Historia del maquillaje

La industria del maquillaje

Una mayor importancia del aspecto físico y el auge de la industria cosmética han implantado, en el transcurso del siglo XX, formas de presentarse en sociedad que sólo pueden darse en sociedades acomodadas, donde el ocio y el bienestar económico permiten esa preocupación casi obsesiva por la belleza.

La constante aparición de nuevos productos cambia cada temporada los recursos cosméticos al alcance de unos consumidores que, novedosamente, ya no son sólo mujeres.

El hombre también se convierte en usuario de estos productos, aumentando así el margen de beneficio de sus empresas fabricantes.

Aunque la fabricación a gran escala de los cosméticos se remonta a la Revolución Industrial, su verdadero auge económico llega a partir de la década de los cuarenta del siglo XX, cuando la publicidad incide en la necesidad de embellecer el aspecto físico.

Durante esos años, compañías como Lux realizan campañas publicitarias en todo el mundo donde aparecen estrellas de Hollywood como Bette Davis, Kay Francis o Dorothy Lamour recomendando sus jabones de tocador.

Otras actrices hacen lo propio con pintalabios o variedades de colorete, inaugurando así una práctica publicitaria que prosigue hasta el momento actual, recurriendo cada marca a las actrices o modelos más conocidas de cada momento.

La promoción siempre se fundamenta en la idea de emulación, pues si la actriz consigue buenos resultados con el producto y ello contribuye a mantener su condición de estrella, el resto de usuarias pueden imitarla y tratar de parecérsele (se puede mencionar en este sentido la eficaz campaña desempeñada en los noventa por la firma Max Factor, apoyándose en los maquilladores de Hollywood).

En su mayoría, las compañías de fabricación de maquillajes son multinacionales. Empresas como Max Factor, Margaret Astor, Clarins, L’Oréal, Clinique, Lancôme y Estée Lauder tienen delegaciones en numerosos países, lo que permite una mayor diversificación de su gama de productos y una promoción y comercialización más eficaces.

Incluso aquellas firmas con menor implantación internacional, como ocurre con Shiseido y Kanebo, de origen japonés, han realizado fuertes inversiones para consolidarse en el mercado exterior, ya que el maquillaje es un mercado global y sólo con planteamientos a gran escala es posible entrar en competencia con marcas ya consolidadas.

Por esa razón, las campañas publicitarias tienen una importancia esencial en la estrategia de estas marcas. Es relativamente frecuente que para los anuncios en televisión y prensa se contrate en exclusiva a determinado personaje.

Asimismo, las firmas de alta costura han sabido aprovechar el potencial publicitario de sus marcas respectivas en la venta de productos de maquillaje y perfumería. De este modo, en los movimientos económicos de compañías como Chanel, Christian Dior e Yves Saint Laurent tienen un protagonismo fundamental sus divisiones comerciales y empresas filiales dedicadas a la fabricación y venta de productos de maquillaje.


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