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Olga Kurylenko en un vídeo promocional de la firma de moda Bisou-Bisou © Bisou-Bisou, Michele y Marc Bohbot. Reservados todos los derechos.
VIDA DE OLGA KURYLENKO
Los secretos de la nueva chica Bond
La nueva chica Bond. He aquí una frase que muchas actrices querrían para sí. Cuando la escuchamos, una fuerza magnética nos sacude, como si al hablar del agente 007 se sobreentendiera que todas sus acompañantes deben ser mujeres de ensueño. Los tiempos han cambiado, desde luego, y las amantes del espía son ahora tan activas e independientes como él mismo. Es algo que demuestra, sin el menor asomo de duda, la turbadora coprotagonista de Quantum of Solace, Olga Kurylenko. En apenas cuatro años, la ucraniana ha conseguido lo que parecía imposible: alcanzar la fama internacional siendo una recién llegada al mundo del cine. Como veremos a continuación, su talento tuvo mucho que ver. La belleza hizo el resto.
GUZMÁN URRERO PEÑA | 21 de octubre de 2008
Asimismo en www.cineyletras.es: Críticas y estrenos y Entrevistas y reportajes.
n Quantum of Solace, Olga Kurylenko da vida a Camille, una apasionada agente ruso-boliviana. Según han explicado los productores de la cinta, Kurylenko actúa inicialmente como rival de Bond, pero luego acaba colaborando con él. Los detalles de esa colaboración están escondidos a buen recaudo, hasta la fecha de estreno. Son las reglas de la fábrica de sueños, y no seré yo quien las rompa.
Mientras llega ese día, Kurylenko descubre en qué consiste eso que llamamos celebridad. Su rostro aparece en multitud de revistas, atiende a entrevistadores que le hablan en más idiomas de los que conoce –habla francés, ruso e inglés– y comprueba cómo proliferan en Internet sus admiradores, siempre a la búsqueda de galerías de fotos, de vídeos, de salvapantallas en los que su hermosura se oculte lo menos posible.
(No les descubro nada nuevo si les digo que, de acuerdo con las estadísticas de la red, los internautas más pertinaces quieren encontrar a Olga Kurylenko desnuda –tal y como se lucía en Hitman, en Max Payne o en L’annulaire–, o en esas imágenes donde lleva trajes de baño o lencería de marcas prestigiosas, como si fuera una moderna pin up).
Esa carga de sensualidad, inevitable cuando se habla de Kurylenko, no pasa desapercibida a los productores de la serie Bond, que han encontrado en la ucraniana a una idónea pareja para Daniel Craig.

Olga Kurylenko y Daniel Craig, en Moscú. Imagen de Vasily Kudryavtsev. Quantum of Solace © Columbia TriStar Marketing Group Inc. Cortesía del Departamento de Prensa de Sony Pictures Releasing España. Reservados todos los derechos.
n las audiciones para el papel, según cuenta el realizador Marc Forster, Olga era la que estaba menos inquieta entre las cuatrocientas aspirantes. ¿Razones para esa calma? A poco que se repase su biografía, queda claro que Kurylenko no lo ha tenido fácil, y ya se sabe que cierto tipo de dificultades ayudan a templar el carácter.
Olga Kostyantynivna Kurylenko –ése es su nombre completo– vino al mundo en Berdyansk, Ucrania, el 14 de noviembre de 1979. Su madre, la rusa Marina Alyabusheva, fue quien la crió tras divorciarse del padre de Olga, el ucraniano Konstantin Kurylenko.
El glamour era un concepto intraducible en la URSS de aquellos días. Pese al esmero puesto en la educación de Olga –Alyabusheva es profesora de arte y quiso que la pequeña aprendiera piano y ballet–, su pobreza salía a relucir en la ropa llena de parches y en la escasa variación del menú.
Madre e hija se acostumbraron al hacinamiento y a la falta de perspectivas del sistema comunista. El hecho de compartir vivienda con su abuela Raisa, con sus tíos y su primo era un asunto –digámoslo así– poco alentador. A orillas del mar de Azov, frente a un horizonte de factorías cerradas, el futuro era una cuestión de fe.
on trece años recién cumplidos, Olga Kurylenko viajó con su madre a Moscú. En una estación de metro, se les acercó una mujer, que se presentó como delegada de una agencia de modelos. ¿Y qué quería aquella desconocida? Pues contratar a Olga y facilitarle un billete de ida a la fama.
A la señora Alyabusheva aquello le sonó mal, muy mal. Sobre todo porque sabía cuántos sueños se habían roto en Rusia a cuenta de agencias que no se dedicaban precisamente a la moda.
Antes de aceptar la oferta, bien aconsejada por su madre, Olga tuvo que pasar por una escuela de modelos.
Con la ventaja que da una irresistible fotogenia, sus progresos fueron sorprendentes, y al cumplir los diecisiete años, ya estaba lista para viajar a París. Allí fue donde comenzó realmente su carrera, cronometrada por la agencia Madison, de Nueva York.
Los primeros seis meses en la capital le fueron suficientes para aprender a comunicarse en francés, y también para conquistar a los fotógrafos de Elle, Marie Claire, Glamour, Madame Figaro y Vogue.
la edad de veinte años –aún estamos en 1999–, Olga Kurylenko contrajo matrimonio con el fotógrafo francés Cedric van Mol. Aquella unión fracasó, pero Olga, que ya contaba con el pasaporte francés, no abandonó la idea de vivir en pareja. De hecho, se casó más adelante con un empresario, Damian Gabrielle. Tampoco esta vez alcanzó la estabilidad, pero eso tiene poca importancia en nuestro relato.
En 2004, Olga Kurylenko fue la estrella indiscutible del catálogo de invierno de la lencería Lejaby. Si tienen ocasión de hojearlo, comprobarán que ese catálogo muestra a la modelo en el esplendor de su belleza. (Por obvias razones, no me sorprende que este folleto sea una pieza de coleccionista, y que sus fotografías hayan sido reproducidas incansablemente en Internet).
Con su carrera en expansión, Olga organizó sus compromisos a través de Madison y de otras influyentes agencias: Women Management (Nueva York), The Fashion Model Management (Roma), Mikas (Suecia), Francina International (Barcelona) y Next Model Management (Londres).
Casi nadie sabe a ciencia cierta qué hace triunfar a una modelo, pero lo cierto es que las credenciales biológicas de Kurylenko son lo bastante llamativas como para que no le hayan faltado jamás las ofertas. Su pelo es castaño, color tabaco. Tiene los ojos verdes y los labios gruesos. Moldeó sus 176 centímetros de altura durante su etapa como bailarina. Gracias a esa disciplina del ballet, luce unas medidas idóneas para su profesión: 88-60-89.
A decir verdad, la actriz puede sentirse satisfecha de esa etapa como fashion model. Entre sus campañas publicitarias –toda una prueba de fuego en ese gremio–, figuran las que protagonizó para Bebe, Bisou Bisou, Clarins, Harvey Nichols, Helena Rubinstein, J J Garella, Just Cavalli, Kenzo, La City, Sisley, United Colors of Benetton, Van Cleef & Arpels, Wolford, Yamamay e Yves Rocher.

Olga Kurylenko en L'annulaire © Memento Films. Reservados todos los derechos.
uriosamente, después de posar para las portadas de FHM o Glamour, Olga Kurylenko se relajaba con una afición privada: ver cine clásico. Esa admiración por las películas de toda la vida fue lo que inspiró en ella un nuevo deseo: convertirse en actriz de cine.
Sin ninguna experiencia previa, consiguió el papel protagonista de L'Annulaire (2005), un largometraje basado en la novela homónima de Yoko Ogawa.
Bajo la dirección de Diane Bertrand, Kurylenko construyó bien su personaje y llevó adelante una interpretación nada desdeñable.
En la película –un drama onírico, lánguido, casi fantasmal–, su papel tenía un componente escabroso, derivado de la relación que establecía Iris, la joven protagonista, con su jefe, encarnado por Marc Barbé. Tras verla en la pantalla grande, un crítico francés describió a Olga como una perfecta mezcla de candor y perversión.
Fiel a esa etiqueta, Kurylenko fue la vampiresa de uno de los episodios de Paris, je t'aime (2006), e intervino luego en la película televisiva Le Porte-bonheur (2006), de Laurent Dussaux. Sin embargo, su auténtico lanzamiento en el cine francés llegó con Le Serpent (2006), un thriller escrito y dirigido por Eric Barbier a partir de la novela The Serpent, de Ted Lewis.
n Le Serpent, Olga Kurylenko era una femme fatale memorable. Es difícil de creer, pero en esa película, a pesar de su breve experiencia como actriz, Olga consigue transmitir la doble condición de su personaje: una seductora a la que no le incomoda la ausencia de ropa, y también una víctima que lleva su condena escrita con letras de sangre.
La sobrecarga erótica de su papel en Le Serpent hubiera bastado para encasillar a una intérprete menos ambiciosa. Pero Kurylenko ya era entonces algo más que una joven sexy, de ésas que suelen aparecer en un calendario con un bikini, envueltas en gasas y encajes, o llevando lencería de Victoria's Secret.
De hecho, en las entrevistas que concedió a la prensa francesa tras el estreno de Le Serpent, la actriz demostró una inteligencia despierta, inasequible a la frivolidad. Así, dijo que le interesaba aprender español para trabajar con Pedro Almodóvar. También alabó la genialidad de otro de sus realizadores predilectos, David Lynch.
ras actuar en una miniserie, Suspectes (2007), Olga dio, por fin, el salto a la gran industria. En Hitman (2007), de Xavier Gens, demostró que su gama interpretativa se había ampliado.
Es cierto que, una vez más, ofrecía su desnudez desafiante, pero su dominio del personaje –Nika Boronina, otra damisela en apuros– era mayor del que cabía esperar en este videojuego traducido al cine.
Su siguiente trabajo fue un breve papel en otra versión de un videojuego, Max Payne (2008).
Cuando esta cinta llegó a los cines, Olga ya había completado Tyranny (2008) y empezaba a trabajar en la promoción de Quantum of Solace (2008).
n su presente no hay secreto ni disimulo. Aupada por el engranaje publicitario de 007, Olga Kurylenko se presenta ante los reporteros idealmente hermosa: tanto o más que las chicas Bond que la precedieron.
Los detalles interesan más que la totalidad, y es probable que la fotogenia o la picardía cuenten, de momento, mucho más que otras de sus cualidades.
Ignoro la razón por la que brillan tanto los ojos de la actriz, pero sé por qué debieran hacerlo. Por vanidad, por orgullo. Por simple coquetería. O acaso como testimonio de esa obstinación que la libró de permanecer en Berdyansk. Al fin y al cabo, en Hollywood no es una estrella quien quiere, sino quien sabe y puede.
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