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GEORGE A. ROMERO Y LOS MUERTOS
Territorio zombi
Nacido el 4 de febrero de 1940 en Nueva York, George A. Romero estudió arte, teatro y diseño en las aulas del Carnegie-Mellon Institute, y con esos conocimientos comenzó a realizar prácticas de cine en la ciudad de Pittsburgh. Ayudado por amigos y vecinos, diseñó un ambicioso proyecto independiente, La noche de los muertos vivientes (1968), donde recuperaba una figura clásica del cine de terror, el zombi, para recrear un universo violento y sanguinario que, entre líneas, le permitía plantear una sátira de la sociedad norteamericana.
GUZMÁN URRERO PEÑA | 21 de abril de 2009
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en ABCD Las Artes y Las Letras, suplemento cultural del diario ABC.
Asimismo en www.cineyletras.es: Historia del cine universal e Historia del cine de terror.
ucedió en 1997. Aquella tarde de septiembre en Los Ángeles, George A. Romero entró en la penitenciaría de Lincoln Heights, seguido de cerca por un equipo de la televisión japonesa. Una agencia nipona, Asatsu Inc., le pagaba un buen dinero por filmar en esa cárcel abandonada la publicidad del videojuego Resident Evil 2.
Ironías de la vida: le había hecho falta trabajar durante treinta, puede que cuarenta años, hasta reunir la experiencia suficiente para obtener ese proyecto tan convencional, casi como un chaleco salvavidas. Los protagonistas del anuncio –el lector ya lo intuye– eran una cuadrilla de zombis.
No creo que Romero estuviera amargado, pero sí algo apático. A esas alturas de su carrera, ya no esperaba que algún ejecutivo respondiera sus llamadas, y la decepción que sentía era más que razonable. Pese a que New Line, Universal y Fox le habían encargado numerosos guiones, daba la impresión de que ninguno de los cuatro estudios tenía verdadero interés en costearle nuevos proyectos.
Casi empezaba a tomarse a broma los titulares de Variety, anunciando que su próxima película tendría un holgado presupuesto. Y no obstante, se supone que, cuando uno ha creado un mito rentable, no ha de pasarlo fatal a cuenta de la industria.
n todo caso, ése parece su destino: agobiarse a la espera de financiación, mientras los fans se empeñan en recordar cómo empezó todo.
“No quiero hacer otra película de zombis”, repite de cuando en cuando. ¿Es que nadie ha caído en la cuenta de que The Crazies, aparte de una de sus mejores películas, sirve de base a éxitos como 28 días después o El incidente? ¿Acaso no dejó clara su inventiva en Martin, Atracción diabólica, Los ojos del diablo, La mitad oscura o El rostro de la venganza? La respuesta de sus seguidores a este rapto de orgullo es la previsible: “Bueno, dejemos todo eso de lado por el momento. Y por favor, hablemos una vez más de La noche de los muertos vivientes”.
El origen de un mito
n dato que levantó ampollas en su momento es que la famosa cinta no rinde beneficios a su creador. Por un error garrafal en el registro del copyright, hace tiempo que pasó al dominio público. Quizá por ello, cuando Simon Pegg le preguntó si estaba harto de que le hablaran de esta película, Romero fue bastante explícito: “Oh, desde luego... Yo no quería encasillarme. No pretendía dedicarme sólo al terror. Eran los años sesenta, y nos limitábamos a fumar y a hablar de política. El tema era la revolución”.
Rodada en 1968, La noche de los muertos vivientes resumía los miedos de unos años que se han convertido en historia. Las marcas de cuchillo que iba a dejar Vietnam, la crisis de valores, el sentimiento de paranoia… todo quedaba expuesto a través de un estilo directo y brutal.
El rodaje de la película es fácil de contar si seguimos el relato del director. Romero y un par de amigos fundaron en Pittsburgh una productora. Con poco dinero, mucha improvisación, jamón asado y unos cuantos litros de chocolate –o si lo prefieren, carne humana y sangre– consiguieron explorar el territorio tabú de los muertos que vuelven a la vida.
on un presupuesto de 114.000 dólares y rodado en blanco y negro, este largometraje incluía algunas de las escenas más cruentas del cine norteamericano, como los momentos de antropofagia, que fueron su principal atractivo comercial.
Desde un punto de vista formal, Romero adoptó un estilo periodístico, próximo al reportaje televisivo.
Entre las influencias desveladas por esta película destacan los cómics de horror de la compañía EC y las películas del subgénero gore rodadas años antes por Hershell Gordon Lewis. No obstante, era más evidente la influencia narrativa de Alfred Hitchcock, y no escaseaban los puntos de contacto con Los pájaros (1963), uno de los títulos más celebrados del cineasta británico.
Llegaron a escribirse tesis doctorales sobre su trasfondo político, y sin embargo, Romero nunca pretendió ventilar los trapos sucios de América. De hecho, aún suelta una carcajada cuando le hablan de subtextos y metáforas. Eso por no hablar de mensajes antirracistas: escribió su guión pensando en un protagonista blanco, pero el papel recayó en el afroamericano Duane Jones porque fue el único que mostró talento en las audiciones.
La franquicia zombi
ejos de sentirse un autor subversivo, Romero sólo pretendió obsesionar a los espectadores con una vuelta de tuerca a los personajes de Soy leyenda, la novela de Richard Matheson. Por eso mismo, a pesar de su reputación, La noche de los muertos vivientes consigue abrirse camino en el género que realmente le corresponde: la ciencia-ficción.
Lo que quiero decir es que los antropófagos de Romero nada tienen que ver con el american gothic o con el vudú jamaicano. En realidad, hablamos de mutantes, contagiados por una sonda espacial que regresa desde Venus.
Dicho de otro modo: pura serie B.
on el apoyo financiero de Richard Rubinstein, Romero dio un nuevo impulso a su carrera en Martin (1978), película sobre un adolescente que cree ser un vampiro.
La primera secuela de La noche de los muertos vivientes fue Zombi, memorable por dos razones: el hecho de convertir un supermercado en Fort Apache y la innegable calidad de los efectos especiales. De esto último fue responsable Tom Savini, fotógrafo de combate en Vietnam. “Gran parte de mi trabajo en Zombi –declaró más tarde– consistió en reproducir el retrato de lo que había visto en la guerra. Quizá era una forma de conjurar aquella experiencia”.
Los caballeros de la moto (1981), donde participaba como intérprete el escritor Stephen King, supuso un cambio de registro en la filmografía de Romero, que mezcló en esta oportunidad las convenciones típicas de la road movie con elementos procedentes de la saga literaria del Rey Arturo.
Romero volvió a colaborar con Stephen King en Creepshow (1982), cuyo guión se debía al novelista.
Posteriormente rodó Atracción diabólica (1988), otro film de terror donde se establecía un perverso triángulo pasional entre un joven minusválido, su novia y un pequeño macaco hembra que ayudaba al primero en las tareas domésticas.
n 1990 estrenó su primera colaboración con el cineasta italiano Dario Argento, Los ojos del diablo, inspirada en relatos de Edgar Allan Poe.
Con La mitad oscura (1993), cuyo guión se inspiraba en otro texto de Stephen King, Romero quiso recuperar el favor del público norteamericano, que se había desentendido de su anterior largometraje con Argento. No obstante, aunque su prestigio entre los cinéfilos se mantuvo, sus nuevas películas no lograron triunfar en las taquillas. De ahí en adelante, el realizador sufrió una progresiva decadencia.
¿Quién sabe lo que ocurriría si la gran industria volviera a respaldar a Romero? Stephen King, que actuó en su película más sentimental, Los caballeros de la moto –una verdadera rareza–, y escribió el guión de su último éxito, Creepshow, tiene claro por qué fascinan a un público tan amplio títulos como Zombi, El día de los muertos, La tierra de los muertos vivientes o la reciente El diario de los muertos.
“Los buenos liberales –dice– a menudo se mantienen alejados de las películas de horror. En lo que a mí respecta, me gusta ver las más agresivas (Zombi, por ejemplo) como el equivalente de levantar la puerta de una trampilla que tenemos en el cerebro civilizado para lanzarles una cesta llena de carne cruda a los cocodrilos que nadan en el río subterráneo que discurre por debajo”.
Filmografía
1968: La noche de los muertos vivientes.
1969: The affair.
1972: Season of the witch.
1972: There's always vanilla.
1973: The crazies.
1978: Zombi
1978: Martin.
1981: Los caballeros de la moto.
1982: Creepshow.
1985: El día de los muertos.
1988: Atracción diabólica.
1990: Los ojos del diablo.
1993: La mitad oscura.
1999: Night of the living dead: 30th anniversary edition.
2000: Bruiser.
2001: The ill.
2005: La tierra de los muertos
2008: Diary of the Dead
Este artículo incluye citas de otros estudios que publiqué en la revista Todo Pantallas y en la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet.
Tabla de contenidos:
Introducción.
Historia del cine I: El precine
Historia del cine II: La etapa inaugural
Historia del cine III: Los años 10
Historia del cine IV: Los años 20
Historia del cine V: Los años 30
Historia del cine VI: Los años 40
Historia del cine VII: Los años 50
Historia del cine VIII: Los años 60
Historia del cine IX: Los años 70
Historia del cine X: Los años 80
Historia del cine XI: Los años 90
Historia del cine XII: El nuevo milenio
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