Entrevista con Jason Reitman
Domingo 24 de Enero de 2010 18:09
Cuando Jason Reitman estaba escribiendo el guión de Up in the Air, vivía la misma vida que su protagonista, interpretado por George Clooney. Un hombre que siempre está viajando, pasando por alguno de los aeropuertos de Norteamérica casi a diario.
Reitman solía alojarse en un anónimo hotel de aeropuerto, encendía su portátil y aporreaba el teclado, confiado al saber que las distracciones serían mínimas y seguro de que su entorno, aunque anodino, alimentaría su historia.
Y aunque no fue exactamente lo más agradable de hacer de Up in the Air(eso vendría después, dirigiendo a Clooney y al resto del reparto), era muy productivo y totalmente apropiado para el conmovedor relato de un hombre que está siempre en movimiento y ha perdido el contacto con las cosas importantes de la vida.
“Ojalá tuviera un sistema mejor”, dice. “Pero funcionó. Terminé haciendo gran parte de este guión en Palm Springs. Para ser sincero, es un sitio que detesto, pero precisamente por eso era el lugar perfecto para que yo escribiera, porque no había distracciones”.
“No salía porque no había nada ahí fuera que me interesara, hacía calor y detesto el golf. No quería hacer nada en ese lugar que no fuera terminar mi guión y marcharme”.
“Pero el caso es que no lo acababa nunca, y me encontré escribiéndolo también en otros lugares. A menudo escribía en los hoteles de los aeropuertos. Reservaba habitación en un hotel de cualquier ciudad al azar, y escribía. Solía bajar al vestíbulo del hotel y me ponía a observar a la gente, veía como interactuaban los que estaban en viaje de negocios, y volvía a ponerme con el guión”.
El trabajo de Reitman para llevar Up in the Air a la pantalla empezó hace ocho años, cuando leyó por primera vez la novela de Walter Kirn. Ésta narraba la historia de Ryan Bingham, un hombre de negocios que se mueve de una ciudad a otra viviendo con lo que lleva en una maleta, e inmediatamente le atrajo.
Se puso a adaptar la novela al cine, pero tuvo que aparcarlo para hacer otras dos películas, pues Thank You For Smoking y Juno se volvieron prioritarias para él.
“Leí el libro de Walter en 2001”, recuerda. “Y pensé que era sencillamente fantástico. En aquella época yo estaba luchando por hacer Thank You For Smoking y pensé: ‘Bueno, ya le echaré un vistazo…’”
“Y entonces Thank You For Smoking volvió a ponerse en marcha gracias a que conseguimos la financiación, y luego Juno entró en mi vida y después de Juno, finalmente pude completar el guión de Up In The Air”.
Es un gran alivio, confiesa, haber podido al fin llevar la película a los cines.
“Bueno, no sabes lo que es escribir un chiste y esperar siete u ocho años para oír a la gente reírse de él”, dice con una sonrisa.
La vida errante de Ryan Bingham le lleva de una empresa a otra, haciendo el trabajo sucio que los ejecutivos locales prefieren no hacer: darle a los empleados la demoledora noticia de que ya no se necesitan sus servicios. Los acontecimientos del último año y pico, con una grave recesión afectando a EEUU y los países occidentales, hicieron que fuera un tema dolorosamente oportuno.
“Pero nunca pensé que estaba haciendo una película sobre el paro”, dice Reitman. “Siempre pensé que ése era el trasfondo de una historia más amplia acerca de las relaciones humanas”.
“Siempre pensé que Up in the Air sería una película con la que sería muy fácil identificarse, pero no es una película de Michael Moore, y no se recrea mucho en los males de la recesión. Trata más bien acerca del periplo de este hombre”.
Ya desde el principio, Reitman había pensado en Clooney como el perfecto Ryan Bingham, y viajó hasta la casa del actor en el lago Como, en Italia, para convencerle de que aceptara el papel.
El carisma de Clooney, tanto dentro como fuera de la pantalla, era perfecto para Bingham, un hombre con un trabajo horroroso (ir a empresas con problemas a despedir gente), pero que lo hace con humanidad y un cierto encanto.
Bingham se ha aislado del mundo real ya que vive en una burbuja de hoteles de categoría pero funcionales, viaja en avión en primera clase, y está obsesionado con los kilómetros de vuelo de los viajeros habituales.
Clooney, dice su director, tiene también un sentido perfecto del ritmo de la comedia, lo que era también crucial para la película. Cuando llegó a la casa del actor en Italia, aferrándose a su guión, no tenía ni idea de si Clooney aceptaría el desafío. Fueron unos días un tanto surrealistas, admite, pero asegurarse a Clooney era la primera y vital pieza para el rompecabezas del casting.
“Necesitaba saber ante todo quién iba a ser Ryan Bingham”, explica. “Así que fui al lago Como y le di el guión a George. Fue una experiencia extraña. Me sentía un poco abrumado por el hecho de estar allí esperando a que leyera el guión. Creo que ambos estábamos incómodos”.
“Un par de días después, ya lo había leído, y me dijo: ‘Es un guión estupendo, me apunto…’. Como es de imaginar, fue un gran momento para mí. Lo que me sorprendió de George es que, en cuanto a ser una estrella del cine, no es para nada una estrella del cine.
“Quiere que la gente se sienta cómoda. Es un tipo encantador, y el grado de comodidad en un plató se extiende desde arriba hacia abajo, y él hace que un plató sea como algo familiar. Nunca se marcha, y le encanta estar en el plató”.
“Y lo que pasa con George es que es un gran actor, y además un actor que piensa como un director, lo que hace más fácil mi trabajo. Pero a nivel personal, es bueno con la gente, y las cosas que se dicen de él son verdad: es sencillamente un buen tipo, se lleva bien con el equipo y hace que sea muy agradable estar en el plató”.
Otro colaborador clave fue el padre de Reitman, el cineasta Ivan Reitman, que ejerce de productor en Up In The Air. Es la primera vez que trabajan juntos, aunque Reitman hijo declara orgulloso que su padre es la mayor y más importante influencia en su carrera.
De hecho, uno de sus primeros recuerdos es una visita al plató de Ghostbusters, donde su padre dirigía a Bill Murray y Dan Aykroyd en lo que llegaría a convertirse en un clásico del cine de comedia.
“Pasé toda mi infancia en platós, pero Ghostbusters es el primero que recuerdo de verdad, y fue divertidísimo, como es de imaginar”.
Aunque coqueteó con la idea de ser médico, Reitman se dio cuenta a los 19 años de que hacer películas ejercía una gran fascinación sobre él, y que estaba destinado a seguir los pasos de su padre y convertirse en director de cine.
“Siempre me fascinó, pero fue al cumplir los 19 cuando quise ser director”, dice. “Fui a la universidad (en realidad a una escuela de medicina), y pensaba que iba a ser médico”.
“Y entonces mi padre vino y me dijo: ‘¿Por qué haces esto?’ Y yo le dije: ‘Porque me da miedo ser director…’ Y él me dijo: ‘¿Por qué?’ Y yo le contesté: ‘No quiero fracasar en público. No quiero ser eclipsado por tu sombra…’ Y me dijo: ‘Tú eres un narrador, tienes que hacerle caso a tu corazón…’”.
Reitman comenzó su carrera cinematográfica haciendo anuncios, y realizó su debut en el largometraje con Thank You For Smoking, ensalzada por la crítica. Su segunda película, Juno, una comedia agridulce y muy perspicaz acerca de una adolescente embarazada, le valió una nominación al Óscar.
Los años que pasó perfeccionando su técnica en anuncios fueron la preparación perfecta para dirigir películas, dice. “Una vez hice un anuncio donde salía un tipo haciendo el equipaje”, dice riendo. “Así que en cierto modo eso me valió para Up In The Air”.
“Ahora en serio, es un buen sitio para cometer errores. Creo que, para ser director, uno tiene que aprender cometiendo muchos errores visuales. Así que es un lugar donde uno puede sopesar las cosas. y pasé por un período formidable de seis o siete años haciendo anuncios en los que aprendí a base de pifiarla”.
Compartir los títulos de crédito de Up in the Air con su padre fue un momento de satisfacción tanto para el padre como para el hijo. “Siempre he utilizado a mi padre como caja de resonancia”, dice. “Ya desde la época en que hacía los deberes del colegio”.
“Y ciertamente lee todos los guiones que escribo. Pero yo quería consolidarme como director antes de hacer una película con él, antes de compartir la pantalla, y después de Juno me dije: ‘Vale, creo que llegados a este punto ya soy director por derecho propio…’ Nada me hizo sentir tan orgulloso como compartir los títulos de crédito con él”.
La nominación de Juno al Óscar fue la confirmación de que efectivamente Reitman había llegado a ser un cineasta por derecho propio. Y también tuvo como consecuencia que le llegaran numerosas ofertas para dirigir un montón de guiones.
“Juno realmente cambió las cosas para mí, y ahora me llegan muchos guiones”, dice. “Pero prefiero generar y desarrollar mis propias ideas. Y creo que cuanto más personales sean, mejor”.
De hecho, su propia vida entró a formar parte del guión de Up In The Air, y admite que a consecuencia de eso la historia cambió. “Me identifiqué con este personaje en más de un sentido, y cuando empecé a escribir concebía esto más bien como una sátira sobre las empresas, y en los seis años más o menos que tardé en escribirlo, mi vida cambió de verdad”.
“Pasé de ser un tipo soltero que vive solo en un piso, a ser un hombre casado y con una hija, un director profesional que vive en una casa con hipoteca. Y mi perspectiva sencillamente cambió, e inevitablemente tuve que escribir el personaje (Bingham) de forma diferente, y empezar a hablar de las cosas que importan en la vida. Para mí, ésa es una de las cuestiones que plantea la película: ‘¿qué es importante en la vida?’”
La película de Reitman se resiste a la tentación de empaquetarlo todo con bonitos lazos en la forma en que lo haría una comedia romántica más tradicional. En lugar de eso, le plantea preguntas al público y le hace pensar acerca de la vida de Bingham y si cambiará.
“Ni siquiera veo ya esa clase de películas”, dice sonriendo. “Es curioso, puedo tragarme la peor película de terror de la historia, pero incluso una comedia romántica bastante buena me pone como loco”.
“Recuerdo que mi esposa solía llevarme a rastras a verlas, y la forma en que conseguí dejar de verlas fue que, cuando aparecía algún chiste, yo empezaba a decir (en voz alta): ‘¡Vaya por Dios! ¡Él se cree que ella no lo sabe!’ Lo hacía en el cine, así que dejó de llevarme”.
Reitman nació en Canadá pero se crió en Los Ángeles, en donde vive actualmente con su esposa, la escritora Michele Lee.
He leído que su vida personal en cierto modo influyó en el guión. ¿De qué forma?
Me identifiqué con este personaje en más de un sentido, y cuando empecé a escribir este guión, estaba escribiendo más bien una sátira empresarial, y en el transcurso de los seis años que me llevó escribirla, mi vida evolucionó mucho, pasé de ser un tipo soltero que vivía solo en un piso a ser un tipo casado y con una hija, un director profesional que vive en una casa con hipoteca, así que mi perspectiva cambió, e inevitablemente tuve que escribir el personaje de forma diferente, y empezar a hablar de las cosas que importan en la vida.
¿Cómo cuáles?
Bueno, no sé qué es lo que importa en la vida, en realidad hago la pregunta de qué es lo que importa.
Pero, ¿rescribiste escenas a causa de ello?
Sí, claro. Cuando volví a leer el guión de hace cinco años, sin haber releído aquellas escenas desde entonces, fue como verme crecer a mí mismo. A mí me parece que, al ver el escritor que era a la edad en que escribí Thank You For Smoking, creo que era algo menos sofisticado.
Has dicho que se escribió pensando en George Clooney, ¿costó mucho convencerle para que aceptara un papel así?
Bueno, para ser sincero, pensé que iba a costar más, pero leyó el guión y su respuesta fue: ‘Acabo de leerlo, es estupendo. Me apunto’. Esa fue toda la conversación.
¿Era George para ti algo así como la primera pieza del rompecabezas del casting?
Oh sí, tenía que saber antes de nada quién iba a ser Ryan Bingham. Así que fui al lago Como y el di a George el guión. Fue una experiencia extraña. Me sentía un poco abrumado por el hecho de estar allí esperando a que leyera el guión. Creo que ambos estábamos incómodos. Un par de días después, ya lo había leído, y me dijo: ‘Es un guión estupendo, me apunto…’. Como es de imaginar, fue un gran momento para mí”.
La película parece muy oportuna ahora, con toda la recesión y el paro que se extienden por EEUU…
Pero, sabes, nunca pensé que estaba haciendo una película sobre el paro. Siempre pensé que ése era el trasfondo de una historia más amplia acerca de las relaciones humanas. Es curioso, porque pensaba hacer un par de películas sobre Irak y había un par de guiones que me encantaban, pero que nunca hice porque pensé: ‘¿por qué quiero añadir otra película a las que ya se han hecho sobre Irak?’ Siempre pensé que Up in the Air sería una película con la que sería muy fácil identificarse, pero no es una película de Michael Moore, y no se recrea mucho en los males de la recesión. Trata más bien acerca del periplo de este hombre”.
¿Te preocupaba que, por culpa del empleo de Bingham, la gente no se identificara con él como personaje?
Bueno, sólo me intereso por una película cuando creo que va a haber un cúmulo de dificultades para sentir empatía hacia alguno de los protagonistas. Me gusta humanizar a personajes realmente difíciles y generalmente desagradables.
¿Por qué decidiste utilizar a personas que no son actores para interpretar a los que son despedidos? Tengo entendido que algunos de ellos son personas que habían perdido de verdad el empleo recientemente…
Bueno, quería tratarlo de una forma auténtica, sabes, y aunque lo que había escrito originalmente era más bien una sátira empresarial, era gracioso, pero cuando llegó el momento de rodar, pensé: ‘No puedo escribir nada que sea lo bastante auténtico’. Y pensé que éste sería el mejor modo de hacer las escenas… y acerté. Esas personas que no son actores llegaban y decían cosas que nunca se me habrían ocurrido, y las decían de una manera en la que nunca hubiera sabido dirigirles. Así que fue emocionante. Creo que ahora está muy en boga eso de mezclar de actores y gente que no lo son, y entiendo por qué lo hace (Steven) Soderbergh, y me gustaría repetirlo.
¿Simplemente, les diste carta blanca?
No, ellos llegaban y se sentaban tras la mesa, y hablábamos con ellos durante unos diez minutos sobre cómo habían perdido el trabajo, qué habían sentido, a quién se lo dijeron primero, cómo había afectado a sus vidas. Y después de unos diez minutos así, decíamos: ‘Y ahora, queremos filmarte con la cámara. Y nos gustaría que respondieras de la misma forma que lo hiciste el día que perdiste el trabajo, o bien de la forma en que te gustaría haber respondido’. Y todos hacían una escena improvisada, en la que se enfadaban, o se ponían tristes, o a veces eran muy graciosos, y se ponían simplemente a hacer preguntas, desde su acerca de su indemnización hasta, ¿por qué yo? Hacían todas esas preguntas, y nuestro entrevistador tenía que ser rápido como el rayo, porque lo hacían de una manera que nunca imaginé, y eso que ninguno de ellos tenía experiencia como actor.
¿Como comenzó para tí Up In The Air? ¿Leíste primero la novela de Walter Kirn?
Leí el libro de Walter en 2001, y pensé que era sencillamente fantástico. En aquella época yo estaba luchando por hacer Thank You For Smoking y pensé: ‘Bueno, ya le echaré un vistazo…’ Y entonces Thank You For Smoking volvió a ponerse en marcha gracias a que conseguimos la financiación, y luego Juno entró en mi vida y después de Juno, finalmente pude completar el guión de Up In The Air.
¿Así que ha sido un periplo unos siete u ocho años? Debe ser realmente gratificante sacarlo por fin.
Oh, sí, no te puedes hacer idea. Bueno, es que no sabes lo que es escribir un chiste y esperar siete u ocho años para oír a la gente reírse de él.
¿En dónde escribes? ¿Necesitas ir a algún sitio a inspirarte para hacer una historia concreta?
Con ésta fue en todas partes. Ojalá tuviera un sistema mejor. Pero funcionó. Terminé haciendo gran parte de este guión en Palm Springs. Para ser sincero, es un sitio que detesto, pero precisamente por eso era el lugar perfecto para que yo escribiera, porque no había distracciones. No salía porque no había nada ahí fuera que me interesara, hacía calor y detesto el golf. No quería hacer nada en ese lugar que no fuera terminar mi guión y marcharme.
Pero el caso es que no lo acababa nunca, y me encontré escribiéndolo también en otros lugares. A menudo escribía en los hoteles de los aeropuertos. Reservaba habitación en un hotel de cualquier ciudad al azar, y escribía. Solía bajar al vestíbulo del hotel y me ponía a observar a la gente, veía como interactuaban los que estaban en viaje de negocios, y volvía a ponerme con el guión.
Tu padre es uno de los productores. ¿Le utilizas como caja de resonancia en todos tus proyectos?
Siempre he utilizado a mi padre como caja de resonancia. Ya desde la época en que hacía los deberes del colegio. Y ciertamente lee todos los guiones que escribo. Pero yo quería consolidarme como director antes de hacer una película con él, antes de compartir la pantalla, y después de Juno me dije: ‘Vale, creo que llegados a este punto ya soy director por derecho propio…’ Nada me hizo sentir tan orgulloso como compartir los títulos de crédito con él.
¿Visitaste muchos platós cuando eras pequeño?
Pasé toda mi infancia en platós, pero Ghostbusters es el primero que recuerdo de verdad, y fue divertidísimo, como es de imaginar. Tenía seis años.
¿Cuándo empezaste a pensar que a ti también te gustaría hacer películas?
Siempre me fascinó, pero fue al cumplir los 19 cuando quise ser director. Fui a una escuela de medicina y pensaba que iba a ser médico.
¿Y qué te hizo cambiar de opinión?
Mi padre vino y me dijo: ‘¿Por qué haces esto?’ Y yo le dije: ‘Porque me da miedo ser director…’ Y él me dijo: ‘¿Por qué?’ Y yo le contesté: ‘No quiero fracasar en público. No quiero ser eclipsado por tu sombra…’ Y me dijo: ‘Tú eres un narrador, tienes que hacerle caso a tu corazón…’
Comenzaste tu carrera como director haciendo anuncios. ¿Qué aprendiste?
Una vez hice un anuncio donde salía un tipo haciendo el equipaje así que en cierto modo eso me valió la película. Ahora en serio, es un buen sitio para cometer errores. Creo que. Para ser director, uno tiene que aprender cometiendo muchos errores visuales. Así que es un lugar donde uno puede sopesar las cosas. y pasé por un período formidable de seis o siete años haciendo anuncios en los que aprendí a base de pifiarla.
Parece algo obvio decirlo, pero no todos los directores están tan interesados como tú en los personajes. Y al parecer eres especialmente bueno escribiendo personajes femeninos. ¿Es eso cierto?
Sí, me gusta trabajar basándome en los personajes. Y me gusta escribir para mujeres. Creo que la mayor parte de las historias de hombres ya han sido contadas, es fácil ser original cuando cuentas historias de mujeres, porque se han contado muy pocas. Y me gusta escribir mujeres fuertes e inteligentes, esas son siempre las mujeres que en general me han atraído.
Así pues, encontrar actor para esos personajes es clave para el éxito de una película. En Up in the Air has escogido unas actrices que están haciendo muy buenos trabajos pero que no son tan famosas como otras…
Bueno, vi a Vera (Farmiga) por vez primera en Down To The Bone en Sundance. Y me pareció espectacular, interpretaba a una adicta a la heroína, y luego por supuesto vi Infiltrados y alguna otra cosa suya, y es siempre tan fuerte, y es capaz de expresar mucha feminidad y agresividad a la vez, y es sencillamente una mujer. En un mundo de chicas, ella es una mujer. Y había visto a Anna (Kendrick) en Rocket Science, y me dejó flipado. Creo que tiene una voz extraordinaria, parecida a la de Ellen Page, una voz propia entre las de su generación, y necesitaba a alguien que fuera ingeniosa y rápida, y aguda de verdad, para mantenerse codo con codo con George Clooney, y putearle durante toda la película. Y no había nadie que se le acercara tanto como Anna.
Desde la nominación al Óscar, ¿te llegan muchos guiones sin pedirlos?
Bueno, Juno realmente cambió las cosas para mí, y ahora me llegan muchos guiones. Pero prefiero generar y desarrollar mis propias ideas. Y creo que cuanto más personales sean, mejor.
Te criaste en Los Ángeles pero tu familia es de Canadá. ¿Sientes mucha afinidad hacia ese país?
Sí, nací en Montreal y viajo a menudo a Vancouver y Toronto, así que me siento canadiense, y me criaron dos canadienses, y mi mujer es canadiense, así que sí, me siento así.
¿También el hockey?
Sí, me gusta verlo y jugarlo, soy fan de los Canucks.
¿Pero aún sigues jugando?
Sí, aprendí a jugar hace sólo ocho años, me enseñó mi mujer.
¿Te ha llevado mucho tiempo poner Up in the Air en las pantallas? ¿Estás siempre pensando en tu próximo proyecto, o te tomas un tiempo de descanso para relajarte al terminar una película?
Paso tanto tiempo promocionando la película, que normalmente, para cuando se termina el período de promoción, ya estoy deseando escribir de nuevo.
La música juega un papel crucial es tus películas y Up in the Air no es una excepción. ¿Piensas en la música que vas a utilizar cuando aun estás rodando?
En esta hay mucho de mi propia música, y también trabajé con una pareja de grandes supervisores musicales, Randall Poster y Rick Clark, pero gran parte es personal. Ya suelo tener una colección de I-Tunes antes de ponerme siquiera a escribir una sola palabra del guión. Es algo que comienza muy pronto. Para cuando termino de escribir, tengo cientos de canciones y todas van a las mezclas, para que mi montador pueda empezar a trabajar con ellas.
¿Cuál crees que fue el mejor consejo que te dio tu padre?
Tu barómetro para la comedia nunca es tan importante como tu barómetro para la honestidad. Cuando estés dirigiendo una escena, no te importe que sea graciosa, preocúpate sólo de que sea verdadera.
Es un gran consejo…
Sí (ríe), sí que lo es.
Copyright de texto e imágenes © 2009 DW Studios L.L.C. and Cold Spring Pictures. Cortesía de Paramount Pictures Spain. Reservados todos los derechos.
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