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LIBROS DE HISTORIA
Los olvidados
Por ÁLVARO COLOMER
Los olvidados (Debate) detalla la historia de los cientos, miles de norteamericanos que en los años 30, cuando Estados Unidos sufría la Gran Depresión, emigraron a Rusia creyendo que el modelo soviético les aseguraría un techo bajo el que cobijarse. Se equivocaron.


 

LITERATURA FANTÁSTICA
Sueño del Fevre
Nos hallamos ante una novela memorable, y sobre todo, nada convencional, a pesar de que siempre se la haya catalogado dentro del subgénero de las historias vampíricas, tan lleno siempre de clichés y de lugares comunes.

 
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Arturo Pérez-Reverte: cine y literatura
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Diálogo con Arturo Pérez-Reverte
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Diálogo con Robert De Niro y Al Pacino Imprimir E-mail

Robert De Niro y Al Pacino en la terraza del Hotel Ritz, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

DIÁLOGO CON ROBERT DE NIRO Y AL PACINO

Asesinato justo, de Jon Avnet

Coincidieron en la segunda parte de El padrino, y eso vale más que toda la filmografía de otras estrellas. Al Pacino y Robert De Niro saben que entre sus carreras y las de sus colegas media un abismo. Por eso reunirlos equivale a tener un encuentro con la realeza de Hollywood. Pronto estrenarán la primera película en la que comparten buena parte del metraje, Asesinato justo (Righteous Kill), de Jon Avnet. Acompañados por este director, nos visitan hoy en Madrid para hablar de esta película, de sus respectivas carreras como directores y de los cambios –algunos para bien, otros no tanto– que ha experimentado la industria del cine en las últimas décadas.

GUZMÁN URRERO PEÑA | 13 de septiembre de 2008

Asimismo en www.cineyletras.es: Críticas y estrenos. 

l rostro de De Niro es menos adusto de lo que esperaba. Sonríe y nos escucha educadamente, a pesar de que su equipo le urge a abandonar el hall del Hotel Ritz. Dentro de apenas una hora debe asistir al preestreno de Asesinato justo, y el tiempo apremia. De ahí que no sea fácil adivinar qué pensamiento le domina en mayor grado, si la prisa o el agradecimiento. Al fin y al cabo, el talento interpretativo, por elevado que sea, no es exactamente lo mismo que un don para las relaciones públicas.

A pesar de su larga fama de tímido, De Niro atiende solícito a nuestras peticiones, incluida una fotografía de familia con el puñado de periodistas que hemos estado esperándole. Ni que decir tiene que este tipo de gestos poco –más bien nada– tiene que ver con la información. Por si no fuera ya evidente, lo confieso: portar un distintivo de prensa no nos distingue hoy de otros muchos mitómanos que guardan la dedicatoria de su estrella predilecta con nervioso placer.

En medio de este ir y venir de publicistas y guardaespaldas, el director Jon Avnet, que aún no ha abandonado la torre de control de este nuevo lanzamiento, se presta a un brevísimo intercambio de opiniones sobre Asesinato justo, una cinta que, más allá de la solidez de su reparto, supone para él la oportunidad de reengancharse a la primera liga de Hollywood. 

guardamos el regreso de Al Pacino –se despidió de nosotros hace una hora, desde el asiento trasero de un Porsche Cayenne Turbo–, pero es obvio que no regresará hasta que finalicen los compromisos promocionales de la jornada.

Digo todo esto porque estos dos ilustres visitantes –Robert Mario De Niro Jr. y Alfredo James Pacino– cumplen hoy con una agenda muy exigente pese a que aún deben de estar recuperándose del jet lag. Su vuelo aterrizó en Madrid ayer por la noche, y tras la reunión que han mantenido con los periodistas españoles, tienen previsto viajar hasta Londres, donde también presentarán Asesinato justo.

Mirando hacia atrás, es obvio que la jornada ha dado mucho de sí. La atmósfera del Ritz aún está cargada de electricidad, y el eco de los flashes y de los micrófonos todavía anima cada rincón del hotel. La clave de estas emociones parece radicar en la adrenalina de los reporteros que hoy nos hemos adueñado del lugar.

Cuando estás un rato con De Niro y Pacino, no sólo piensas en enfocar tu cámara y hacer la pregunta idónea. También se deja uno llevar por la idea de que esta experiencia es irrepetible, y de que aprovecharla depende de factores como el empeño, la paciencia y una documentación suficiente. Aun así, no crean que lo tengo muy claro. A veces basta con estar en el sitio adecuado en el momento justo.

¿Cómo explicarlo? Será un poco largo y gastaremos más tinta, pero todo el mundo lo entenderá si comienzo por el principio. Es decir, hace exactamente tres horas, cuando estaba a punto de empezar la rueda de prensa con nuestros tres anfitriones.


Jon Avnet, Robert De Niro y Al Pacino en la terraza del Hotel Ritz, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

urante la entrevista que le hizo James Lipton en el programa Inside the Actors Studio, Pacino comentó que una de sus cautelas como actor era “no ir tan lejos como uno puede llegar a ir”. La frase tiene su misterio, y por eso se la planteo en mi primera pregunta. ¿Es posible no ir más allá cuando uno compite en la misma escena con otra figura descomunal? ¿Acaso no se establece aquí una competencia, un reto a superar?

“El verdadero reto –me responde, con calculada simpatía– consistió en completar el rodaje en 36 días. El plan de filmación era muy breve. Lo que tú tratas de decir… Verás, siempre es un reto comunicar una cierta verdad a través del personaje. Hacerlo creíble supone un desafío. Y eso sucede en cada papel. Algunos, de hecho, son más fáciles de elaborar que otros. Ciertos papeles que, en apariencia, son más complejos, bien por el nivel del diálogo o por el tono de la interpretación, al final son menos complicados de llevar a término. En ocasiones, los papeles menos fáciles son, justamente, aquellos que parecen más sencillos”.

“En el caso de Asesinato justo –añade, cambiando definitivamente de tema–, el aspecto policial es más fácil de abordar para mí, porque he interpretado a policías previamente, y esa experiencia siempre sirve de ayuda. En cualquier caso, al final aprendes del papel que te toca interpretar como si fueras nuevo en el oficio. Y bueno, si hablamos de retos… recuerdo cuando interpreté Esencia de mujer. Mi papel era el de un hombre ciego que, entre otras cosas, monta y desmonta una pistola del calibre 45. Pues bien, estuve durante semanas… meses, literalmente, con esa rutina, de forma que la pudiera realizar a ciegas: montando y desmontando un 45. Rodamos la película, se estrenó… y esa escena no está en la película. De todos modos, fue bueno ese aprendizaje, porque me dio una mayor confianza a la hora de elaborar el personaje”.

e Niro afronta este encuentro con una estrategia inmejorable para un tímido como él: respuestas breves, silencios y un lenguaje no verbal que, miren por dónde, lo aleja cada vez más del micrófono. Recostado en su asiento, nos hace un resumen del proyecto que viene a ser tan conciso como eficaz: “Jon y yo nos reunimos. Se lo comentamos a Al, y él también quiso participar”.

Para ser sinceros, el actor se muestra algo más locuaz cuando salen a relucir el paso del tiempo y los efectos que éste impone en su carrera.

“A medida que envejeces –responde–, te das cuenta de los años que te quedan. Así, pues, quiero pasar el mayor tiempo posible con mis hijos, con mi familia... También quiero dedicarme a rodar mis propias películas. Ahora estoy preparando la segunda parte de El buen pastor con el guionista. Ése es un proyecto que me estoy tomando muy en serio... Ya sólo quiero hacer esfuerzos por cosas así. En fin, cosas que realmente valen la pena”.

Cuando una carrera parece no tener límite ni fondo, lo habitual es que su propietario no dude en decir lo que piensa. Por eso mismo, aún me sorprende que De Niro se tome tantas pausas para reflexionar. En determinadas ocasiones, pasa la palabra a Pacino con su acostumbrada sonrisa y un guiño. Sólo se muestra más locuaz cuando las preguntas tienen algún matiz personal.

“A medida que te haces mayor –dice–, es más difícil acceder a cierto tipo de papeles. Pero siempre hay otras posibilidades. Hubo una época, cuando empecé, en la que me daban papeles de padre. Ahora espero que me den los de abuelo. Pero hay buen material en todo caso, y a mi modo de ver, lo importante es que lo hagas lo mejor posible”.

ras un comienzo algo diplomático, Pacino se revela como un interlocutor con un ojo infalible para vender el largometraje que nos ocupa. “Quería hacer una película con Bob –nos dice, en tono confidencial–, y no sabía cuándo iba a haber otra oportunidad semejante. Siempre hemos querido hacer una película juntos. En El padrino II coincidimos, pero no compartíamos ninguna escena. En Heat actuamos juntos en una sola escena… Luego, durante bastante tiempo, estuvimos buscando el proyecto adecuado. Nos conocemos desde hace mucho. Bob preparaba Asesinato justo con Jon Avnet, y él… ellos me llamaron. Tras acabar 88 minutos, Jon me dijo que había un personaje para mí. Leí el guión, y era el tipo de proyecto en el que ambos estábamos interesados en participar”.

Hay bastantes cosas por decir por el lado bueno de Asesinato justo. Después de todo, los dos papeles protagonistas tienen un peso similar, y eso no es fácil de hallar en el thriller moderno, repleto de estereotipos y lugares comunes.

“En un principio –comenta Al Pacino–, Bob iba a interpretar el papel del otro policía. Luego cambió. En todo caso, el que interpreto es un buen papel, y tanto Jon como Bob también pensaban que era interesante. En realidad, me llegó más como un papel por interpretar que como una posible elección. Pero hubiera participado en el proyecto en todo caso”.

¿Y qué opina De Niro al respecto? “Si Al hubiera estado envuelto antes que yo en el proyecto –dice–, y luego me lo hubiera propuesto, con toda facilidad hubiera querido rodarlo. Nos condujo a ello la amistad, pero también un impulso profesional: la atracción por este tipo de thriller… Yo diría que ambas razones son importantes, y también el hecho de trabajar juntos a lado de un buen reparto con actores jóvenes”.

ctor de primera fila, en la cima del prestigio: el rasgo esencial de Al Pacino como artista es su versatilidad. Si me apuran, más que una cualidad, parece un seguro de vida que él mismo describe con tono magistral.

“Cuando empecé a actuar en el cine –explica–, y me hice popular ante la audiencia, ya llevaba unos quince años haciendo papeles dramáticos en el teatro. Y eso es algo que continué haciendo cuando no rodaba. Hacía películas cada dos años y medio. Pasé por etapas en las que trabajaba más o menos. Y al final, siempre te enfrentas a la misma situación, y es que un  actor siempre está en busca de un papel. En los comienzos, surgen oportunidades que no puedes aprovechar. Luego, cuando te haces mayor, la situación cambia un poco, porque hay más papeles para los intérpretes de mediana edad. A medida que avanzas en tu carrera, encuentras nuevos intereses”.

La frecuencia con la que Pacino sonríe –un hábito adquirido– le sirve para puntualizar una línea de pensamiento clara y ambiciosa. “Ahora –dice– estoy rodando una nueva película, que interpreto, escribo y dirijo. Es algo similar a lo que hice en Looking for Richard. Una especie de mémoire, que recoge mis experiencias con la obra Salomé, de Oscar Wilde”.

La mención de este documental, titulado Salomaybe?, permite a Pacino extenderse sobre su filosofía creativa. “Aparte de interpretar papeles –comenta–, estoy interesado en ese tipo de ideas que pueden llegar, y que luego me permiten convertirlas en una película. No me veo a mí mismo como director, sino como autor de películas sobre las ideas que me interesan”.

anto De Niro como Pacino han trabajado con Marlon Brando, ese genio que, en palabras de Chris Hodenfield, iba de un gesto a otro, esperando el retorno de su personalidad. Quienes lo recuerdan, dicen que actuar en una película junto al viejo hechicero podía ser una experiencia abrumadora.

Pacino, puesto en la tesitura de elegir compañero, lo tiene claro, pero en su respuesta no evita algún titubeo, sumamente revelador. “Brando o Bob… Diría que prefiero trabajar con Bob, porque está más cercano a mí en edad, y también porque le tengo menos miedo… Quiero a Marlon. Es una gran inspiración para mí, y estoy seguro de que también para Bob. Ambos lo conocimos, y le quisimos. Es el actor más grande que ha dado nuestro país. Bob y yo somos conscientes de ello, y por supuesto, trabajar con Bob es más fácil, porque es un gran actor, porque nos sentimos más próximos y esto es tranquilizador. Pero Marlon… bien, es nuestro favorito”.

Una cosa lleva a la otra. La cita de Marlon Brando equivale a evocar el Hollywood clásico, y en particular, su edad de oro. Un periodo en el que los personajes inolvidables eran un recurso habitual de la industria.

“Las cosas han cambiado mucho –dice De Niro, entre la nostalgia y la decepción–. No puedo echarle la culpa a Hollywood. La situación actual se debe a una mezcla de muchos factores. Las cosas han cambiado, el sector ha cambiado… y nuestra edad también. Ahora intento hacer sólo cosas que me importan, no perder el tiempo… Además, nunca sabes qué va a ocurrir cuando un proyecto llega a la audiencia. Cuando rodamos Taxi driver, estaba haciendo mis primeras películas. No sabíamos qué iba a salir de aquello, ni cómo la recibirían el público o la crítica…”.

n la charla, surge otro tema que Pacino también le comentó, hace tiempo, a James Lipton. Me refiero a la improvisación, entendida como simple ejercicio durante los ensayos, o como una luz al final del túnel cuando el guión fracasa.

“Mi sentimiento –dice el actor– es que la improvisación puede salvar una determinada escena. A veces, no hay tiempo suficiente para rodar una película. En ocasiones, te desesperas porque una secuencia no va a funcionar de la forma en que está escrita. Eso es algo que sucede con frecuencia. Hace tiempo, rodé una película que fue muy exitosa, y una de sus escenas cruciales aún no estaba escrita. Además, había huelga de guionistas. El actor que me acompañaba y yo pasamos horas, días, preparándonos. Improvisando y transcribiendo lo que decíamos. Eso acabó conformando el guión de la escena… No es algo peculiar. Hay bastantes películas cuyas secuencias más destacadas han surgido de la improvisación”.

“Cualquier director… –apostilla De Niro–, sobre todo un buen director, dejará a los actores sentirse cómodos en sus personajes, de forma que puedan realizar su propia aportación. No se trata de improvisar sin motivo. Hay que moverse dentro de una estructura dramática, con un objetivo en mente. Siempre se podrá mejorar el guión, y en todo caso, luego esa aportación puede caer o no en el montaje”.

la hora de contar la historia de Asesinato justo, Jon Avnet no incumple una de las normas del thriller clásico: la ciudad cobra protagonismo y se convierte en un personaje más. En este caso, no hay duda que Nueva York es mucho más que un escenario. Pero he aquí la paradoja: la cinta no se rodó allí, y tan sólo dos días de filmación se programaron en la ciudad –uno en Harlem y otro en Brooklyn–. Cuando se lo comento a los actores y al director, sus reacciones oscilan entre lo práctico y lo sentimental.

“Ya no se hacen películas en Nueva York –contesta Al Pacino–. Antes hacíamos las películas en Los Ángeles, en Nueva York, y ahora las rodamos en lugares alejados de allí, por motivos fiscales…. Me gustaría que eso cambiara. Desearía rodar en la ciudad donde transcurre la historia. Y por otro lado…, amo a Nueva York”.

Avnet elabora su respuesta en otros términos, más favorables para el film que viene a promocionar. “¿Qué es Nueva York? –dice– Sin duda, es algo más que arquitectura. Me refiero a su carácter, sus voces, su actitud, su apariencia… Podrías ver una película rodada en sus calles, y encontrarte que no se parece a esa ciudad, porque Nueva York es algo más que estar físicamente allí. Una de las características de Asesinato justo es que Al y Bob son la quintaesencia del neoyorquino. Lo mismo sucede con el resto del reparto: John Leguizamo, Alan Rosenberg –menos Donnie Wahlberg, que es de Boston–. Cuando escuchas sus voces, adviertes que se trata de un modo de hablar muy específico. Y ése es un elemento crucial en la película”.


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