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"Miliki", Irene Visedo y el niño Guillermo Guillermo Campra durante el rodaje de Carlitos y el campo de los sueños © Antena 3 Films y Versátil Cinema. Cortesía de Hispano Foxfilm. Reservados todos los derechos.
ENTREVISTA CON EMILIO ARAGÓN "MILIKI"
Con el circo en las venas
Incluso sin maquillar, fuera de su ambiente, es fácil reconocerlo. Un payaso de la categoría de Emilio Aragón Bermúdez, “Miliki”, merece atención como artista y por lo que representa en la historia del circo. Amable y cortés, transmite sin el disfraz el mismo optimismo que cuando gasta botas enormes y lleva la nariz embadurnada. Acaba de actuar en una divertida película infantil, Carlitos y el campo de los sueños, y sobre ella charlaremos hoy con él. Pero una entrevista con “Miliki” no puede limitarse a lo más reciente. Por eso mismo, nuestra conversación irá retrocediendo en el tiempo, en busca de esas anécdotas prodigiosas que pueblan su vida.
GUZMÁN URRERO PEÑA | 18 de agosto de 2008
Asimismo en www.cineyletras.es: Entrevista con Emilio Aragón. Sueños razonables y Entrevista con José María Pou. Ficciones escolares.
iliki habla sin desmayo, sin cansancio. Sin frialdad tampoco. Es preciso y concreto. No muestra prisa en la conversación, pero es genéticamente incapaz de aburrir. La curiosidad le mantiene a salvo de la vejez, y por eso se agradecen sus comentarios sobre el futuro. Escucha con interés, sin darle importancia a los elogios. Vamos de un tema a otro, aunque yo seguiría escuchándole hablar durante horas de su aventura americana. En este punto, lo confieso, me fascina el hombre que conoció a Harpo Marx, a Buster Keaton y a tantas otras celebridades.
Quisiera uno ordenar la entrevista, pero es casi imposible. La biografía de don Emilio Aragón “Miliki” es desbordante y hay que resignarse a dialogar de muchas cosas sólo por alusiones.
Como ustedes seguramente saben, Miliki pertenece a la aristocracia circense. Su dinastía comenzó con el abuelo, Gabriel Aragón Gómez, “El Gran Pepino”, padre a su vez de payasos ilustres e internacionalmente famosos: Tonino, Pompoff, Thedy y Emig. Este último fue el progenitor de Gaby, Fofó y Miliki, dedicados a este mundo del circo al igual que sus primos, los entrañables Nabuconodosorcito y Zampabollos.
Muy jóvenes, Gaby, Fofó y Miliki actuaron en el mítico Circo Price y recorrieron los cuatro puntos cardinales con su espectáculo. En 1946 , por este orden, rechazaron una oferta en Escandinavia, desembarcaron en Cuba y luego triunfaron en México.
Regresaron a la isla caribeña dos años después para participar, como auténticos pioneros, en la primera televisión del mundo hispanohablante: Unión Radio TV de La Habana. El programa, por cierto, se emitía desde el Teatro Alcázar.
En Cuba vivió Miliki a lo largo de casi dieciséis años. Allí se enamoró, contrajo matrimonio y nacieron tres de sus hijos.
as nuevas escalas en la vida profesional de los payasos fueron Puerto Rico, Venezuela, Colombia y los Estados Unidos. Su éxito en Argentina los convirtió en personajes muy queridos. Allá estrenaron programas como El zapato rojo (1971) y El Show de Gaby, Fofó y Miliki (1972). Asimismo, rodaron dos películas a las órdenes de Enrique Carreras, Había una vez un circo (1972) y Los padrinos (1973).
Volvieron después a España, donde se asomaron a la pequeña pantalla en 1973. El programa llevaba por título Los payasos. Desde 1974, otro espacio memorable, El gran circo de TVE, hizo de Gaby, Miliki, Fofó y el hijo de éste, Fofito, unas auténticas estrellas para el público español.
Fofó murió en 1976, y su desaparición supuso un golpe terrible para Miliki, cuya cabeza se llenó de canas y de tristeza.
Pasado un año, se incorporó a la troupe su hijo Emilio Aragón, apodado "Milikito", asegurando de ese modo la continuidad de esa portentosa dinastía. Tiempo después, cuando los payasos empezaban a ser un recuerdo televisivo, Miliki recobró un nuevo impulso en compañía de su hija Rita Irasema. Juntos desarrollaron aquel hermoso proyecto que fue El Circo del Arte.
hora, mientras se añaden nuevas ramas al árbol genealógico de los Aragón, don Emilio dedica su tiempo al estudio, a los pequeños placeres e incluso a la literatura.
En uno de los pasajes de su primera novela para adultos, La providencia, Miliki describe al personaje de Cheo Belén Santonja en los siguientes términos: “La simpatía era su carta de presentación, su manera natural de enfrentarse a la vida; el más preciado tesoro que acompañaba, con la mayor efectividad y espontaneidad, su forma de vida”.
Con los personajes de ficción ocurre, a veces, lo que me sucede ahora: que advierto esas mismas cualidades en el autor del libro. Y no me refiero al payaso que, en el ejercicio de su comicidad, ha hecho disfrutar a varias generaciones, sino al hombre educado, cordial, que mantiene la sonrisa incluso ahora mismo, cuando compruebo si funciona debidamente la grabadora.
on Emilio, da la impresión de que ha disfrutado mucho con sus compañeros de reparto en Carlitos y el campo de los sueños. ¿Cómo eran esos momentos de descanso durante el rodaje?
Empezábamos a hablar del cine, de nuestra profesión… y siempre me llamaba la atención la preocupación de todo intérprete por llevar a cabo un buen trabajo. Por otro lado, los actores de esta película –me exceptúo yo– son todos formidables, y están todos maravillosamente bien. El personaje que compone José Maria Pou es genial, verdaderamente genial. Gustavo Salmerón está tremendo en su papel. Irene Visedo es maravillosa. Y Guillermito Campra es un nuevo valor que surge para esta industria, y que yo creo que tiene un futuro espléndido.
Esta es una película para toda la familia, y eso no es habitual en la producción española.
Creo que este es el cine que estamos necesitando. Es el cine bien hecho. El cine para la familia. El cine divertido, sin compromisos ni problemáticas... Si mi experiencia en esta vida profesional sirve para algo, auguro un gran éxito a Carlitos.
Menciona su experiencia, y la verdad es que me parece fascinante esa trayectoria profesional que les ha llevado, a usted y a sus hermanos, por medio mundo. Pienso por ejemplo, en su etapa americana y no me imagino lo que debió significar para usted compartir en 1963 toda una gira con el mismísimo Buster Keaton.
Fue verdaderamente emocionante. Pero yo he descubierto, a través de los años, que cuanto más importante es el personaje, más sencillo, más natural es. Y eso nos ocurrió con Keaton.
¿Cómo llegaron a trabajar con él?
Me llamó mi agente en Chicago y me dijo: “Tengo dos ofertas, una para hacer televisión en Puerto Rico y otra para hacer una gira en el sur de Estados Unidos, con Buster Keaton”. No lo pensé ni un segundo. Le dije: “Buster Keaton”. El hecho de compartir escenario, espectáculo y muchos momentos de vida con él fue algo maravilloso.
¿Recuerda su primer encuentro con Keaton?
Fue la noche anterior al estreno del espectáculo Actuabamos en la Feria de Topeka, la capital de Kansas. El booker –el agente– tenía por costumbre invitar a los cómicos de los espectáculos a una cena la noche antes del estreno. El motivo es que siempre, entre cómicos, puede haber diferencias o rencillas, y esa reunión previa sirve para evitarlo. Así pues, cenamos Buster Keaton, su señora [Eleanor Norris], nosotros tres y Sam Libby, que era el booker. Y fue una cena inolvidable. Una cena maravillosa en la que nos conocimos. Ahí iniciamos una amistad que duró lo que duró la gira.
Ustedes habían cruzado el océano mucho antes. Si no me equivoco, la empresa que los contrató para su primera gira en Cuba fue la de Pablo Santos y Jesús Artigas, distribuidores de cine y dueños del Circo Santos y Artigas, que había comenzado a funcionar en 1915, en el que entonces era el Teatro Payret de La Habana.
Cierto, Santos y Artigas fue la empresa que nos llevó a América. Nos llevó a Cuba y allí debutamos en el Teatro Santos y Artigas. Hicimos cuatro meses de compromiso con ellos, pero combinamos el primer mes y medio con actuaciones en el Tropicana, el Teatro América y Radio RHCK. La de Santos y Artigas fue una gira estupenda. También resultó inolvidable recorrer toda la isla de Cuba, visitando cada día una ciudad distinta.
Recientemente ha publicado su primera novela para adultos, La providencia, en la que demuestra mucho amor por Cuba y un conocimiento muy personal de su historia reciente. El caso es que al protagonista de la novela, Martín, el destino le sonríe en los momentos más difíciles, como si le protegiera un ángel de la guarda. ¿También ha sentido usted esa intervención de la providencia en su vida?
La providencia sí tiene que ver… Nosotros hemos tenido un guía, un alma que fue nuestro padre, quien nos enseñó y nos preparó para enfrentarnos a la vida. Los tres hermanos siempre hemos pensado que nos acompañaba en espíritu. Fue un gran hombre. Y si no nos acompañaba en espíritu, nos acompañaban sus consejos, sus enseñanzas, su manera de ver la vida y de ver el mundo, que era muy importante.
Creo que este sentimiento enlaza con su deseo de formar una familia unida, ¿no es cierto?
Yo he declarado siempre que lo más importante que he hecho en mi vida ha sido crear una familia. Era mi ilusión tener una familia. Que nos entendiésemos, que hubiera comprensión, que nos ayudásemos los unos a los otros. Y hemos logrado formar esa familia. Ahora tengo cuatro hijos y diez nietos. Es mi mejor trabajo.
Cuando usted se refiere a quienes fuimos espectadores de El gran circo de TVE, allá por los setenta, nos llama sus “niños de treinta o de cuarenta años”. Por desgracia, nuestros hijos no disfrutan de una programación televisiva como aquella.
Estamos viviendo una época especial. Son ciclos que se producen… Te voy a decir algo: yo defiendo la televisión a capa y espada, porque creo que es un medio de comunicación maravilloso. El problema es cómo se utiliza ese medio. Y es verdad que hay una gran confusión en este momento… El problema de las audiencias y de los ratings, el reparto de televidentes... todo eso está dominando la situación. Pasamos por un ciclo venenoso, pero que pasará, como todo en la vida, y se equilibrará. Desde luego, el secreto, si hay alguna preocupación por parte de los padres, estriba en ellos. Porque son los padres quienes deben cuidar qué les dejan ver en casa a sus hijos.
Uno de los detalles que pasaba inadvertido en El gran circo de TVE eran sus guiones. Creo que estaban muy bien diseñados para divertir, y al mismo tiempo, mostrar al niño valores importantes. Aquel programa también era una buena influencia a la hora de que los más pequeños apreciasen la música o los espectáculos de calidad.
Eso era muy importante. En este tipo de programas, todo empieza en el momento en que los autores del guión se sientan a concebir una idea. Cuando escribíamos los guiones para televisión, uno de nosotros siempre hacía de abogado del diablo. Siempre uno de nosotros estaba en guardia, vigilando que no hubiera nada que pudiera perjudicar al niño en el guión. Y las historias siempre surgían basadas en esa preocupación. El respeto a los padres, nunca reírse de los defectos físicos… En fin, no voy a seguir porque sería infinito. Pero esa gran preocupación siempre estuvo ahí. Siempre estaba en las historias que se contaban.
Para terminar, no le voy a hacer una pregunta sino una petición. Después de terminar La providencia, me tiene entre sus lectores más fieles. Por eso espero que pronto termine esa nueva novela que, según creo, se ambienta en la Segunda Guerra Mundial.
Oye, ¿y tú cómo sabes todo eso?... Te lo agradezco enormemente, y espero que te guste la segunda novela.
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