938, un grupo de conspiradores entre los que se incluía el General Ludwig Beck (quien a su vez jugaría una baza clave en el complot posterior del 20 de julio) planeó arrestar y encarcelar a Hitler en vísperas de comenzar la guerra, pero dicho plan fracasó.

Otro atentado significativo contra la vida de Hitler sucedió en 1939 cuando Georg Elser, carpintero de profesión, robó explosivos de su trabajo y construyó una potente bomba temporizada que escondió en un pilar, situado cerca del podio donde se sabía que Hitler iba a hablar. Este plan casi funciona, no obstante el discurso de Hitler terminó antes de lo previsto, por lo que cuando estalló la bomba sólo consiguió matar a ocho espectadores. Elser fue arrestado en noviembre de 1939 y ejecutado en Dachau dos semanas antes de que el campo fuese liberado.

Un intento adicional de asesinato, en 1943, aparece en esta película y fue ideado por Henning von Tresckow. Tresckow había persuadido a un miembro del círculo de Hitler, el Teniente Coronel Heinz Brandt, para que introdujese un paquete en el avión del dictador, conteniendo dos minas adhesivas («Clams») con sendos detonadores temporizados que irían ocultas dentro de dos botellas de Cointreau.

Pero una vez más la suerte sonreía al mandatario, ya que las bombas no llegaron a estallar, posiblemente a causa del frío existente en la bodega, que impidió el funcionamiento de los detonadores químicos. No se relacionó a Tresckow con la bomba, por lo que éste continuó buscando el medio y la forma de asesinar a Hitler,

odo ello culminó en el complot del 20 de julio, conspiración que se terminó convirtiendo en la conjura más ambiciosa contra Hitler, no sólo porque incluía un plan de asesinato, sino porque constituía igualmente un proyecto para derrocar y reemplazar al gobierno nazi al completo.

A corto plazo, el fatídico final de este complot destruyó toda la red de conspiradores antinazis situados dentro de la maquinaria del gobierno: aproximadamente 200 personas fueron ejecutadas en la horca por su participación, otras 700 fueron arrestadas en conexión directa y por último 5.000 individuos fueron arrestados en agosto de 1944 por ser considerados «enemigos» potenciales del Reich.

Incluso las ejecuciones de aquéllos que formaron parte de esta conjura se prolongaron hasta los últimos días de la guerra. Sin embargo, a largo plazo, este complot terminó revelando un aspecto de Alemania que ha permanecido desconocido por mucho tiempo, tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Aunque fuesen considerados traidores durante muchos años, aquéllos que planearon el complot del 20 de julio son ahora reconocidos en Alemania por su valor y por su sacrificio.

De hecho, en 2004 el entonces Canciller alemán Gerhard Schröder rindió un homenaje póstumo a Claus von Stauffenberg y a sus compañeros en dicha conspiración, argumentando que sus acciones fueron un recordatorio de que cualquier nación debe «defender una y otra vez los valores de libertad y tolerancia que consideramos evidentes hoy en día».

Continúa en La verdadera historia de la Operación Valkiria

Copyright del texto y las imágenes © Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, United Artists y Bad Hat Harry Productions, 2008. Cortesía del Departamento de Prensa de Hispano Foxfilm. Reservados todos los derechos.


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